Ana Núñez

Antes de la de en el mundo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que para este año 2020 la depresión sería la segunda causa de morbilidad a nivel mundial. Según cifras previas a la emergencia sanitaria actual, que de acuerdo a los especialistas puede complicar mas los pronósticos, cada año se suicidan mas de 800 mil personas en el mundo. En nuestro país, mas de cinco millones de peruanos algún tipo de trastorno, pero debido a la estigmatización de la salud mental, el prejuicio y la falta de acceso a estos servicios no incluidos en la cobertura de los seguros, el 80% de esos casos no recibe ninguna atención. A fines del año pasado, la Defensoría del Pueblo también alertó con información sobre el presupuesto que destina el Estado a atender la salud mental. Solo el 0,1% del presupuesto nacional está dirigido a atender estos trastornos y solo el 1% del total asignado al sector salud, según información de esta institución. El director del Instituto de Neuroestimulación de Lima, Michael Kabar, nos explica esta situación, agravada por un encierro que ya supera los 80 días.

-Doctor Kabar, según cifras oficiales al menos 5 millones de peruanos sufren algún tipo de trastorno mental. La depresión es uno de los mas comunes y si bien se ha advertido que se están presentando nuevos cuadros de depresión por el encierro, poco se ha dicho de ese paciente crónico que en un momento tan incierto como este puede sentirse perdido...

-Si la depresión para muchos pacientes tiene un curso crónico y recurrente, y ciertamente hay factores genéticos, biológicos o ambientales que hacen que las personas tengan recaídas o recurrencias. El confinamiento obligatorio, que ya tiene varias semanas, ciertamente es un elemento ambiental que predispone a los pacientes a las recaídas, ya que si hay gente que nunca en su vida ha experimentado depresión y ahora la está experimentando por primera vez, es fácil comprender cómo alguien que ya tiene la predisposición o los antecedentes, va a sufrir o va a experimentar exacerbaciones o recaídas.

-¿Cómo se manifiestan estos exacerbaciones o recaídas? ¿Cómo podemos reconocer que alguien de nuestra familia le está pasando?

-Los síntomas típicos de la depresión: un ánimo triste, disminución o desinterés por las cosas (lo que llamamos anhedonia), apatía o falta de motivación, cambios en el peso, cambios en el apetito. Puede haber agitación o letargo e irritabilidad, falta de concentración, sentimientos de culpa, sentimientos negativos, desesperanza, insomnio, y ansiedad. Y en los caso más extremos, pensamientos de muerte o hasta ideación suicida. Muchas veces la gente se acompaña también de automedicación o abuso de alcohol, de drogas o de fármacos que hay en la casa.

-¿Como un tema de evasión?

-Por un lado es un escape o una evasión y por otro lado es una manera de automedicarse también, ya que el acceso, digamos a los psiquiatras, a los servicios médicos estaba un poco restringido. La gente recurre al alcohol porque siente que los calma; la marihuana por la misma razón o porque los ayudan a dormir o se agarra el el clonazepam de la hermana, lo que sea. Ese es uno de los síntomas también de que hay distrés emocional, estar buscando sustancias para ingerir, para manejar los síntomas.

-Justo se ha informado que se ha disparado la ingesta de alcohol. Y eso pese a las restricciones de movilidad.

-No sé si se ha incrementado, pero cuando restringen algo o cuando la gente percibe que va a haber una escasez tiende a comprar más de lo que se necesita. Yo creo que es lo que hemos visto en nuestro país. Lo que sí te puedo decir es que al margen de que hayan prohibido la venta o no , hay un aumento del consumo porque la gente está aburrida, encerrada. Mucha gente no tiene las herramientas para hacer de este confinamiento una etapa productiva, digamos, como hace mucha gente, para tomar un curso por internet, aprender a tocar un instrumento o un idioma o aprender a cocinar, leer más, armar una rutina diaria para tener una estructura en el día a día y que la vida no sea una desorganización total, lo que conduce a un caos emocional. Entonces, en síntesis, es una manera de escape, de evasión y que el encierro se les haga mas llevadero. No es lo mismo hacer cuarentena si tú vives en una habitación junto a toda la familia, hacinada versus hacerlo en una casa grande con jardín y terraza o en tu casa de playa.

-Pero podría ser un motivo de frustración para estas personas el no poder seguir esta dinámica productiva, planteada como la ideal.

-Excelente punto, porque lo que yo estaba mencionando eran estrategias que sí pueden ayudar a las personas con depresiones, ansiedades leves para manejarlas. Como una manera de autoayuda. Pero me refería efectivamente, más en términos de prevenir el llegar a ese punto de la ansiedad, de la angustia, de la depresión. Pero, efectivamente, para una persona deprimida levantarse de la cama ya es un logro. Entonces, claro, decirle que se ponga a hacer yoga, obviamente va a sonar como un chiste malo. Entonces, cuando la persona está a un punto en que no puede funcionar ni hacer actividades básicas para mantener cierto ritmo a lo largo del día, es el momento en que tiene buscar ayuda profesional. Porque, para comenzar, esto va a continuar. Hay mucha gente que ya se está restableciendo sus actividades normales, porque está en la categoría de actividades esenciales, pero para la gente que está en su casa, no hay luz al final del túnel todavía. Entonces es natural que tengan esta desesperanza y que la depresión empeore.

Photo taken in Moscow, Russia
Photo taken in Moscow, Russia

-Ahora, doctor, buscar ayuda psicológica o psiquiátrica en el Perú no está al alcance de la mayoría. Ningún seguro cubre problemas de salud mental y poca gente tiene para pagar una consulta, que muchas veces debe convertirse en una terapia a largo plazo.

-Por dónde comenzamos, porque estás tocando temas importantes. Para mí siempre, personalmente, ha sido algo escandaloso que no se les obligue a los seguros privados a que tengan cobertura de salud mental. En todos los países desarrollados han dictado una ley de paridad que establece que las aseguradoras están obligadas a tratar los trastornos mentales como si fuera una enfermedad física, porque al final es un trastorno, es una enfermedad del cerebro. Entonces, es lamentable que hasta ahora no puedan regular a las aseguradoras para que puedan cubrir los tratamientos psiquiátricos y psicológicos. Ese es un factor limitante y la gente que va a la consulta privada tiene que pagar de su bolsillo. Y si bien hay diferentes rangos de precios, el costo de la terapia con un psiquiatra, un psicólogo puede variar mucho. Es un gasto significativo, especialmente ahora, en esta época en que la economía de todo el mundo está impactada por la falta de trabajo.

-¿Y tengo la impresión que este tipo de consultas tienen un costo mayor que el de las enfermedades del cuerpo…?

-No, no necesariamente. No, no. Afortunadamente hay algunas organizaciones sin fines de lucro. Pero es similar. Entonces hay pues, algunos lugares en que uno puede encontrar en servicios con menor costo, pero, pero el problema es que el tratamiento psiquiátrico o psicológico no es una visita o dos y ya te curaste. No, requiere seguimiento. La psicoterapia, por ejemplo, requiere visitas semanales. Entonces es un costo que va aumentando, que está fuera de alcance mucha gente. Y por el otro lado, el del sector público, sabemos que la cantidad que se invierte en salud mental en nuestro país es ínfima para las necesidades de la población. Una cantidad ínfima que tendría que multiplicarse significativamente para cubrir de una manera más o menos satisfactoria las necesidades de la población. Por lo tanto, los servicios de salud mental público y gratuito están sobrepasados. Pero hay algunos sitios que funcionan mejor mejor que otros. Hay que buscar todas las alternativas posibles para lograr encontrar esos servicios. Ahora se está desarrollado mucho la psiquiatría y la psicología virtual. Hay muchas líneas de ayuda telefónica gratuita o también inclusive tele orientación gratuita. Entonces, hay ciertos recursos que se han ido desarrollando en estas últimas semanas para apoyar a la gente con este tipo de problemas durante este periodo. Pero definitivamente se necesita una reestructuración en todos los servicios de salud mental en el país. Así como un aumento de los presupuestos.

-Sobre todo, porque muchos de los problemas sociales de nuestro país podrían aliviarse con una mayor atención a la salud mental de los peruanos, ¿no?

-Sí, claro que sí. Ahí ya es digno de otra entrevista, pero bueno, para comenzar, el porcentaje del. PBI que se dedica a la salud mental es muy bajo comparado con otros países de Latinoamérica. No estamos comparando con Suecia ni con Estados Unidos ni España. Y ciertamente los países que invierten más en la salud mental de su población son sociedades más sanas. Valga la redundancia, es una inversión el invertir en la salud mental de la población, porque no estamos hablando solo de tratar personas que ya están enfermas, sino prevención primaria, que incluye mecanismos que la sociedad puede implementar para mantener la salud mental de la gente y eso es crucial. Eso conduce a que si el individuo está sano psicológicamente, la sociedad también lo va a estar y si como individuo hay mucha disfunción, si no hay un estado de equilibrio emocional, la sociedad tampoco lo va a tener. Sino, mira lo que está pasando en este momento en Estados Unidos, que por mucho tiempo se ha tratado de tapar lo mismo que el Perú: que a nivel macroeconómico la cosa iba bien; sin embargo, hay mucha desigualdad, mucho racismo, y una sociedad que aparentemente iba bien. Sin embargo, todo lo que se necesitó fue un detonante que activó todos los resentimientos, todas las frustraciones, todas las experiencias traumáticas de la gente y miren cómo está todo un país en llamas, en Estados Unidos. Eso es lo que se ve cuando no hay un un buen estado de salud mental de las personas, y eso que Estados Unidos invierte bastante más que el Perú en eso. Pero el hecho de que haya tantos tiroteos masivos en las escuelas y todo eso refleja que hay algo que no se está haciendo bien. Que no solamente parte de presupuestos, sino también cosas que ameritan un análisis sociológico, antropológico profundo.

-Doctor, si esto es tan claro, ¿por qué el gobierno o los gobiernos, porque esto es un descuido de años, por qué tanto abandono hacia la salud mental?

-Este es un problema que tiene varios niveles. Está el estigma de la sociedad. Está cambiando, pero históricamente siempre ha habido un estigma hacia la psiquiatría. Ir al psiquiatra era como “estás loco, cómo voy a ir al psiquiatra”. Y por ahí con un poco de suerte, un paciente que necesita algún tipo de apoyo iba al psicólogo. Pero el psiquiatra era un tema tabú. Eso ha ido cambiando a lo largo del tiempo, que es más obvio que la gente no puede seguir así, que requiere ayuda. Pero los presupuestos de los gobiernos siempre vieron a la psiquiatría como el patito feo. Una combinación de la sociedad y los gobiernos veían la depresión, por ejemplo, como una debilidad de carácter. Hasta hace muy pocos años no se veía como un trastorno neuropsiquiátrico, sino como una debilidad de carácter, como algo que tienes que espabilarse y ya dejaste de flojera y ponte a trabajar. Esa era la mentalidad prevalente hasta las últimas dos décadas, en que se estudia mejor el cerebro y se sabe por estudios de neurociencia que es un trastorno psiquiátrico. Pero ya quedó eso: a nivel de presupuestos y de políticas gubernamentales, la psiquiatría pasó siempre a segundo plano. Inclusive, en el establishment de los médicos, la psiquiatría también ha sido siempre el patito feo. Entonces es una serie de factores que ha hecho que siempre haya estado en segundo plano, lo cual finalmente creo que está comenzando a cambiar porque la gente busca más ayuda psiquiátrica y el año pasado se pasó una la ley de Salud Mental, aunque falta aprobar el reglamento y todavía no se ha implementado. Soy optimista de que las cosas están cambiando, pero sí,básicamente tiene que presupuestarse de mucho mejor manera...

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