Por Gabriela Machuca Castillo

Los días en Boston son estupendos en esta época del año. Es otoño y falta poco para Halloween, por lo que la ciudad toma tonos anaranjados, amarillos y rojizos. No hay que enfundarse tampoco en la ropa gruesa que demanda el invierno —que allí suele ser cruel— para tomar un café mientras se pasea por el Centro Histórico, en pie casi impertérrito desde el siglo XVIII. La brisa que corre sobre los muelles contiguos al río Charles o al océano Atlántico todavía acaricia las manos, por lo que será posible obtener varias, muchas tomas, para las historias de Instagram. Todo es puro ‘like’ con una de las urbes más históricas y antiguas de los Estados Unidos.

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