Ana Núñez

- Para el 2015, había más el doble de hombres por cada mujer en el campo de la ciencia, la innovación y la tecnología, ¿a qué se debía esa situación y cuánto ha cambiado en los últimos cinco años?

El I Censo Nacional de Investigación y Desarrollo a Centros de Investigación, realizado en 2015, muestra que por cada 2.1 hombres hay una mujer trabajando como investigadora en un centro de investigación. Esta brecha disminuye en edades menores de 30 años a 1.4 hombres por cada mujer.

A marzo de 2020, el Registro Nacional Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Renacyt) registra a 4484 investigadores calificados, de los cuales 1392 (31%) son mujeres, número ligeramente superior al promedio mundial, de 28%. Esto es, por cada investigadora hay 2.2 investigadores, según dicho registro. Somos novenos en Latinoamérica en este apartado.

No obstante, en los últimos años, hemos podido observar que la participación de mujeres en los concursos por financiamiento del Concytec (Consejo NAcional de Ciencia y Tecnología) ha logrado un aumento. Desde 2015, la cuota femenina creció de 31% a 40% en 2018 (incluyendo participación en concursos para becas de postgrado, movilizaciones, proyectos de innovación y transferencia tecnológica o publicaciones). También en 2018, la convocatoria de Investigación Aplicada y Desarrollo Tecnológico, que ejecuta el Concytec con un crédito del Banco Mundial, registró que, en la conformación de los equipos de investigación, 78 de los 190 proyectos ganadores, es decir el 41%, tuvieron más del 50% de mujeres en su composición. No obstante, si observamos cuántos de estos equipos o proyectos fueron liderados por mujeres, la cifra baja y menos del 30% estaban encabezados por una científica.

A ello se suma la cada vez más alta participación de niñas en la Feria Escolar Nacional de Ciencia y Tecnología – Eureka, el concurso científico escolar más grande a nivel nacional y que cada año ve la participación de medio millón de estudiantes de educación básica. Las estadísticas de Eureka nos dicen que más del 55% de los estudiantes de 12 a 17 años que llegan a la etapa final del concurso son mujeres y cada año presenciamos un mayor número de ganadoras en las cuatro áreas del concurso. Tan solo en 2019, esta cifra alcanzó el 75%.

-¿Qué se ha hecho desde el Concytec para promover el trabajo de la mujer en la ciencia? ¿Es necesario que otras instituciones den algún tipo de norma adicional?

Las cifras echan luz sobre el reto pendiente: que aquellas jóvenes que han optado por una carrera científica puedan desarrollar todo su potencial llegando a ser destacadas investigadoras que lideren líneas y grupos de investigación en nuestras instituciones públicas, académicas y empresariales. De ahí que el Concytec toma en cuenta a la maternidad en subvenciones, facilitando licencias y descansos para las investigadoras participantes embarazadas o que acaban de dar a luz. Asimismo, entre las acciones afirmativas que hemos impulsado conjuntamente con el Banco Mundial, se cuenta el que en nuestras convocatorias, a proyectos de igual calidad, otorgamos una bonificación en el puntaje a los que cuentan con más mujeres en su equipo o a los de equipos que son liderados por mujeres.

Por otro lado, en 2019, el Concytec instaló el Comité Pro Mujer en CTI, integrado por 10 destacadas investigadoras científicas. Dicho grupo de trabajo se creó con la Resolución Nº 034-2019-CONCYTEC-P del 08 de marzo último y busca visibilizar e impulsar la labor de la mujer en este campo para promover prácticas más inclusivas en la conducción de las instituciones académicas y de investigación, que forman parte del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Sinacyt). Actualmente, el renovado comité viene desarrollando un plan de trabajo, enfocado en la promoción de la participación de la mujer y la niña en la ciencia.

Al igual que el concurso Eureka! y la feria Perú con Ciencia, el Concytec realiza cada año decenas de actividades descentralizadas para popularizar la CTI entre los más jóvenes. Entre estas acciones, se cuenta la creación de los Clubes de Ciencia y Tecnología, implementados en colaboración con el Ministerio de Educación, que en 2019 superaron la cifra de 3000 en todo el país.

-¿Por qué es importante la paridad en la ciencia?

Un estudio de 2011, publicado en el Harvard Business Review (HBR), señala que hay poca correlación entre la inteligencia colectiva de un grupo y los coeficientes intelectuales de sus miembros individuales. Pero si un grupo incluye más mujeres, su inteligencia colectiva aumenta. Con lo cual, a mayor diversidad de género en un equipo de investigación, mejor. Por otro lado, un informe de 2015 del McKinsey Global Institute revela que en un escenario de “pleno potencial”, en el que las mujeres juegan un papel idéntico al de los hombres en los mercados laborales, hasta US$ 28 billones podrían sumarse al PIB mundial anual para el año 2025.

A ello, se suma que la investigación científica es más precisa cuando se considera el género, sin importar el campo del estudio. Para que un producto o servicio sean seguro y efectivo, tiene que ser probado tanto en mujeres como en hombres.

Asimismo, las mujeres aportan perspectivas únicas a la investigación y a la discusión científica. El informe de Elsevier Género en el panorama mundial de la investigación arroja que diversos equipos de investigación tienen más probabilidades de presentar nuevas ideas y perspectivas, citando el informe del HBR, agregando que "la diversidad se suma a la inteligencia colectiva de un grupo de investigación", mejorando la creatividad y proporcionando nuevos contextos para comprender los aspectos sociales de la investigación.

Ese 20% de mujeres que nos faltan para alcanzar la paridad también puede aportar a la ciencia y tecnología, con su diferente perspectiva, su diferente manera de ver las cosas y diferente manera de ser. ¿Que tenemos características diferentes a las de un hombre? Es verdad, y muchas veces se las toma como prejuicios, pero, al contrario de lo que se piensa, muchas de estas características pueden jugar a favor de nosotras y nuestro trabajo. Que somos delicadas, menos racionales y objetivas son prejuicios, pero sí hay diferentes percepciones y maneras de abordar las cosas que también juegan a nuestro favor.

-¿Persisten algunos estigmas contra las científicas mujeres? En el pasado, la cultura machista, por ejemplo, hacía "más confiable" a un médico hombre que a una mujer. ¿Cómo son las condiciones y el contexto actual?

En mi trabajo como investigadora en el campo de la biología y fisiología de altura, y desde la presidencia del Concytec, he advertido que mis colegas mujeres enfrentan a diario diversos estereotipos y prejuicios sobre su capacidad de áreas del trabajo y del conocimiento relacionados con la ciencia, tecnología e innovación. Entre estas ideas erróneas, se cuenta el considerarnos menos estables emocionalmente, más impulsivas y sentimentales y, con ello, menos objetivas. Asimismo, se nos percibe como profesionales temerosas de ciertas condiciones de trabajo físicamente exigentes. Más aún, se tiene la creencia errada sobre que una vida profesional fructífera en el campo de la ciencia e investigación, por lo demandante que puede resultar en términos de tiempo y movilización, es incompatible con el goce de una vida familiar funcional, plena.

Todo ello juega en contra de que existan modelos visibles de mujeres exitosas en la ciencia en la cantidad en que lo necesitaríamos. El último 11 de febrero, en el evento que organizamos junto con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, la Municipalidad de Lima y la Embajada del Reino Unido por el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, tuvimos cerca de 20 investigadoras jóvenes y en actividad, dando testimonio en vivo a las niñas y adolescentes presentes sobre el reconocimiento, valoración y satisfacción, tanto personal como económica, de su profesión y obra. Necesitamos seguir impulsando este contacto para cerrar la brecha de género en la CTI.

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