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Gladys Tejeda, Cristhian Pacheco y los muros de los atletas peruanos, por Jaime Bedoya

¿Qué significa la victoria de Tejeda y Pacheco en Lima 2019? "Fue una fiesta virtuosa que la avenida Larco celebrase como héroes propios a dos atletas provincianos. Tal atención suele estar reservada a chicos realities y otras entidades ectoplasmáticas que el día que desaparezcan nadie extrañará.

Los muros de los atletas peruanos, por Jaime Bedoya

Tejeda y Pacheco sumaron dos medallas para Perú en los Juegos Panamericanos de Lima 2019.

Experimentado en carne propia en su manifestación más extrema, esto marca la frontera física de la dimensión humana: “Hasta aquí llegué”.

Es entonces que se incursiona en el esquivo terreno del sí se puede, esa posibilidad generosamente ambigua. No te dice que no, pero tampoco te asegura el sí.

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El muro se presenta en la maratón a partir del kilómetro 30 de la carrera. Es cuando se agotan las reservas del glucógeno que almacena el hígado, sustancia responsable de proveer la reserva energética para la actividad física. A partir de esa marca, el cuerpo se queda literalmente sin gasolina y apela a su tanque de reserva, la cetosis, es decir, la propia grasa corporal como combustible.

Estimular este proceso de autoconsumo de grasas es lo que últimamente se ha puesto de moda a través de las dietas keto, que buscan engañar al organismo haciéndole creer que nosotros, sedentarios reyes del control remoto, estamos enfrentando heroicamente la inanición.

Los muros de los atletas peruanos, por Jaime Bedoya | Lima 2019

Gladys Tejeda llegando a la meta.

Dos reservas de energía le quedan al deportista que ha llegado al muro. La primera de ellas es una que prudencialmente debió haber tenido en cuenta desde antes de iniciar la prueba: la cabeza. Al órgano blando almacenado dentro del cráneo le toca la comprometedora tarea de lidiar con una fisiología en emergencia.

La segunda, intangible pero no por ello inexistente, es lo que se llama garra, pundonor, huevos o —más dulcemente— corazón. Demostrar esta cualidad, así no se alcance la victoria, genera un reconocimiento muy parecido al que adorna al triunfo.

Gladys Tejeda y Cristhian Pacheco ganaron el oro gracias a sus cabezas y corazones. Porque para ellos lo del muro era ya una historia conocida. Durante toda su vida se han enfrentado a la sucesión de paredes, obstáculos y cercos eléctricos que el país le puede poner a un provinciano, a quien menos tiene, a quien se ningunea por cholo.

Los muros de los atletas peruanos, por Jaime Bedoya | Lima 2019

Christian Pacheco durante su llegada a la meta de la maratón.

Es narrativa épica la de Tejeda corriendo su primera maratón con zapatillas prestadas que no eran de su talla (quedó segunda). Sin auspicios ni grandes apoyos, ella ha representado al Perú en dos olimpiadas. Por nada, o un disfuerzo en Instagram que es lo mismo, a una influencer local le regalan un par de zapatillas nuevas al mes. Ni se diga del maltrato a Cristhian Pacheco. Estuvo varado en Lima cuando recién llegó de Huancayo. Días después establecería un nuevo récord panamericano.

Fue una fiesta virtuosa que la avenida Larco celebrase como héroes propios a dos atletas provincianos. Pero fue una fiesta tan virtuosa como inusual*. Tal atención suele estar reservada a chicos realities y otras entidades ectoplasmáticas que el día que desaparezcan nadie extrañará.

Queda una agridulce lección para el comportamiento público y privado: no hay que esperar a que un peruano gane una medalla de oro para tratarlo como persona.

* Recordemos la triste historia de la supuesta captura de “Los Malditos de Larcomar”: ciclistas detenidos en un centro comercial por ser cobrizos. Seis días detenidos.


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