"La mañana previa habíamos ido a ver Sin tiempo para morir, la última de James Bond, su héroe favorito [...] La sala estaba libre para los dos". Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
"La mañana previa habíamos ido a ver Sin tiempo para morir, la última de James Bond, su héroe favorito [...] La sala estaba libre para los dos". Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Por Renato Cisneros

Eran las nueve de la mañana cuando contesté la llamada de mi madre. “Me han robado la plata”, me contó llorando. Entre balbuceos alcanzó a explicar que el canguro donde guardaba el íntegro de su bolsa de viaje –y que ella, precavida, escondió debajo del colchón la noche de su llegada al apartamento– había desaparecido. Intenté sonar seguro cuando le dije que iba para allá, que encontraríamos la solución. En el fondo no tenía idea de qué hacer, de cómo actuar. Entré a Google y digité tres palabras: “robos”, “Airbnb” y “Madrid”. La cifra de resultados era superior a cuatrocientos mil.

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