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De Inga y de Mandinga: ¿qué dice el ADN de Magdyel Ugaz? | VIDEO

La actriz y conductora se sometió al estudio genético que detalla su etnicidad. Ni ella misma puede creer los resultados.

Magdyel Ugaz

La actriz y conductora se sometió al estudio genético que detalla su etnicidad. Ni ella misma puede creer los resultados. (Video: El Comercio)

Para combatir el racismo ahondamos en lo más esencial: nuestra genética. De eso se trata el proyecto 'De inga y de Mandinga'. El objetivo no es determinar si alguien pertenece más a un grupo que a otro. Lo que se quiere es confirmar, desde la ciencia, que los peruanos somos más parecidos por dentro de lo que el exterior parece indicarnos. 

De eso -de cómo nos ven y cómo nos vemos- entiende bien Magdyel Ugaz. Antes de debutar en la televisión, la niña que soñaba con ser artista empezó su camino en el teatro con solo 13 años. “Decíamos -con mis compañeros- que nosotros éramos actores teatrales, que las chicas que salían en la tele eran rubias y de ojos azules. Hacíamos como si no nos interesaba, pero no era así”, cuenta a Somos. 

Algunos años después le llegó el momento de aparecer en pantalla. “Entré a la televisión en una época en la cual se estaban dando otras oportunidades”, continúa Ugaz. De hecho, su primer protagónico fue el de la cantante folclórica Dina Páucar. A partir de ahí todo cambió. Se le abrieron nuevas puertas para participar en otras novelas; producciones que representaban mujeres con las que las peruanas podían de verdad identificarse. “Yo he pasado procesos físicos con mi cuerpo, y también vivía excluida en cuanto a trabajos por eso. Esto -lo de afuera- no nos define”, sostiene la actriz. 

Su madre es de Amazonas y su padre de Cajamarca, pero Magdyel Ugaz llevaba algo en su genética que ni ella misma sospechaba. La actriz tiene 16,7% de andina, 1,8% de africana, 1,6% de asiática y 79, 8% de etnicidad caucásica, un porcentaje superior al que tiene su colega, Denisse Dibós, por ejemplo (79,4%). “Cuando viajaba, me sentía muy familiarizada con algunos sitios. Sentía que había estado ahí, pero no tenía sentido. ¿Era algo que mis genes estaban reconociendo?”, sostiene. 

Más sobre el proyecto ‘De Inga y Mandinga’ en las próximas ediciones de Somos.

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