No se conocen las condiciones que Velarde puede haber puesto en la última conversación con el ministro Pedro Francke, pero por lo menos desde hace unos diez días "ya consideraba quedarse un tiempo, por compromiso con el país. Era su única motivación", asegura una fuente de su entorno. (Ilustración: Verónica Calderón/ GEC)
No se conocen las condiciones que Velarde puede haber puesto en la última conversación con el ministro Pedro Francke, pero por lo menos desde hace unos diez días "ya consideraba quedarse un tiempo, por compromiso con el país. Era su única motivación", asegura una fuente de su entorno. (Ilustración: Verónica Calderón/ GEC)
Rafaella León

Jamás renunciaría si el momento está malo; solo lo haría si el momento es bueno, por responsabilidad”. Julio Velarde respondió así, hace 15 años, en una de las contadas entrevistas personales que ha dado en su vida (El Comercio, 11/11/2006). Se iniciaba como presidente del BCR y esperaba –al borde de la impaciencia- que el Congreso de entonces terminara de repartirse la peliaguda designación de los directores que lo acompañarían. Comenzado su segundo gobierno, Alan García le había pedido personalmente que asumiera la conducción del banco, no solo como garantía de que no veríamos ni la sombra de 1985, sino como jugada política frente a su rival, Lourdes Flores Nano, cuyo plan económico había estado a cargo de Velarde. Aquellos días eran un páramo, comparados con las circunstancias postelectorales del 2021, en que flota, como un dólar, la pregunta sin respuesta: ¿quedarse por la responsabilidad o irse por principios? La actual coyuntura parece ser un momento suficientemente “malo” para hacer que Velarde no se mueva de donde está. Circunstancia en que pesa su “patriotismo”, como opina un cercano colaborador.

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