Bruno Ortiz Bisso

Aunque mucho del interés local estuvo centrado en la situación de los escolares, la pandemia se convirtió también en un punto de quiebre para las universidades e institutos superiores, que se vieron obligados a acelerar sus procesos de digitalización, con resultados muy variados.

Justamente para analizar estos grandes retos, el 26 y 27 de mayo se realizará en Lima el seminario internacional , organizado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Como adelanto a esta actividad, El Comercio conversó con Rafael Puyol, presidente de la UNIR, sobre la adopción digital en las universidades, la importancia de la y cómo la calidad educativa continúa siendo la clave para el éxito.

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— ¿De qué manera impactó la pandemia en la educación superior?

El cambio fundamental que provocó la pandemia fue con los procesos de digitalización de las , principalmente las presenciales, porque las que han nacido ya como nativas digitales únicamente los han continuado. Esos procesos ya estaban ahí antes de la pandemia, pero este hecho sirvió de catalizador e impulsó un proceso de mayor digitalización en todas las instituciones. De ahora en adelante, la educación superior tendrá nuevas características, relacionadas con las modalidades y la forma de enseñanza.

— ¿Y cuáles son esas características?

La primera es que las van a alcanzar mayores niveles de digitalización. La segunda es que aparecerán cada vez más formaciones híbridas, combinando lo presencial con la enseñanza en línea. Y la tercera tiene que ver con el aumento de las universidades 100% digitales en América Latina, sobre todo, donde el fuerte crecimiento demográfico de la demanda universitaria será de tal calibre que las instituciones presenciales no podrán abordar toda la demanda y provocarán, en mi opinión, una multiplicación de las .

“Aparecerán más formaciones híbridas, combinando lo presencial la enseñanza en línea”.


— Todavía hay gente que duda sobre la calidad de las universidades en línea. ¿Cómo se les cambia esa idea de la cabeza?

Hubo un tiempo en que, al menos en esta parte del mundo, la era considerada una modalidad menor o secundaria. En Europa ya no es así. Hoy se considera a la enseñanza virtual una modalidad necesaria y que es capaz de tener la misma calidad que la enseñanza presencial. Para un joven de entre 18 y 20 años probablemente sea bueno que vaya presencialmente a clases, para interactuar con sus compañeros y profesores, para adquirir todas las experiencias que la formación presencial ofrece. Ahora bien, para quienes tienen obligaciones laborales o familiares, o viven lejos de donde se imparte la enseñanza presencial, la educación virtual se convierte en una modalidad muy útil. Ya lo es para el posgrado y la formación continua.

— ¿Se puede decir que la educación presencial y la virtual están a la misma altura?

Creo que la ha adquirido unas características de calidad muy grandes, y que está prácticamente al mismo nivel que las presenciales. Hemos pasado por una etapa de menosprecio a la enseñanza virtual, y hoy en muchos países donde está implantada es considerada de mayor calidad.

— ¿Cómo nos podemos asegurar que estamos eligiendo una institución de calidad en enseñanza virtual?

La enseñanza virtual puede situarse hoy al mismo nivel en cuanto a eficacia y eficiencia que la presencial, siempre y cuando cumpla la condición de ser de calidad. Desgraciadamente, no todas cumplen, de la misma manera que pasa con las universidades presenciales. Sin embargo, hay algunos indicadores que ponen de manifiesto las bondades de la enseñanza virtual recibida.

— ¿Cuáles son esos indicadores?

El primero es el grado de satisfacción de los estudiantes. Cuando las encuestas realizadas por las instituciones dan buenos resultados, significa que los estudiantes se encuentran satisfechos con la educación recibida en esa universidad. El segundo es el grado de empleo que tienen los egresados. Si se colocan en el mercado laboral con las competencias y conocimientos adquiridos, significará que la enseñanza recibida tiene esos niveles de calidad necesarios. El tercero es saber si recomendarían el servicio. Eso nos pasa en la UNIR, que quienes nos recomiendan son alumnos antiguos. La fórmula con la que conseguimos matricular a más alumnos es esta: compañeros que comentan a otras personas que han recibido enseñanza en UNIR y les ha servido para mejorar su capacidad de empleo. Eso nos brinda un nivel de convencimiento de que lo que estamos haciendo es lo correcto.

“Hay que decidir un nuevo catálogo de titulaciones para crear profesionales que la sociedad necesita”.


— ¿Qué debemos esperar de la educación superior hacia el futuro?

Los grandes retos a los que se enfrentan las en el futuro son –haciendo un balance rápido– que todas continúen sus procesos de digitalización. En lo está una parte muy importante y el futuro de la enseñanza, de la investigación y de la formación complementaria de naturaleza cultural. Luego, se tiene que acertar en la definición de nuevos productos para las nuevas necesidades. Quizá hay que decidir un nuevo catálogo de titulaciones para crear los profesionales que el mercado y la sociedad van a necesitar. Seguidamente, se debe insistir mucho más de lo que hemos hecho en la formación de competencias.

— ¿A qué se refiere?

A que los conocimientos se quedan muy pronto obsoletos, mientras que la formación en competencias sólidas dura para toda la vida. Ahora, los conocimientos recibidos por un licenciado duran menos tiempo y, por lo tanto, se impone cada vez más la formación continua de los profesionales, que deben recibir nuevas capacidades, nuevas herramientas y nuevas destrezas. Pero no solo eso: se tiene que hacer una apuesta mayor por la formación interdisciplinaria. Hoy la ciencia avanza por los bordes y la resolución de problemas complejos exige tener un conocimiento múltiple e interdisciplinario, por lo que ese será un reto importante.

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Actividad presencial. Se realizará este 26 y 27 de mayo en el Centro de Convenciones de Lima (Av. de la Arqueología 296, San Borja). Más información en la página web del evento.

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