Redacción EC

El último viaje que he tenido por vacaciones ha sido recientemente entre enero y febrero para República Dominicana. Me fui 5 días y 4 noches y fue lo máximo. Estuve exactamente en Punta Cana. Esta ha sido la primera vez que he ido para allá y es recontra recomendable porque la oferta turística cuenta con sistemas todo incluido, en donde uno paga un determinado monto y ya no hay que preocuparse por nada. Además, la calidez de su gente es incomparable.

El viaje lo hice con unos amigos, nos quedamos en el hotel Barceló Punta Cana, fue una experiencia bravaza. El lugar lleno de arena blanca, la zona de piscina, la discoteca, el teatro que tienen...no fue tan necesario salir del hotel para encontrar diversión porque de por sí es una ciudad enorme a donde la gente que vaya tendrá muchas actividades para hacer como las clases de baile, por ejemplo.  

La cantidad de turistas de todo el mundo que uno encuentra ahí es impresionante. Chilenos, argentinos, de todos lados. Una anécdota que me pareció muy curiosa es que todos se compraban un toma todo y ahí pedían que les llenen su piña colada o la cerveza para no tener que estar saliendo a cada rato de la piscina por un trago. Al día siguiente que llevamos hicimos lo mismo, nos fuimos a una tienda a comprar nuestras botellas.

A la gente que les interese ir para allá les recomiendo hacer el tour hacia la isla Saona. El recorrido cuesta US$ 99 por persona, que realmente vale su precio. Navegas a bordo de un catamarán mientras te van enseñando a bailar bachata a todo volumen y te van sirviendo un poco de ron o alguna bebida helada...es divertidísimo. Se sale por la mañana como a las seis.

El clima es otra cosa que me gustó. Habían lluvias de cinco minutos, luego volvía  a salir el sol y así estábamos. Como todos, sé que llueve en cualquier lado, pero acá es otra cosa. Estás en medio del mar y la lluvia es deliciosa, te invita a disfrutar de todo lo que hay a tu alrededor, no aturde.

Una vez que uno llega a la isla Saona la diversión continúa. A mí me gustó mucho porque cuando llegamos, nos recibieron con un buffet a orillas del mar y todo lo incluía el precio que pagamos. Luego, te dan como una hora y media o dos libres y para terminar el día, te hacen subir a otra embarcación mucho más rápida y pequeña, te llevan como a un kilómetro de la isla más o menos y desde ahí te invitan a lanzarte y darte un chapuzón.  Uno piensa que está en el centro de la nada, que se va a ahogar o algo parecido, pero la sorpresa es que luego de vencer tus miedos, te das cuenta de que el agua solo te llega a la cintura si estás de pie. La orilla se ve bien lejos por eso nadie quiere lanzarse,  pero es súper tranquila, la llaman piscina natural. También te llevan a ver estrellas de mar y a deleitarte con ese color turquesa del agua.   

Para los amantes de la diversión nocturna, les aconsejo ir a la disco ´La cueva´. Pagas unos US$ 40 o US$ 50 más o menos y realmente entras a una especie de cueva en donde incluso se cruzan murciélagos, a los que ves volando en lo más alto. Es de locos. El pago también cubre la barra libre.   

Punta Cana es como una ciudad que nunca duerme o al menos eso pasaba en el hotel. La gente que regresa como a las cuatro de la mañana luego de ir a bailar, siempre va a encontrar sí o sí puestos de hot dog o hamburguesas abiertas.
Lo mejor de este destino es que no sale tan caro en comparación a otros lugares. Un paquete con estadía y servicios cuesta alrededor de US$ 1250. Yo creo que vale la pena ir, sobre todo con la ´mancha´de amigos para pasarla bien y vacilarte un rato, aunque también va gente en plan romántico. Eso ya depende de cada uno. No se preocupen por los platillos porque su sazón es muy similar a la nuestra, pero si también quieren, van a tener una oferta gastronómica bien variada con los restaurantes de especialidades. Yo probé comida italiana, japonesa y mexicana. 
¡Vayan a Punta Cana! Particularmente no sentí que se incumplió absolutamente nada de lo que me habían prometido. Lo único que agregaría es que intenten hacer vuelos directos y sin escalas para evitar el trajín de subir y bajar de un avión a otro. 

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