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Abimael Guzmán: la historia de uno de los peores atentados terroristas de Sendero Luminoso en Lima en los años 80

El gobierno de Alan García entraba a su último año, mientras el terror de SL del genocida Abimael Guzmán pretendía socavar la moral de los peruanos. Lima empezaba a sufrir uno de los terrorismos más letales del mundo. Este fue el caso del sacrificio de los húsares de Junín.

Así de destrozado quedó el bus que transportaba a los miembros de los Húsares de Junín a Palacio de Gobierno esa tarde de junio de 1989. Los asesinos de Sendero Luminoso fueron los responsables. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Así de destrozado quedó el bus que transportaba a los miembros de los Húsares de Junín a Palacio de Gobierno esa tarde de junio de 1989. Los asesinos de Sendero Luminoso fueron los responsables. (Foto: GEC Archivo Histórico)
Carlos Batalla

Era la una de la tarde de ese sábado 3 de junio de 1989. Mientras muchos se alistaban para almorzar, en las inmediaciones de la cuadra 11 del jirón Junín, en Barrios Altos (Cercado de Lima), 27 jóvenes militares se transportaban hacia el Palacio de Gobierno, en la Plaza de Armas, donde eran miembros de la famosa .

El bus militar que los llevaba avanzaba lentamente por el jirón, a tres cuadras de la plaza Italia, que en línea recta los llevaría al Palacio de Gobierno. Estaban justamente frente a la Iglesia Virgen del Carmen, cuando un explosivo, compuesto de dinamita mezclada con el temido ‘anfo’ (alta dosis de nitrato de amonio con gasolina o petróleo), fue lanzado debajo del vehículo.

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Testigos del atentado contarían que, luego de escuchar el sonido seco de la muerte, vieron un hongo de fuego y humo en medio de la pista. También aseguraron que varios soldados salieron volando con asientos y todo para estrellarse a 8 o 10 metros de distancia. Algunas víctimas quedarían inánimes con los miembros seccionados, otros destripados o prendidos en fuego.

Los valientes húsares no tuvieron tiempo de defenderse. El cobarde atentado terrorista de SL dejó marcada a toda una generación que sufrió el dolor de incontables asesinatos de ese estilo. (GEC Archivo Histórico)
Los valientes húsares no tuvieron tiempo de defenderse. El cobarde atentado terrorista de SL dejó marcada a toda una generación que sufrió el dolor de incontables asesinatos de ese estilo. (GEC Archivo Histórico)

Fueron algo más de cinco kilos de dinamita los que utilizaron los para matar a sangre fría. La detonación dejó un forado de un metro de diámetro y dos de profundidad en el pavimento, además de efectos destructivos en casas, autos y transeúntes de la zona.

El bus quedó hecho chatarra. Siete húsares murieron instantáneamente. Dieciséis soldados más quedaron heridos, y hubo seis civiles también seriamente afectados, los cuales fueron trasladados de emergencia a los hospitales Guillermo Almenara, Dos de Mayo y Arzobispo Loayza. Luego los militares fueron internados en el Hospital Militar de la avenida Brasil.

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Las investigaciones policiales indicaron que un hombre que jalaba una carretilla de gaseosas vacías fue quien lanzó el explosivo. El vehículo había partido del cuartel del Ejército de Barbones, a siete cuadras del atentado, con un contingente de húsares ya debidamente uniformados, pues iban a relevar a un grupo similar que había estado en Palacio de Gobierno esa mañana.

Siete húsares murieron instantáneamente. Dieciséis soldados más quedaron heridos, y hubo seis civiles también seriamente afectados. (GEC Archivo Histórico)
Siete húsares murieron instantáneamente. Dieciséis soldados más quedaron heridos, y hubo seis civiles también seriamente afectados. (GEC Archivo Histórico)

El terrorista senderista que lanzó debajo del bus la caja de galletas que contenía el explosivo huyó en un auto blanco, que lo esperaba en la esquina de los jirones Junín y Huánuco. Todo ocurrió a la velocidad de un rayo. Al huir les hizo frente, por las calles del jirón Huánuco, el sargento de la Policía Técnica, John Ugarte Valdivia (26), quien hirió a un terrorista, pero fue alcanzado por una bala en la cabeza. Murió camino al hospital.

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Los húsares muertos y heridos eran jóvenes entre 17 y 29 años. Ese año de 1989, la violencia terrorista de las huestes de , que se había enfocado en cometer sus demenciales acciones en la sierra peruana, estaba en una etapa de posicionamiento en las ciudades. Ellos imaginaban que la capital caería en medio de la zozobra. La muerte era su bandera.

El terrorista senderista que lanzó debajo del bus la caja de galletas que contenía el explosivo huyó en un auto blanco. (GEC Archivo Histórico)
El terrorista senderista que lanzó debajo del bus la caja de galletas que contenía el explosivo huyó en un auto blanco. (GEC Archivo Histórico)

A esa situación se sumaba la anomia social que vivía el pueblo peruano. Sin referentes políticos, con un nivel de corrupción implacable en las más altas esferas el gobierno y un miedo generalizado, los peruanos sobrevivían a la barbarie.

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Esto parecía animar a las huestes terroristas del MRTA y especialmente al grupo terrorista Sendero Luminoso, cuyo permanecía oculto en algún lugar del país. En ese contexto de alta violencia en el Perú, El Comercio dejó sentada su posición. El 5 de junio editorializó con una columna clara y precisa: “Necesaria decisión en la lucha antisubversiva”, donde marcó la senda de la unidad nacional frente al terror.

Con mucho dolor y tristeza los peruanos debíamos leer estos titulares muchas veces. Con el terrorismo de SL, los años 80 fueron grises, violentos y crueles. (GEC Archivo Histórico)
Con mucho dolor y tristeza los peruanos debíamos leer estos titulares muchas veces. Con el terrorismo de SL, los años 80 fueron grises, violentos y crueles. (GEC Archivo Histórico)

Es el momento decisivo para que avancemos todos los peruanos hacia la derrota del terrorismo. Queda subrayado que el Ejército y las Fuerzas Armadas cuentan definitivamente con el aval político del cual carecieron por un lapso prolongado, ahora hay que darles todas las facilidades materiales y de equipamiento, lo mismo que alentarlas moralmente, para que dentro de la legalidad repriman con rigor y sin miramientos a los subversivos, para que no sigan destrozando al Perú”.

El dolor que el atentado terrorista del jirón Junín trajo directamente a varios hogares peruanos se proyectó a todo el país con una indignación pocas veces vista. Todo fue muy duro en el Perú de esos años, es cierto; pero desde esa oscuridad, sin duda, empezamos a ver la luz.

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