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Una maestra incansable

<strong>Con casi 90 años a cuestas, Josefa Lora Risco no está quieta un minuto. Considerada una de las pioneras de la educación psicomotriz en el Perú, sigue escribiendo libros y artículos, y promueve cursos y talleres. Conozcamos la historia de esta incansable mujer premiada en dos oportunidades con las Palmas Magisteriales.</strong> <img alt="JOSEFA LORA RISCO_3.JPG" src="http://blogs.elcomercio.pe/huellasdigitales/JOSEFA LORA RISCO_3.JPG" width="480" height="440" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/>

Con casi 90 años a cuestas, Josefa Lora Risco no está quieta un minuto. Considerada una de las pioneras de la educación psicomotriz en el Perú, sigue escribiendo libros y artículos, y promueve cursos y talleres. Conozcamos la historia de esta incansable mujer premiada en dos oportunidades con las Palmas Magisteriales.

JOSEFA LORA RISCO_3.JPGHace 89 años, Chiclayo la vio nacer dentro de una familia de intelectuales, en la que predominaban poetas y críticos de arte. Sin embargo, con el pasar de los años, a Josefa –quien desde sus primeros pasos vio a sus hermanos mayores practicar deporte en las playas de Pimentel– la sedujo la actividad física antes que la cultural.

Su gran cómplice en estos rumbos fue su padre, Alejandro Lora Valdivieso, quien desde el principio la estimuló para que aprovechara su físico y practicara diversas disciplinas deportivas –lanzamiento de disco, de bala, carreras, entre otras–, las cuales le permitieron ganar medallas de oro cuando representaba a su colegio y otras instituciones.

“Mis logros deportivos me permitían ver satisfacción en los ojos de mi padre. Fue él quien me apoyó para estudiar educación física. Recuerdo muy clarito que me dijo que tenía que estudiar la carrera que me llenara profesionalmente. Y yo simplemente le hice caso”, nos cuenta Pepa, como la conocen todos.

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En 1941 egresó como bachiller en Educación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y empezó a dar clases de atletismo y gimnasia en colegios estatales y particulares de la capital. Poco después, se especializó en el estudio de la armonía corporal en niños y adolescentes. Por tratarse de una disciplina sin mayor difusión en nuestro país, la joven maestra Josefa tocó las puertas de diversas embajadas en busca de becas que le permitieran investigar y desarrollarse al respecto.

Con la perseverancia digna de todo buen deportista, no se rindió y en 1965 la Embajada de Suecia en el Perú le otorgó una beca de tres meses. “Ya establecida en Suecia, me dediqué íntegramente al estudio y, debido a esta constancia, los profesores me ayudaron a obtener nuevas becas en otros países. Durante un año viajé por varios lugares de Europa y me especialicé en diversas escuelas, donde el movimiento corporal ya era considerado la base del aprendizaje en los niños”, recuerda. Ya con obras publicadas, Josefa retorna al país a comienzos de la década del 70, decidida a poner en práctica lo aprendido en el Viejo Continente.

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La teoría estaba planteada: “Toda actividad humana acompañada de alegría relaja al niño, elimina sus tensiones y lo mantiene en las mejores condiciones para el aprendizaje”. Tuvieron que transcurrir muchos años para que las autoridades consideraran realmente útil la educación psicomotriz y la incluyeran dentro del plan curricular.

En tanto, Josefa no vio mejor idea que trabajar en su propia casa con niños que presentaban problemas de aprendizaje, concentración y lenguaje. Partía de la premisa de presentarse no como modelo sino como guía para que el alumno, a través del movimiento, explorase y descubriese cosas nuevas.

“La idea era aplicar un aprendizaje vivido y no arbitrario u ordenado. Mientras el niño sea dueño de un descubrimiento, su aprendizaje estará asegurado y no lo olvidara fácilmente”, resalta.

Otro de sus logros fue reunir a 18 gimnastas aspirantes a la carrera de educación y formar un grupo de trabajo que recorrió el país para impartir clases. La labor les permitió cruzar las fronteras y llegar a Chile, Argentina, Brasil y Uruguay. “Luego de nuestras presentaciones, los estudiosos del deporte empezaron a considerar a nuestro país como fuente de aprendizaje, eso fue un gran avance para nosotras”, recuerda con orgullo.

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Hoy, tras 70 años de actividad profesional, Josefa Lora Risco no para. Continúa investigando y ya tiene siete libros publicados, dos de ellos en España, y entre los que destacan “La educación corporal”, “Yo soy mi cuerpo” y “Psicomotricidad, hacia una educación integral”. Asimismo, colabora y escribe en diarios y revistas del Perú y el extranjero.

Por su talento y esfuerzo ha sido condecorada en dos oportunidades con las Palmas Magisteriales en el grado de Maestro y Educador y ha participado en numerosos proyectos educativos, en los que sus teorías han servido de guía para pedagogos y centros educativos. De hecho, en febrero de este año, Josefa fue la impulsora del I Curso Nacional de Educación Psicomotriz, dirigido a profesores, psicólogos y terapeutas, que se desarrolló en el colegio San Agustín.

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“A mis 89 años, yo no podría mantenerme como ahora si no dedicara varios minutos del día a mi expresión corporal. Subo y bajo escaleras y hago danza con el único fin de afirmar que el movimiento es la base para el aprendizaje diario. Lo estático no nos ayuda a descubrir”, concluye.

(Sulma Huaringa)
Fotos: El Comercio/ Archivo Personal

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