La fe no tiene fronteras
Aquí el olor de los anticuchos incinerándose deliciosamente contra una parrilla no se mezcla con el incienso ni con las plegarias. Los picarones no navegan sobre sartenes humeantes. No hay letreros rimbombantes de turrones repartiendo colores sobre la avenida Tacna. Tampoco hay demasiada gente apiñada en las calles, pero el sentimiento es el mismo y todos quieren acompañar a la imagen del Señor de los Milagros.
No importa que sea en el pequeño y moderno poblado de Chapel Hill, en Carolina del Norte. Igual hay un pequeño ejército de hábitos morados que hormiguea entre los ambientes de la Iglesia Santo Tomás Moore, uno de los templos católicos más representativos de la región.
La misa y procesión del “Cristo Moreno” empieza a ganar nombre y prestigio entre los latinos de esta región y en su quinto año logró convocar al menos 300 personas que vinieron desde varios rincones del estado, incluso hubo una delegación de cargadores que llegó exclusivamente desde Atlanta (a seis horas de viaje) para colaborar con el evento.Con cien almanaques a cuestas Laura Oblitas (tía del técnico de Sporting Cristal) ha visto muchas procesiones y manifestaciones de fe en su vida, pero esta es muy especial porque no tiene pensado volver al Perú en mucho tiempo.
“Estoy emocionada, feliz. Nunca pensé que iba a encontrar a mi señor en este país. No te imaginas, la música, el olor a incienso me hacen recordar todas las procesiones a las que fui, pero esta es diferente”, explica esta adorable anciana, quien ante la insistencia por la pregunta repite un par de veces. “Sí, sí, soy tía de Juan Carlos y también soy natural de Ica”.
Todas las razas
Pese a que el otoño ya empezó a enfriar el ambiente, a veces hasta los cero grados centígrados, el evento de fe se desarrolló en medio de una tarde agradable y eso colaboró a que llegaran más fieles a la parroquia Santo Tomás. No solo había peruanos, también asistieron mexicanos, colombianos, puertorriqueños, entre otras nacionalidades, quienes también se sintieron contagiados con el fervor religioso.
“Es como en mi país, como cuando realizamos las celebraciones por la Virgen de Guadalupe. Veo que los peruanos tienen una tradición católica muy fuerte y siempre es bueno aprender de otras culturas, también le voy a rezar a este cristo”, comentó Rita Espinoza, quien es natural de Acapulco y no dudó en llegar a la parroquia para conocer quién era el Señor de los Milagros
Tradición y fe
El padre Paul Brant, uno de los párrocos de la mencionada iglesia, quien ofició la misa junto al sacerdote peruano Marcos León Angulo, mencionó que a pesar de que la tradición católica de los hispanos es muy fuerte, muchas personas están perdiendo ese legado en los Estados Unidos.
“Procesiones como la del Señor de los Milagros, la Semana Santa o las celebraciones relacionadas a las Virgen de Guadalupe nos ayudan a mantener nuestros vínculos con nuestra cultura religiosa. Lamentablemente muchos hispanos, se están alejando de esas tradiciones y el significado de la devoción. Con sus hijos sucede lo mismo”, opina el Padre Brant, quien habla fluidamente quechua y el aymara, y que cada año visita el Perú, especialmente la zona de Puno en donde desarrolla obras misioneras.
Fue un inmigrante
A diferencia de lo mencionado por su colega en torno a la ausencia del interés religioso en algunos latinos, el cura peruano mostró su satisfacción porque la Procesión del Señor de los Milagros ha ido cobrando más adeptos con el paso del tiempo y podría llegar a ser multitudinaria.
“Por primera vez este año tuvimos una banda”, señala el padre mientras contempla a un grupo de jovencitas americanas, que interpretan la marcha procesional que acompaña el desplazamiento de la venerada imagen.
Luego agrega: “En su momento, el Cristo fue pintado por un esclavo angoleño inmigrante, que trató de expresar todos los sentimientos que a él lo invadían en 1650. Si hacemos una comparación actual todos los latinos que vivimos en este país de alguna forma podemos identificarnos con ese hombre. Muchas veces la fe es lo único que nos impulsa a seguir adelante”.
Continúa creciendo
Algunos metros más adelante Basilia Mori, da los últimos toques a su sahumerio, en el que se coloca el incienso que perfuma el ambiente y que en términos de fe ayuda a elevar las plegarias al cielo. “Toda mi vida acompañé al Señor de los Milagros y oré mucho para volverlo hacer en los Estados Unidos, felizmente se cumplió”, agrega esta peruana de Cerro de Pasco.
Finalmente, Kastiuska Olave, directora de la cuadrilla del Señor de los Milagros para Carolina del Norte, es otro ejemplo que la religión no reconoce nacionalidades: Ella es boliviana, pero conoce de cerca al “Cristo de Pachamamilla”, que es otra de las denominaciones de esta popular imagen.
“Vamos creciendo y mejorando. Este año se incorporaron más personas a nuestra cuadrilla y esperamos que todos los octubres más personas, de todos los país, nos acompañen”.
José Cusicanqui

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