Racismo y tolerancia

Salí del Perú por un deseo personal de aprender más de todo. La curiosidad fue más poderosa que cualquier fantasma nostálgico o adhesión familiar. La ciencia me llamó la atención desde que tengo habilidad motriz. Las teorías de la relatividad y evolución son prácticamente parte de mi persona. Vivo hace más de 12 años por todo el mundo, desde Asia hasta rincones fríos de Europa; desde escondites en Estados Unidos. hasta cálidos bosques tropicales de América Central y Sur. Trabajo para universidades y museos que autorizan la realización de proyecto descabellados y expediciones inauditas para muchos. Estos últimos meses me han convencido de que la tolerancia humana es la única cualidad que me ha permitido conocer, querer y disfrutar todo lo que conozco y a quien conozco. Lo que relato en este espacio es una anécdota, o como yo lo llamo, una “ironía divina”. Por motivos de trabajo estoy radicando temporalmente en el estado de Pennsylvania, Estados Unidos. Estoy a una hora de Nueva York y la minoría racial es la de los llamados gringos. Nunca me percaté de ninguna tensión racial ni intelectual en esta área. He vivido también en Carolina del Norte, dentro del famoso cinturón bíblico de Estados Unidos, donde la intolerancia racial puede ser hiriente. Recuerdo que vivía en un barrio poblado de “African-Americans” y un día vimos cruces encendidas al rojo vivo, con signos evidentes del KKK (Ku Klux Klan), quemándose a dos cuadras de mi edificio. Mis vecinos, African Americans, me dijeron “no te preocupes niña, nosotros te protegemos si nos viene a quemar.” Cuando vivía en Escocia me di con la sorpresa de encontrar en una exposición fotográfica evidenciando que el racismo está muy arraigado en todas las culturas (incluyendo el Perú) y que tardarán centurias para que se nos olvide de que los rasgos físicos no son motivo de odio (ver foto). Hace poco vi un documental en la Universidad de Princeton acerca de los inmigrantes en E.E.U.U. y de como la gente en Texas protestaba y estaba dispuesta a cuidar las fronteras para evitar que la gente “marrón y cochina” entre a su país. Nunca olvidaré el comentario de un político de Texas que, enfáticamente, declaraba que “si era preciso de que se saque a todos los niños latinos del colegio, él estaba dispuesto a hacerlo. Más aún, si era preciso de que se saque a todos los enfermos latinos de los hospitales, él estaba dispuesto a ir y sacarles el suero inyectado en las venas con sus propias manos y deportarlos”. La gente que escuchaba al político aplaudía con entusiasmo, recordándome viejos documentales de Hitler y la Alemania Nazi. La pena es darme cuenta que sucede ahora, en pleno 2008.
Larga introducción para contar que mis actuales compañeros de casa pertenecen a la neta y pura raza WASP (White Anglo Saxon Protestant) de E.E.U.U., directamente traídos del cinturón bíblico, del cinturón del maíz y, en general, lo que se considera rednecks o white trash. Estos muchachos (su edad va de los 22 a los 44 años) están acá por un programa de entrenamiento intensivo de horticultura dado por una universidad local. Su grado de educación no va más allá de la secundaria. Nunca tuve que pasar por una situación como esta, ya que las personas de E.E.U.U. con las que trabajo o vivo tienen altos grados universitarios. Lo único que pensé es que vivir con 5 personas totalmente opuestas a mí sería una pesadilla completa, digna de la inquisición. Cuando llegué por primera vez nos saludamos respetuosamente y les expliqué que casi todo el día estoy en mi laboratorio y no paro en la casa. Al día siguiente regresé a la casa tarde y dispuesta a dormir, pero al entrar encontré a uno de ellos enfrascado en sus estudios de fisiología vegetal. Lo saludé y al ver sus apuntes y su frustración le expliqué algunos mecanismos que él no entendía. Pasaron los días y cada noche hacia el papel de profesora de botánica, matemática y fisiología vegetal de 5 gringos. Un día me pidieron que les ayude a corregir un ensayo que tenían que escribir. Les dije que solo edito inglés técnico y que no lo haría bien si el ensayo era inglés coloquial ya que mi lengua es el castellano. Uno de ellos me miró con asombro y me dijo “¿sabes hablar otro idioma?” No respondí y me reí para mis adentros. Otro día, uno de ellos comentó con sorna y desprecio que uno de sus profesores dijo que la teoría de la evolución es cierta y me preguntó qué opinaba. Siguiendo mi filosofía de “nunca hables de fútbol, política, religión y evolución” le dije que cada uno creía en lo que uno quiere y nada está bien ni mal. Pasaron los meses y estos muchachos terminaron convirtiéndose en buenos amigos, por más irreal que suene. Les explico medio muerta de risa que Lima es una ciudad con carros y cosmopolita y que en la selva amazónica hay edificios, casas, carros y motos. Les explico que Singapur es muchos más tecnificada que E.E.U.U. No me creen que en Japón hay maquinas dispensadoras de ropa interior en las oficinas. Por otro lado, estos muchachos me han enseñado que cada uno tiene un punto de vista.
¿Quién es el culpable de inculcar ideas racistas o prejuiciosas? Somos nosotros mismos, nos creamos estereotipos y atacamos sin conocer. Algunos de los primeros comentarios que escuché de boca de estos muchachos fueron “los negros son ociosos y pedantes” y “los mexicanos deberían aprender a hablar inglés y dejar de molestar en su estúpida lengua”. Me siento incluida en estos comentarios pero lo veo desde el punto de vista de que ellos nunca han interactuado con personas de otra raza. Yo fui racista, al creer que estos 5 gringos iban a comportarse como animales sin cerebro. Me equivoqué rotundamente y reconozco que ofendemos sin conocer a las personas o culturas. Cuando me preguntan de qué raza soy, les digo que soy de todo, soy peruana y que entre árabe, indio, chino, español y algo más salí yo. Se matan de la risa cuando les digo que genéticamente soy más saludable que ellos. La prueba contundente fue cuando me preguntaron mi edad, les dije la verdad, 33. Ninguno de ellos me creyó y hasta ahora dicen que no tengo más de 23 años. No sé si me tratan bien por ser mujer o por tener un poco más de conocimientos. Lo cierto es que sé que me estiman, tal vez más que mis compañeros de trabajo que supuestamente tienen más educación. Ayer tuve que ir al hospital para someterme a una cirugía menor y estaba a punto de llamar al taxi cuando uno de ellos apareció y no solo me llevó al hospital, sino que los 5 chicos me esperaron en la sala de visitantes. Me llevaron a la casa e hicieron las compras que necesitaba. Hasta compraron una tarjeta y flores. No seremos del mismo país, no tendremos ni una sola idea en común (ellos son lo que se podría considerar racistas sin cultura), pero existe una tolerancia única entre nosotros que ha hecho posible una amistad un poco extraña, y confieso que cuando se vayan, los extrañaré. Ellos dicen que mis ideas tiene sentido algunas veces y que también me van a extrañar. El racismo y prejuicio existe en todo el mundo. Existe en el Perú, donde se cholea al cholo, donde se hace mofa del charapa, donde se insulta al negro, donde se desprecia al serrano. Existe acá donde el latino es visto como gang members o traficante de drogas. Para terminar solo agrego: trata al mundo como quisieras que te traten.
Pd.- La foto que complementa este post fue tomada en la exposición fotográfica del Museo de St. Mungo, Glasgow, Escocia, sobre el racismo en el mundo. El cartel dice “ No se permite la entrada de negros, mexicanos, orientales, judíos, mulatos (wiggers), maricas, homosexuales, o cualquier otro tipo de “perro chusco. Nosotros no llamamos al 911”. Esta ultima oración implica que si te ven, te matan. Las personas de la foto están en una reunión del KKK, en Alabama, EEUU 2004.
Patricia A. (Estados Unidos)
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