La mamá del que está lejos

Foto: Baranka
La madre del emigrante no es cualquier mamá y el Perú está lleno de ellas. Son madres que vieron a sus hijos, hombres y mujeres, volar lejos, hasta donde los llevaron las alas, los sueños y esperanzas. Son mamás que siguen queriendo, tal vez con más fuerza, tal vez con un poquito más de angustia. Ellas tendrán que pasar un Día de la Madre sin algunos de nosotros y tal vez se pongan un poquito tristes. Mi mamá es una de ellas.
Tengo un tío que salió hace mucho tiempo del país a probar suerte durante el auge del petróleo en Venezuela. Le iba bien y aunque en los primeros años la nostalgia lo animó a escribir extensas cartas, estas fueron disminuyendo en frecuencia y contenido y al pasar del tiempo era solo una cada año. Finalmente, se mudó a otra ciudad y le perdimos el rastro. Aunque pasaron varios años, no pasó un solo día de las madres que mi abuelita no esperara su llamada, una sola fecha familiar que no lo recordara, una sola Navidad que ella no pidiera por él.
Pero el tiempo y la vida los volvieron a reencontrar. Un buen día dimos con su paradero, por esto del “milagro” del Internet, y mi hermana le regaló tal vez uno de los mejores regalos de su vida: un pasaje Lima-Caracas-Lima. El amor de mi abuelita pudo más que sus miedos a volar sola en avión por primera vez a sus ochenta y tantos años. Se armó de coraje, del que tanto tiene y finalmente lo vio. “Se le ve viejo”, nos dijo, como si para ella no debiera pasar el tiempo. Hoy en día se comunican nuevamente y estoy segura que un día como hoy él la debe haber llamado.
Por esas cosas de la vida nosotras también quisimos viajar, incluso más lejos que mi tío. Pero de esta experiencia y de otras innumerables que se saben, sé que aunque un hijo se vaya al otro lado del mundo, no pasará un día sin que mi mamá rece por nosotras, sin que piense en cómo estaremos, qué comeremos, si estaremos sanas, si nos quieren bien. Sé que en medio de los momentos difíciles y de toda la gente que pasa por nuestras vidas, su amor es lo más claro y fuerte que tenemos y tendremos en la vida.
Mi mamá nos enseñó a creer en los sueños y ella es en parte la responsable de que hayamos volado tan lejos. Esta carta es para decirle lo mucho que la queremos y decirle también que ella es un personaje de nuestros sueños de futuro. ¡Feliz día mamita!
Un abrazo muy fuerte no solo a mi maravillosa mamá, a mi abuela y a mis tías sino a todas aquellas madres que abrieron los brazos un día para dejarnos ir, dándonos la mayor prueba de amor que una madre puede dar.
Una emigrante más
Inglaterra

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