Tres kilos de actitud y 14 horas diarias de trabajo

Mi nombre es Germán Llanos. Salí del Perú el 27 de setiembre del 2000 y desde el día siguiente he radicado en Chicago, Illinois. Nunca antes había estado en esta ciudad. Cuando llegué hablaba un poco de inglés, tenía como 300 dólares en el bolsillo y sabía que tenía una tía en un distrito al norte de la ciudad y un tío en otro. A los 25 años, venía con la ilusión de vivir mi sueño americano.
Mi primer trabajo fue repartiendo periódicos de 3 a 6 a.m. en Rogers Park. De allí me iba a trabajar en construcción. Trabajaba 14 horas diarias de lunes a domingo para ahorrar y crearme un capital. Desde que trabajaba en construcción, empecé a estudiar ingles para sacar mi TOEFL y dar el GMAT, porque quería hacer un MBA (maestría en administración). No tenía ni idea de cómo lo iba a pagar, pero sabía que de una manera u otra lo iba a hacer. Reventé la tarjeta de crédito de una prima que me prestó la plata y me matriculé en Kaplan, que es un centro de preparación para el GMAT.
En las noches iba a estudiar a Lincoln Park (el Miraflores de Chicago), sudoso y sucio después de trabajar en demolición todo el día. Con el sudor seco y mi caja de herramientas debajo de la carpeta, me sentaba al costado de los ‘white collar yuppies’ de Chicago. A veces me dormía y tenía que comerme hasta tres Snickers con Coca Cola para tener tanta azúcar como para quedarme despierto hasta las 9 de la noche. De allí tomaba un tren hasta Skokie (suburbio), a donde llegaba como a las 11 p.m. Al día siguiente, de nuevo la misma jarana de salir a las 5 de la mañana.Ocho meses más tarde empecé a trabajar para un banco como cajero. Fue un poco chocante después de haber sido funcionario comercial de un banco local, pero recuerden que chamba es chamba. Luego de una semi pulmonía, causada por el invierno de Chicago, cambié el reparto de los periódicos por un ‘part time’ en Marshalls. Seguía con las 14 horas diarias todos los días. Llegaba a mi casa agotado y algunas mis relaciones amorosas fueron un desastre.
Soñaba con tener una posición de sectorista como la que tenia en Lima (Commercial Officer), pero nadie me paraba bola con eso de que no tenía American Banking Experience. Mandé mi curriculum a 103 entidades financieras y tuve 34 entrevistas. Finalmente hubo un banco que me abrió la puerta y entré como Personal Banker. De allí subí a Analista de Créditos y luego a Oficial de Recuperaciones, además el banco me pagó el MBA. (En estas líneas he resumido tres años de mi vida).
Con el MBA seguí subiendo la escalera de Corporate America hasta que la idea del salario de seis dígitos no era algo significativo y fui Senior Commercial Lender. El sueño ya estaba hecho: tenía una buena posición y finalmente le daba la vuelta al partido.
En todo este tiempo, una de mis grandes angustias era que no podía ir a ver a mi papá a Lima hasta que se arreglasen mis papeles. Finalmente, como a finales del 2006, pude traer a mi mamá y a mi papá del Perú. Antes ya había podido traer a mi hermana. Para completar la novela sudamericana mi mamá se estaba recuperando del cáncer y mi papá se había quedado parapléjico después de dos derrames cerebrales en el 2003. (Para que vean que no me tiraba los seis dígitos ‘bricheando’ o comprando cosas innecesarias… Como comprenderán, mis cuentas en las farmacias siempre han sido criminales).
Nota aparte: Mi padre es el peruano que siempre pagó sus impuestos a la Sunat, que se estresaba con los cupos de Guerra de Sendero Luminoso y que nunca se pasó una luz roja a las dos de la mañana. En cualquier parte del mundo sería un ejemplo y en el Perú un cojudo.
A mi papá le dieron dos derrames cerebrales por pagar boletas de universidad y forjarnos un futuro a mi familia en nuestra patria. Es un gran hombre que no ahorró para su jubilación y que ahora depende de nosotros, los pragmáticos de la Generación X.
Siempre atiendan a sus padres porque algún día serán ancianos y les garantizo que si lo hacen, la vida les devolverá el triple.
Según como yo veo la vida, esto no acaba aquí. Para mí el partido recién empieza. Siempre he creído que a los peruanos (no a todos) se nos ha educado con mentalidad de empleados en todos los escalones sociales. Pregúntenle a muchos de sus amigos sobre qué sería bacán en la vida y muchos dirán:” ’ta que una buena chamba, un buen carro, un buen depa y una flaca bien rica de jerma pe…”.
Recuerdo que mis profesores de Economía nos hablaban de cómo llegar a ser Funcionario Comercial del Banco Central era un sueño. ¡¡¡Imagínense un puesto burocrático como lo mejor del mundo!!! Ojalá la formación que ustedes han tenido haya sido distinta, pero cuando yo estudiaba no se pensaba que Warren Buffet, Bill Gates o Steve Jobs sean modelos a seguir. La mentalidad empresarial y el amor por el trabajo no son algo que se premie en nuestra sociedad, donde el culto a ‘Pepe el vivo’ es alucinante.
Si algo aprendí de los judíos, americanos e italianos, eso fue tratar de trabajar independientemente, a no tratar de ser el gerente sino ser el dueño. Mi siguiente paso y mi presente es desarrollar mi compañía: 24 Hours Chicago Real Estate LLC. La comencé en el 2005 en medio de la burbuja inmobiliaria y desde entonces, gracias a Dios y a las ganas, me ha ido bien. Ahora comparto este sueño con mi esposa, que es otra inmigrante europea que tiene la misma mentalidad. Si bien sigo con un trabajo en Corporate America por ahora, pues los gastos de mi papá me obligan a tener un sueldo fijo, sigo trabajando para hacer crecer mi empresa.
Soy Germán Llanos y tengo 32 años. En Lima pude haber sido tu vecino: zambo, 1.80 metros de estatura, no tan flaco ahora como cuando tenia 15. Tomaba el Venegas para ir al colegio, veía el “Chavo del Ocho” e hice cola para comprar leche Enci en el primer gobierno de Alan García. No he ganado nada todavía, pero trabajo tan fuerte como el primer día que pisé este país y sueño en volver algún día al Perú a aplicar las cosas que haya aprendido. Creo en el trabajo duro, en que cada año será mejor que el anterior y en que los peruanos podemos lograr cosas grandes en la vida.
Señores: ¡yo también me llamo Perú!
Germán Llanos, Estados Unidos
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