El valor de la amistad a la distancia

Hoy, después de tanto tiempo de leer los blogs de El Comercio, me animé a escribir un poco sobre mi experiencia como inmigrante. Puedo escribir de muchas cosas, pero hoy voy a escribir sobre el valor de la amistad. A diferencia del post “Mi primer mes y mi primer amigo”, donde el autor habla sobre el primer amigo en el exterior, voy a hablar del valor de la amistad cuando uno está lejos. Hoy no fue un buen día para mí. Primero me levante recontra cansada. No quería ir a trabajar. Pero no porque mi trabajo sea terrible o aburrido, simplemente estaba cansada. Algunas noches se me quita el sueño pensando en el Perú y en las cosas que me estaré perdiendo, o en los recuerdos que me vienen a la cabeza gracias a algún blog o noticia que leí durante el día. Luego en el trabajo lo pasé más ocupada. Trabajo en un laboratorio en un College. Y justo esta es la primera semana de clases. En el trabajo somos 3 personas y para mala suerte no vino uno de mis compañeros y la otra muchacha se fue temprano. Me quedé sola y con mucho trabajo.
Después llegué a mi casa, donde mis compañías, aparte de mi esposo, son un pescadito llamado “Filet”, una gatita llamada “Alli” y un gatito llamado “Paws”. El mal día no cambió mucho cuando llegué a mi hogat. Mi pescadito, que ya lleva como tres días enfermo, se veía mucho peor. Encima de eso, un regalo para mi esposo, que había ordenado por Internet, había llegado roto. El día era un desastre. Sé que estos problemas no son nada en comparación con los de otras personas, pero de todos modos me afectaron un poquito y decidí llamar a mi mamá. Definitivamente me ayudó mucho conversar con ella. Saber que hay alguien ahí a quien le importa cómo estas y que nos hace ver que nuestros problemas no son nada y que pronto pasarán.
Ya estaba más tranquila cuando recibí la llamada de mi amiga Lourdes. Me costó creer que fuera ella. Me llamaba desde un lugar alejado de Huaraz. Ella es mi amiga desde siempre. La conocí en secundaria. Solo compartimos 3 años de los 5 de secundaria pero, como siempre le digo, no sé cómo llegamos a ser amigas. Ella, alegre, bromista y habladora, en ese tiempo era complemente diferente a mí, callada, tímida, seria (toda una nerd). Ella me llamaba con una noticia que de verdad me sacó de toda tristeza. Me contó que fue a El Comercio para conseguirme la firma de Renato en el libro que ella mandó a comprar el mes pasado. Ella sabe hacerme reír y siempre está ahí para sacarme de esos momentos oscuros de pequeña o gran tristeza.
No es que no tenga amigos aquí. Tengo algunos, pero creo que estos 4 años todavía no me ha revelado una amiga como Lourdes. A veces pienso que a pesar de que mi vida está aquí en Boston, parte de mí todavía está en Lima. Es realmente difícil crear los mismos lazos aquí. A veces los que están en Lima no saben cómo afectan nuestras vidas. Tampoco que una simple llamada nos hace la vida más llevadera. A veces le digo a mi esposo que me gustaría tener el transportador que usaban en la serie “Stark Trek” ir frecuentemente a Lima a conversar y compartir unos momentos con los amigos y la familia. No sé si algún día me acostumbraré totalmente a esta ciudad, pero definitivamente sé que Lourdes, mi mamita y otros amigos de Lima siempre estarán siempre dispuestos a escuchar mis penas y alegrías.
Tú que estás en el Perú ¿Cuándo fue la última vez que llamaste a ese amigo que está tan lejos? Tú que estás afuera de nuestro terruño, ¿tienes algun amigo(a) como mi amiga Lourdes?
Ely V. O. Boston, Estados Unidos
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