Viaje al interior del ser

Foto: Marlene Ronan
Cuando era niña solía jugar con el piano que teníamos en casa e inventaba mis propias melodías. Por alguna extraña razón, estas siempre eran melancólicas o muy tristes, y no había forma de hacerlas alegres, así como era yo en ese momento: una niña alegre y feliz. Terminé renunciando a crear mis canciones solo porque me fastidiaba que estas fueran tan tristes y por eso nunca más me senté en un piano a jugar creando melodías.
Ahora que me provoca escribir me doy con la misma sorpresa. Lo que escribo termina siendo muy triste, a pesar que no necesariamente esté triste. Pero esta vez no voy a renunciar. Por lo general me siento muy alegre y positiva, soy emprendedora y no suelo amilanarme o deprimirme tan fácilmente. Sin embargo, me llama la atención que muy dentro de mí hay alguien más que se siente diferente y se expresa diferente cuando dejo que se exprese.Un día, ese ser que llevo dentro me introdujo dentro de reiki. Nunca había oído hablar de reiki y menos sabía el significado de la palabra. Mientras indagaba por Internet encontré que una pareja estaba dando clases, me inscribí y desde entonces no puedo ser la misma.
Por alguna razón también creo entender cómo se sienten los gays o lesbianas cuando dicen: “Estoy atrapado en el cuerpo de una mujer u hombre”, cuando físicamente son lo opuesto.
Supongo que la necesidad que este espíritu mío tiene de expresarse me ha llevado por los nuevos caminos que últimamente ando recorriendo: El camino del entendimiento espiritual, una ruta larga, oscura, complicada y muy dolorosa al interior de mi propio ser.
Con la misma idea que todos los seres humanos tenemos y por la que decimos “por mi mejoría hasta mi casa dejaría” fue que deje mi ciudad natal, Huancayo, por Lima y luego Lima por Nueva York, donde está mi corazón.
Esta ciudad representa la realidad de mis sueños de niña, cuando solía soñar que el Valle del Mantaro estaba lleno de edificios grandes y luminosos. Esos sueños no eran otra cosa que la imagen que treinta años después vería. Así como ese sueño, he tenido muchos que han sido muy premonitorios, pero en realidad nunca le tomé la importancia o atención debida.
Siempre fui muy ambiciosa y me importaba mucho las cosas que pudiera tener. Como en la mayoría de personas, eso empieza en la adolescencia o tal vez antes: Esos deseos locos de tener la última ropa o peinado de moda o los últimos juguetes; o después, cuando uno se casa, y tiene la ambición de conseguir su propio departamento o auto, después los viajes o clases de todo tipo solo para alimentar el intelecto… Y así, infinidad de metas alcanzadas con esfuerzo, sacrificio y, por supuesto, también con mucho entusiasmo.
Ese entusiasmo se detuvo el día que visité a la madre de mi esposo. Ella sufría de alzheimer y estaba paralizada, postrada en una silla de ruedas. Había nacido el mismo día que yo y su casa representaba exactamente lo mismo que yo quería alcanzar. Empecé a indagar entre sus cosas y, así como un arqueólogo descubre la historia a través de excavaciones, yo traté de indagar y husmear entre sus pertenencias, y traté de entender a esta mujer y su vida. Estaba presenciando mi propia vida…
Después de reiki me volví mucho más sensitiva. Mis premoniciones e intuición se agudizan cada vez más. Sin embargo, las rutinas ordinarias de la vida me desconcentran y me apartan constantemente de este secreto recorrido que emprendí. Lo mismo sucede con mis propias dudas e inseguridades; por ejemplo, cómo le explico a mi hijo que si le pongo la mano en el ojo para que se le quite el orzuelo, este se irá; o a mi esposo, con su ciática y la energía de mis manos y la promesa que el dolor desaparecerá solo con ponerlas; o a mi madre, a quien se le quitó el cáncer solo porque le mande energía a distancia. Ni yo lo creo.
Cómo puedo creer que estoy recibiendo información telepática que me dice que debo dar a conocer que es tiempo de cambiar. ¿De cambiar qué? ¿El conocimiento? ¿What?
Cómo explico que la parte que me toca decir a mí es solamente que es tiempo de buscar el amor, la paz, la tranquilidad, la armonía en nuestro propio ser y prodigarlo a los que nos rodean. Mi madre tenía razón: no debería leer tantos libros.
A fin de distraer este propósito, que no es precisamente mi propósito sino de este ser interior que ya les dije habita en mí, distraje mi atención hacia otros conocimientos como la numerología, astrología, feng shui, i ching o sufismo, incluyendo las profecías de los Mayas o lo que descubrí de la tierra hueca. Nada profundo, simplemente con la ligera intención de conocer un poco más y ¡oh sorpresa!, todo eso tiene que ver con reiki también. ¿Y el chamán? ¿Por qué tenía tantos deseos de ir a ver a un chamán en el Cusco? El mismo deseo insano que tuve cuando, con tanta desesperación, de pronto quise comer una pera de agua y salí corriendo de la oficina en la que trabajaba entonces, en plena sesión de directores, cuando mi jefe necesitaba documentos que solo yo sabía dónde estaban. Salí de la oficina sin permiso y corrí y corrí por la avenida Benavides a encontrar al carretillero de frutas todo por conseguir la bendita pera. Una pera cara no solo porque era fuera de temporada sino porque me costó tremenda llamada de atención. Pero al morderla tan desesperadamente y ya en mi boca ¡¡¡qué sensación tan divina!!!
No fui al Cusco y fue muy frustrante. Es como si no hubiera podido dar esa mordida a la pera (pregúntenle a una embarazada qué se siente cuando no tienen lo que se les antoja en ese momento). No fui por atender las cosas ordinarias que ocupan mi vida viviendo en Nueva York. Ojalá hubiera ido. De ese modo no hubiera tenido que aprender la nueva lección que aprendí junto con mis hijos en estos últimos cuatro meses de nuestras vidas. Todavía sigo procesando por qué y para qué tuvimos que pasar por esa experiencia. Todavía no logro entender, pero prometo compartirla.
No sé cómo, pero siempre supe que el águila iría a ver al cóndor. El águila representa este lado del mundo donde ahora estoy: el lado material, el lado mental. El águila es el animal que representa la libertad y la ilusión de alcanzar los sueños más altruistas. Esa necesidad de entender y alimentar mi lado mental y material me trajo hasta aquí. Lo irónico es que nací en el lado que representa al cóndor, aquel que representa el espíritu y el corazón noble, compasivo y sabio. Del lado de la tierra que respeta a la madre naturaleza y dice que esta nos pertenece a todos.
Tal vez el tiempo de juntarse ha llegado. Y creo mi espíritu y otros espíritus en el mundo lo andan buscando. El balance de esas energías y el encuentro se tiene que dar en algún momento y tal vez de ahí viene esa melancolía. Como cuando el yin busca al yang (el espíritu femenino buscando al espíritu masculino).
A estas alturas mi cursor y la página se están moviendo solas. Debe ser algún espíritu juguetón y feliz de que yo comparta esto con ustedes. Bueno, eso prefiero pensar, es la primera vez que me pasa algo así.
Amor, paz, luz, armonía y mayor entendimiento en sus espíritus y sus corazones, es lo que deseo para ustedes en el 2009 desde la Gran Manzana, donde todo es posible.
Marlene Ronan, Estados Unidos

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