Yo no soy una chica Almodóvar

Me llamo Úrsula y hasta hace poco tenía la certeza de que era hispanohablante. De esto estuve convencida veintinueve años de mi vida, aunque aquí en Madrí muchas veces mi español me contradiga a carcajadas. Como diría mi compañero de piso, “eso” que yo hablo no es castellano. Dice que las palabras las invento, que es imposible que exista un ser llamado guachimán, un condimento que tenga por nombre ají y, lo peor, que yo sea una polla (1) confesa. Debo admitir que luego de su carcajada y explicación inmediata, yo dejé de ser una polla aquí y a nivel mundial.
Pero así como pensé que mi español era casi casi universal, debo confesar que todo lo que yo sabía o creía saber de España lo encajé en una sencilla ecuación aprendida y muchas veces extendida a nivel internacional: toro + tortilla + flamenco + turrón + Rafael Nadal = España. Pero como todo, y más aun cuando se trata de un país y de las personas, la ecuación fue una operación matemáticamente incorrecta e imprecisa, una fórmula arbitrariamente injusta que repasé y memoricé tres meses antes de llegar al sur de Madrid para estudiar una maestría.Casi siete meses después sigo siendo Úrsula, pero bajo la manga y en mi cabeza la ecuación es otra. Bajé la guardia, olvidé el escudo y me quité las gafas; dejé que mi español cruzará fronteras. Conocí y dejé que me conocieran.
No soy ni seré la misma luego de los autocares (combi, micro, bus), el curro (chamba), las gambas (langostinos), el albornoz (bata), la discoteca petada (a full, llena de gente), la cazadora (casaca), el ordenador (computadora), los guarros (cochinos), las empollonas (chanconas), las petardas (chinches) y las cañas (chelas); ni mis compañeros –de piso y del máster- serán los mismos después de escuchar tan frecuentemente OK en vez de vale, ustedes en vez de vosotros, laptop en vez de portátil, celular en vez de móvil, malogrado en vez de estropeado o chau en vez de hasta luego, entre otras palabras.
Al principio, te rebanas los sesos tratando de entender cómo es que la palta no existe en el supermercado -al menos no con ese nombre- y por qué el rostro de incógnita en la tienda cuando preguntas por el saco y la chalina que te abrigarán en invierno. “Qué no es saco, tía, pide un abrigo y una bufanda”, me dijo una amiga madrileña.
Pero si para mí fue una tarea dura la de entender la jerga española, para mis compañeros no fue una labor sencilla. Saliendo del supermercado y ante la insistencia de mi compañero de piso por apurar el paso, se me salió del alma un “aguanta tu coche”. Su gesto es irreproducible, pero luego del silencio me dijo. “Flipo contigo tía, ¿qué quieres que haga con el coche?” Y aprovechó ese momento para recordarme mis ahora frases célebres en el piso: “Vamos a tomar unos tragos” (Aquí usan vamos de copas o a beber); “Me voy a bañar” (Me voy a duchar), “Se me malogró la comida”, “Son un cuarto para las…”(Menos cuarto).
Macho, es lo que hay
Con las majas, los chulos (2), el tinto de verano, las marujas (3), el helado de turrón, la vuelta a clases, la Renfe (4) y el metro “abre caminos”, mis compañeros de piso, los paraguas chinos antiviento, el invierno seco y soleado, el Retiro y el jamón de mil y un colores, Madrid me acogió.
A por el español, en cada una de sus formas. Audaz, elástico, muchas veces indescifrable e interminable, pero sobre todo por dejarme ver más allá de lo que yo creía evidente. Porque este repaso lingüístico y mental también me sirvió para darme cuenta que muchas cosas que creía inamovibles podrían haberme robado algunas sonrisas y muchas buenas vivencias.

Todo tiene su final
Aunque al principio estuve a punto de regresar a Lima porque pensé que extrañaba mogollón (5), ahora disfruto el cambio. Hasta hoy, algunos días pesan y tengo morriña (6), pero así como el domingo extraño el almuerzo familiar, el chifa, la cumbia y demás, aquí no me puedo quejar.
He dejado que me líen, o mejor dicho, que me convenzan para beber porque sí. Sin más motivo que beber una caña porque la tarde está fríamente soleada. Como o no como, depende de lo que quiera, tengo un cuarto, una tele con siete canales y dos que son como mis hermanos –Chus y Marta-, un par de gallegos que viven conmigo, ella al frente y él a la derecha, ella en los veinte y él empezando los treinta. Aunque somos y estamos por motivos diferentes, hemos creado una especie de pandilla. Eso sí, juntos pero no revueltos. Respetamos, ruidos y silencios, castañas (7) y nuestra casi desapercibida mala hostia (8).
Tampoco puedo dejar de mencionar al otro Jesús. Andaluz de nacimiento, que lleva un par de años en este piso de Getafe ubicado al sur de Madrid, y a una distancia envidiable de mi universidad (8 minutos a paso muy lento). Con Jesú, que es como le dirían en el acento andaluz, somos cuatro, y a veces cinco (cuando viene su novia).
Hombre, somos los que somos, estamos los que estamos y aunque hablemos algunos más que otros, el 4C es un piso que muchos quisieran tener.
A que sí…
Ya me habían advertido que cuando estuviera más cercano el regreso, el tiempo se pasaría muy rápido. Ahora puedo decir que no es hasta que vives sola, lejos de tu casa y de tu familia que te das cuenta que son los pequeños detalles, a quienes conoces y las malas experiencias -ahora convertidas en buenas anécdotas- las que crean una nueva versión tuya. No sé si peor o mejor, pero gratificante sin duda.
No sé si me quiero ir tan pronto, justo cuando ya me estaba acostumbrando a casi todo -incluida la nueva versión del castellano-, menos al domingo sin supermercados, a las tiendas cerradas por la impostergable siesta de 2 a 4 y al cine doblado. Después de eso, ¡lo demás es la leche!
Yo no soy una chica Almodóvar. Soy Úrsula, soy peruana y hoy, después de veintinueve años, me di cuenta que sabía muy poco de España.
1.-Jerga para referirse al órgano sexual masculino
2.-Bacanes
3.-Amas de casa
4.-Red Nacional de Ferrocarriles Españoles
5.-Montón
6.-En Gallego: Extrañar la casa, nostalgia.
7.-Borrachera
8.-Mal humor
Un breve diccionario de frases coloquiales:
Acojonada: Asustada
Adiós: Despedida para gente que no conoces o no volverás a ver pronto
Agujetas: Dolor muscular
Albornoz: Bata de baño
Apañado: Se las arregla con poco
Calimocho: Trago barato de vino y Coca Cola
Castaña: Bomba, borrachera
Chati: Chica
Cojonudo: Bestial
Chapaste: Estudiaste mucho
Chulo: Bonito (Lugar) o chico bacán
Chuches: Caramelos, chucherías
Chungo: Enfermo, feo, difícil
Es la leche: Lo máximo, increíble
Ese lugar está guapo / chulo: bonito
Es una pasada: Chévere
Guarro: Cochino
Guay: Paja, chévere, mostro
Guiris: extranjeros, sobre todo norteamericanos
Hasta luego: Chau, despedida para alguien conocido y que verás pronto o ves seguido.
Jolín: caray
Maruja: Típica vieja chismosa o ama de casa
Me liaron, me líe: Confusión o juerguearse
Me parto: Me mato de risa
Me sale de las narices: Hago lo que me da la gana
Mojigata: Cucufata
No me toques las narices: No me molestes
Paso de (ella, él, matemáticas): Me importa un pepino
Pastón: Mucha plata
Pija: Pituca
Pringado: Tonto, que se le engaña fácil
Se le va la olla: Está mal de la cabeza
Tela: Complicado
Te lo has currado: ¡Qué tal chamba!
Tiene morbo: Sexy
Tripa: Panza, barriga
Venga: Bueno, Dale
Úrsula Franco, España
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