Mi vida en Turquía
Una peruana nos cuenta cómo es la vida en Izmir, una ciudad turca a la que llegó a vivir hace dos meses y medio.
Merhaba (hola). Hace tres meses vine a vivir a Izmir (Turquía) pues me casé con un turco. Recuerdo que desde que nos casamos mi esposo siempre quiso que viniéramos a vivir acá, pero yo siempre estuve postergando y postergando la fecha hasta que 2 años y medio después tuve que dejar todo y venir.
Realmente me siento como huevo en cebiche. ¡Todo tan diferente! Extraño mi rica comida peruana y lo peor de todo es que no se encuentran los ingredientes para prepararla. Por ejemplo, no hay ají, culantro, apio y el limón es muy diferente, con decirles que me moría por comer arroz con pollo, pero como no hay culantro se me ocurrió hacerlo con espinaca y me quedó muy rico.
Izmir es una ciudad moderna. Contra lo que todos piensan, no se ven muchas mujeres con turbante, por el contrario, acá impera la moda europea. Recuerdo que antes de viajar mis amigos en el Perú me decían que no viniera porque acá me iban a tener prisionera o con velo y que no iba a tener voz ni voto, pero nada de eso es cierto, acá las mujeres sí trabajan (aunque, claro, no todas).
Extraño mi hermoso país. Antes ya había vivido en Ecuador y viajé por Latinoamérica, pero sabes que en cualquier momento puedes tomar un avión y regresar –o si no te alcanza puedes subir a un bus– pero acá, al otro lado del mundo, eso se hace difícil. No salgo mucho porque mi esposo trabaja, mis cuñadas trabajan y sola no puedo salir por el problema del idioma. Si bien hablo ingles, acá no todos lo hablan. Cuando salgo a la calle con mi esposo y hablamos en español nos miran como si viniéramos de otro planeta y se siente un poco raro ja,ja.
Esta ciudad me gusta porque es muy tranquila, hay la confianza de dejar las cosas afuera y no se las roban, no como en Lima. Izmir es ordenada y limpia, pero lo que detesto son las visitas. Todo el día te quieren visitar, las vecinas vienen a tu casa a tomar el famoso té turco, el café turco y a comer la fruta, y para cerrar con broche de oro tienes que ofrecerles la colonia para que se echen en sus manos. Es desesperante que invadan tu privacidad y que entren como Pedro por su casa (eso sí, son muy mirones, por lo que tu casa tiene que brillar). Por suerte, como ya hemos vivido en el Perú, mi esposo sabe que a mí no me gustan las visitas a cada momento y ya pusimos un stop a esa situación.
Creo que acá no hay muchas latinas y mucho menos peruanas, salvo una amiga que tengo cerca y a la que solo conozco por Internet. Por otro lado, la comida es rica y en algunos casos parecida a la de nosotros, full pastas y algunas cosas raras que no paso.
Acá todo el día me la paso sumergida en el mundo de Internet porque eso me hace sentir como si estuviera en el Perú. Escucho radios peruanas, visitando páginas peruanas y todo lo que me lleve imaginariamente a mi país, ya que no tengo otra cosa que hacer, solo estudiar el idioma. Selam soyle arkadas (saludos a mis amigos).
Lizbeth Galarreta, Turquía
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