Viviendo y aprendiendo en Estados Unidos
Llegar a un lugar diferente, donde las costumbres son distintas a las que uno vio en su tierra natal, trae consigo muchos retos, algunos más difíciles y complicados que otros, pero todos necesarios para aprender y luego en el futuro mirar atrás y sonreír.
Recuerdo que tenía un mes de haber llegado a mi aventura llamada Estados Unidos, apenas tenía una amiga que hablaba español (en realidad creo que era la única amiga que tenía), su nombre es Andrea, asistíamos juntas a las clases de inglés después del trabajo, pasábamos las mil y una ambas aprendiendo a manejar carro mecánico, se nos apagaba en medio de la carretera, hacíamos mal el cambio de marcha y qué decir del hecho de llegar cerca a un semáforo en una pista empinada (eso era como una película de terror): cuando veíamos que nos tocaría frenar en un semáforo que estaba en una colina simplemente frenábamos antes que comenzara la subida, qué miedo teníamos, salir en primera y coordinar el embrague con el acelerador era más que una pesadilla.
Con el paso de los días íbamos mejorando, hasta que finalmente aprendimos y podíamos manejar tranquilamente sin temor que al salir el carro se nos “muriera”, que nos “resbaláramos” en alguna subida, o sin salir disparadas después de un “Stop”. ¡Qué gran logro!
¡Qué linda era la vida! Los sábados por la mañana, desde que amanecía, ya estábamos listas, con el CD (en español) para escuchar música a todo volumen y cantar a todo dar “Te veo venir soledad”. Nos vestíamos con la ropa más bonita que teníamos, el Saturn blanco de dos puertas con ‘sunroof’ esperándonos en el estacionamiento de la casa para llevarnos a todos los centros comerciales a pasear (porque a comprar no íbamos).
Finalmente estábamos en el carro, manejando con los bellos días de sol, escuchando nuestra música favorita, acordándonos de cómo era la vida de bonita mientras estábamos en “casa”…cuando en eso…un carro que venía en sentido contrario nos hizo un juego de luces…nos pareció como raro…pero realmente no entendimos, seguimos manejando sin darle importancia a ese acontecimiento. Poco después, sospechosamente otro carro que venía en dirección contraria nos volvió a hacer el mismo juego de luces, esta vez comenzamos a preguntarnos qué estaba ocurriendo. Sin notar nada diferente continuamos nuestro camino al centro comercial, paseamos, paseamos y comimos y comimos….de regreso a casa, mientras todavía había luz solar, manejábamos tranquilamente, cantando y cantando…cuando nuevamente alguien nos hizo el juego de luces, esta vez ya nos parecía demasiado extraña esa situación, así que decidimos orillarnos y chequear que todo en el carro estaba bien. Lo miramos por arriba, por abajo y por los costados, aparentemente no había ningún problema, así que decidimos continuar el viaje de regreso a casa… cuando en eso otro carro nos hizo un cambio de luces. Esta vez, bastante preocupadas, bajamos del carro y revisamos todo como si fuéramos grandes conocedoras de mecánica, pero todo seguía normal, así que decidimos no hacer más caso a eso y nos pusimos a pensar que la gente nos hacía eso porque tal vez éramos las hispanas más bonitas que habían visto o que algo en nuestro carro les llamaba la atención.
Muchos fines de semana nos sucedió la misma historia, vivíamos pensando que nuestro Saturn era el más bonito y llamativo de la ciudad, y cada vez que alguna persona nos hacía un cambio de luces, optábamos por sonreír y saludar… ¡bien ‘nice’ nosotras!
Hasta que un buen día, viajando con un amigo estadounidense nos sucedió lo mismo: el bendito juego de luces que ya nos tenía locas. Él disminuyó la velocidad inmediatamente… nosotras nos miramos como quien dice “qué pasa” y le preguntamos por qué hacía eso, y nos explicó que cuando un carro que viene en sentido contrario te hace un juego de luces es para alertarte que un policía de carretera está más adelante, así que si uno viene corriendo como un loco debe disminuir la velocidad.
Con Andrea nos miramos la una a la otra con cara de asombro y no paramos de reír, ¡finalmente comprendimos que no era el bello Saturn y menos nuestra belleza latina lo que hacía que los carros nos hicieran juego de luces! Muchas cosas por aprender nos esperaban en esta aventura que todavía no llega a su fin pero que disfrutamos día a día.
Heydi Salcedo, Estados Unidos
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