Un matrimonio muy a la peruana
“¿Y tienen alguna idea de cómo quieren las fotos?”, me preguntó Mónica, nuestra fotógrafa de la boda y amiga de mis tiempos universitarios. “Bueno, si es posible me gustaría una llegando en mototaxi”, respondió muy franca y dulcemente Ans. Su broma-idea fue el comienzo de lo que resultó ser una sesión de fotos de boda muy a la peruana, por no ponerlo de otra forma. Leer para creer.
Ans y yo estábamos casados por la vía civil desde el primero de agosto del 2008, fecha en la que nos dimos el sí en el municipio de su natal Gante, en Bélgica. El preludio de cómo un compatriota encontró el amor en tierras Europeas es el siguiente:
Llegué a Bélgica en el 2002 para estudiar un posgrado. Como se imaginarán, durante aquel año viví una gran cantidad de aventuras y experiencias. Al término de mis estudios recibí una oferta de trabajo de una empresa local, por lo que decidí alargar mi estadía en tierras belgas durante un año (el tiempo del contrato). Ya chambeando, un viernes como cualquier otro salí con otros colegas extranjeros a tomar algo a uno de los bares de la ciudad donde trabajaba. Fue ahí donde vi por primera vez a Ans, quién tomaba algo junto a sus amigas. Dado mi ‘look foráneo ‘ (yungay dicen por ahí) no se me hizo muy difícil entablar conversación con ella. Lo que siguió a continuación fue un flechazo a primera vista y desde esa noche nos convertimos prácticamente en inseparables.
No pasó mucho tiempo para que la invitase a viajar a conocer a mi mamá y a mi hermana, quienes vivían en EEUU. Luego la llevé a Perú a conocer al resto de la familia. Tampoco pasó mucho para mudarnos a vivir juntos, así que decidí alargar mi estadía en Europa por una fecha indefinida. El día que le propuse matrimonio fue sencillamente una formalidad, ya que desde hacía tiempo sabía que ella era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida.
En fin, era fines del 2007 y decidimos organizar la boda civil y dejar la religiosa para noviembre del 2008. El destino quiso que Ans saliera embarazada en febrero del 2008, por lo cual tuvimos que cambiar los planes. Uno de ellos fue organizar solo una ceremonia civil y dejar la boda religiosa para otro momento.
Un precioso varoncito de ojos verdes y pelo negro (un mix latino-caucásico) vino a este mundo hacia fines de noviembre de ese año: ¡Por fin éramos padres!
Ni bien nació mi hijo, me ausenté del trabajo unas semanas para poder disfrutar del nuevo miembro de la familia. Ya de vuelta en la chamba, recibí un día la llamada de mi mamá, quién me propuso bautizar al bebé en Lima y aprovechar para realizar el matrimonio religioso. La familia de mi Ans se entusiasmó con la idea y antes de que nos diéramos cuenta, teníamos a un manchón de belgas interesados en ir a visitar el Perú (con la excusa de ir a la boda/bautizo). Así que dijimos: “Si ellos se dan el trabajo de ir hasta allá, ¿por qué no organizar otra boda a lo grande, tal como lo hicimos acá en Europa?
Fue así como nos embarcamos en la aventura de nuevamente organizar un matrimonio, esta vez en Lima, con todas las coordinaciones necesarias hechas a la distancia (mi cuenta telefónica puede dar fe de ese período). A la distancia nuestros ojos, brazos y piernas fueron mi familia en Perú. Finalmente le pusimos fecha a la celebración; sería el 2 de enero del 2010. Además, de esta manera recibiríamos el año de una forma muy especial.
Dispuestos a pasar unas vacaciones especiales, llegamos al Perú a mediados de diciembre del 2009. Ni bien aterrizamos, nos pusimos a ver los detalles de la ceremonia y la fiesta, tarea que se convitió en nuestra prioridad.
Para la cena/fiesta, mi mama encontró en Chorrillos una casa con jardines preciosos. Un día quedamos con Mónica para ir a visitar el local, nosotros para conocerlo (solo lo habíamos visto por fotos), y ella para tener una idea de dónde se podría organizar el fotoshoot después de la ceremonia religiosa.
Camino a la locación fue cuando ella nos preguntó acerca de nuestras preferencias fotográficas. No sé ustedes, pero a mí eso de tomarme fotos en el parque del amor o en la pileta de no sé qué no me llama mucho la atención (lo mismo pasa con Ans). No es que no seamos formales o anti tradicionales, si no que sencillamente la idea no nos entraba. En Bélgica nuestra sesión de fotos había sido a la tradicional. Esta vez queríamos algo diferente y fue ahí cuando a Ans se le ocurrió la genial idea del mototaxi
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Antes de que nos diéramos cuenta, su comentario desencadenó un brainstorming creativo que duró horas enteras. Dándole vueltas al asunto, decidimos que el matrimonio girara sobre una misma temática: El Perú profundo. Como mi esposa es extranjera, deseaba llevarse un recuerdo real de cómo es la vida en el país y sobre cómo vive ‘el pueblo’ de verdad.
En “El mundo es ancho y ajeno”, Ciro Alegría reivindica al indígena latino y a su cultura. En “El día de nuestra boda”, una pareja de locos decidió reivindicar el respeto y admiración hacia las pequeñas cosas que forman la realidad peruana. Acá les dejo la prueba de que el amor no solo traspasa fronteras, si no también conceptos. Quizás esto le pueda servir de inspiración a otras parejas, quienes podrían darse cuenta de que se puede encontrar belleza y felicidad en cosas que vemos como triviales.
Aquí les dejo las fotos; eso si, ojito ojito, no son aptas para pitucos.
Luis Urquiza
Bélgica
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