Marco Quilca León

La leyenda de se construyó en apenas 10.6 segundos. Bajo el sofocante calor del mediodía mexicano, el argentino hizo realidad lo que nunca nadie había podido hacer: el gol perfecto. Ciento catorce mil personas, instaladas en las tribunas del estadio Azteca, fueron testigos del “Gol del Siglo”, el gol del Diego a Inglaterra en el Mundial de 1986 con el que pasó a llamarse ‘D10s’ o ‘Barrilete Cósmico’. Su más grande creación, aunque no fue de ninguna manera una jugada improvisada. Pocos saben, pero seis años atrás ya lo había ensayado. En otro escenario, pero ante el mismo rival.

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“Al gol se lo puede llamar de muchas maneras. Es el gol soñado, pero lo quiero llamar “Gracias al Turco”, por mi hermanito. Yo había hecho una jugada muy parecida en Wembley, cuando perdimos 3-1 y yo jugaba por primera vez con la selección mayor en Wembley y en vez de enganchar para adentro, le jugué la pelota a la derecha, creyendo que podía definir con tranquilidad y se me fue para afuera, por centímetros”, narró Maradona en 2005, durante una de las ediciones especiales de La Noche del Diez, su programa de TV.

Wembley, también conocido como la “Catedral del fútbol”, escenario donde a inicios de mes Argentina derrotó a Italia en “La Finalissima”, el partido que enfrentaba al campeón de la Copa América con el de la Eurocopa, fue el mismo que vio a Diego Armando Maradona realizar el primer y único intento del “Gol del siglo”.

Fue un martes 13 de mayo de 1980. El ‘Pelusa’ por entonces tenía 19 años, aún jugaba en Argentinos Juniors y tenías esa cabellera crespa tan perfecta que siempre lo caracterizó. Ya había jugado con la Sub20 y la selección mayor; de hecho, aún guardaba dentro de sí la ira por no haber sido citado por César Menotti al Mundial 1978 que se realizó en Argentina. Pero Maradona quería comerse el mundo y lo demostró en el único partido que disputó en Wembley.

El encuentro fue amistoso y terminó con victoria por 3-1 a favor de Inglaterra gracias al doblete de la leyenda del Liverpool, David Johnson y uno del extraordinario Kevin Keegan. Daniel Pasarella descontó para los sudamericanos. Pero todo quedó de lado por obra de arte que realizó el petiso que dominó el mundo como si dominara el balón mientras calienta escuchando “Live is Live”.

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La jugada y el sabio consejo de su hermano ¡de siete años!

Diego Maradona recibió un pase de Juan Barbas en tres cuartos de cancha y, en una gambeta circular, eludió a cuatro ingleses. Luego quedó frente al arquero Ray Clemence, pero en vez de gambetearlo, decidió definir con un toque sutil con su pie izquierdo. Portero vencido, la pelota pasó rozando el palo mientras el argentino miraba atentamente.

“Había hecho una jugada muy parecida, pero muy parecida (a la de 1986 en el Estadio Azteca) y definí tocándola a un costado cuando me salió el arquero. La pelota se fue afuera por esto, por nada, cuando yo ya estaba gritando el gol, recordó Maradona en su libro “Yo soy El Diego de la gente”.

Maradona, con 19 años, con la camiseta de Inglaterra puesta tras el amistoso jugado en Wembley.
Maradona, con 19 años, con la camiseta de Inglaterra puesta tras el amistoso jugado en Wembley.
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La jugada no fue coronada con el gol y Diego se lamentó. Obviamente, nadie le recriminó nada hasta que horas más tarde habló por teléfono con su familia y del otro lado el ‘Turco’, uno de sus hermanos menores, que en esos días tenía solo 7 años, le hizo un reproche.

¡Boludo!, no tendrías que haber tocado (definido). Le hubieras amagado, si ya estaba tirado el arquero”, le dijo. La sorpresa de Diego fue enorme y le contestó: “¡Hijo de p***! Vos porque los estabas mirando por televisión”. Pero la respuesta de su hermano más chico fue letal: “No, Pelu, si vos le amagabas, enganchabas para afuera y definías con derecha, ¿entendés?”.

Aunque esa magnífica maniobra no terminó en gol, quedó por siempre en la memoria de todos los amantes del buen fútbol. Porque Diego fabricó una idéntica jugada que seis años después, ante el mismo rival, pero en el estadio azteca, pasó a la inmortalidad como el “Gol del siglo”. Sin embargo, muchos sostienen que esa memorable acción del 13 de mayo de 1980 es incluso superior (por la explosión y velocidad para juntar rivales con el perfil cambiado y en muy pocos metros) a la obra maestra que el capitán argentino realizó durante la Copa del Mundo de México 1986, en lo que fue el mejor gol de la historia de los mundiales.

Ese día, ante los ingleses, Diego metió 24 gambetas, una cifra descomunal si solo se tiene en cuenta que el récord en un Mundial es de 53 en siete partidos. Recibió además nueve faltas. Seis años después, en el Azteca, le hicieron uno más. Igual no alcanzaron para detenerlo.

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