Carlos Batalla

Nadie quería perderse ese partido clave del martes 22 de junio de 1982. Derrotar a los polacos era tener opción de clasificar a la siguiente ronda, incluso ser primeros en el grupo que nos tocó además con Camerún e Italia. Las cuatro selecciones habían empatado sus dos primeros encuentros hasta esa última fecha. Este tercer partido era tan importante para los peruanos, que no importaba nada que el día anterior hubiera nacido el primer hijo de y Carlos, la princesa y príncipe de Gales, respectivamente; a nadie le importaba la aparición en el mundo de Guillermo, el actual duque de Cambridge. Tampoco era relevante para esos 17 millones de peruanos que vivían en esos años que la URSS probara “armas antisatélites y misiles nucleares”, en esos últimos años de ‘Guerra Fría’, poco antes de la ‘Perestroika’ de .

En los mercados de barrio, en los restaurantes, en los locales comerciales y hasta en los hospitales y cementerios de Lima y todo el país se siguió el partido Perú-Polonia. Fue un encuentro al que el equipo bicolor llegaba con sus opciones intactas para seguir avanzando en ese mundial de fútbol español.

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Tanto era el optimismo nacional, que en los medios de prensa se hablaba de que Perú tenía una ligera ventaja ante su rival, “por tener un gol a su favor (el obtenido con Italia), mientras que los polacos no han logrado todavía ninguno”. Como había otro partido, el de Italia-Camerún, los técnicos de ambas escuadras nacionales sabían muy bien que el triunfo era lo único que aseguraba el pase a la siguiente ronda.

La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La escuadra peruana había llegado con sus opciones intactas de clasificar a la siguiente ronda. No obstante, esa tarde española todo se nubló. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico)
La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La escuadra peruana había llegado con sus opciones intactas de clasificar a la siguiente ronda. No obstante, esa tarde española todo se nubló. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico) / JORGE ANGULO

Elba de Padua Lima ‘Tim’, de 67 años, mandó a un equipo peruano reforzado, supuestamente, por el aporte del gran Teófilo Cubillas, quien si bien casi no jugó las eliminatorias premundialistas ni estuvo en la gira europea, estaba aún vigente y ‘Tim’ no quería prescindir de su calidad en el campo de juego.

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Por su parte, el joven estratega polaco Antoni Piechniczek, de 40 años, confiaba en la fuerza y eficiencia de su equipo, el cual combinaba juventud y experiencia. Ese mismo día, en otros grupos mundialistas chocarían Bélgica-Hungría y URSS-Escocia.

PERU VERSUS POLONIA: DE LA ILUSIÓN AL DESENCANTO

El gobierno de Fernando Belaunde Terry decretó el “feriado escolar” para ese día de semana. El 22 de junio de 1982 fue, pues, “día libre”, hubo asueto para los colegiales que se prepararon desde muy temprano para ver ese choque de fuerzas; se imaginaban un partido parecido al Perú-Escocia de 1978, con victoria nacional, por supuesto.

El estadio Riazor, en La Coruña (España), cobró una dimensión de batalla en nuestras mentes. A las 10 y 15 de la mañana, empezó el encuentro de dos escuelas de fútbol muy distintas: la europea, de fuerza, organización, rapidez y contundencia; y la latinoamericana, de buen toque, pases cortos, creatividad a ras de piso y elegancia en las salidas, aunque muchas veces poco efectivo en el área chica.

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En Polonia destacan el veterano Grzegorz Lato y el joven Zbigniew Boniek. Pero, además, se consolidaba como equipo con el juego del central Wladyslaw Zmuda, el arquero Josef Mlynarczyk (quien sucedió a Jan Tomaszewski); y con jugadores peligrosos como Stefan Majewski, Wlodzimierz Smolarek y, sin duda, con el jovencísimo Andrzej Buncol.

En Perú, todos los sabíamos: la falta del capitán Héctor Chumpitaz golpeó fuertemente la defensa peruana. El otro ausente por una fuerte lesión, Roberto Rojas, también resintió al equipo, puesto que el buen ‘Cucurucho’ tenía una salida rápida y potente por la banda izquierda.

La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La Blanquirroja intentó jugar con inteligencia ante Polonia, pero no alcanzó. Fue larga y tristemente superada. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico)
La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La Blanquirroja intentó jugar con inteligencia ante Polonia, pero no alcanzó. Fue larga y tristemente superada. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico) / JORGE ANGULO

No obstante, ese equipo nacional contaba con otras estrellas de gran capacidad técnica, que se habían lucido en las eliminatorias sudamericanas y en la famosa “gira europea”. Julio César Uribe, César Cueto, José Velásquez, Juan Carlos Oblitas y Guillermo ‘Patrulla’ Barbadillo eran lo más destacados. Teófilo ‘El Nene’ Cubillas se sumaría a ese grupo para jugar expresamente el mundial del ‘82.

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El primer tiempo de juego entre peruanos y polacos fue equilibrado, podríamos llegar a decir que “estaba para cualquiera” durante esos primeros 45 minutos, aunque ya se percibía la fortaleza polaco. Fue un 0 a 0 que auguraba la esperanza de un “despertar incaico” en la segunda parte el cotejo. Sin embargo, esa fue solo una visión ilusa de lo que podía ocurrir en la cancha.

A los 11 minutos de iniciado el segundo tiempo, el zurdo Smolarek nos metió el primer gol. Tres minutos después, a los 14 minutos, el viejo confiable de Lato nos anotó el segundo gol, y en una seguidilla mortal, a los 16 minutos, el letal Boniek terminó de aniquilar todas nuestras esperanzas. No hubo respuesta peruana. Solo se dejaron estar. Todos veían el drama, nadie era capaz de detener la masacre que se veía venir.

La Coruña, España, 22 de junio de 1982. 'El Nene' Cubillas, el 10 de Perú (de espaldas) llegó expresamente para jugar ese mundial. Su talento innegable no fue decisivo para superar el duro escollo polaco. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico)
La Coruña, España, 22 de junio de 1982. 'El Nene' Cubillas, el 10 de Perú (de espaldas) llegó expresamente para jugar ese mundial. Su talento innegable no fue decisivo para superar el duro escollo polaco. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico) / JORGE ANGULO

A los 23 minutos de esa segunda etapa, el cuarto gol fue de Buncol; y a los 32 minutos cerró Polonia con el quinto grito de gol a cargo del mediocampista Wlodzimierz Ciolek. Todos los que vivimos el drama de ese partido recordaremos que ese quinto de Ciolek no fue “cantado” por el narrador del partido en la TV., el locutor y periodista deportivo Luis Ángel Pinasco. Entonces, Pinasco lanzó un dardo de desánimo ante lo que veíamos todos. Dijo: “Polonia 5, Perú 0. Señores, esto es una coladera”.

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El gol peruano, el del honor, llegó a los 83 minutos. Lo hizo Guillermo La Rosa, pero su gol supo a poco, a casi nada. El ‘Tanque’ se persignó y en silencio, sin recibir ningún saludo de sus compañeros, siguió jugando con los dientes apretados, como conteniendo la rabia de todos los peruanos.

LA VOZ DEL ESTRATEGA ‘TIM’: SUS DESCARGOS EN CALIENTE

Aún estaba vivo en la retina ensangrentada de los peruanos, el último partido de la ‘Blanquirroja’ en el mundial anterior, el de Argentina 1978: el traumático 6 a 0 que nos infligió la Argentina de Kempes, Ardiles y Passarella. Entonces, lo que se ocurrió en el estadio Riazor de La Coruña, fue como si la historia se repitiera cuatro años después.

La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La selección polaca superó claramente a la peruana, y fue un justo ganador. Llegaría a ocupar el tercer puesto en España 82. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico)
La Coruña, España, 22 de junio de 1982. La selección polaca superó claramente a la peruana, y fue un justo ganador. Llegaría a ocupar el tercer puesto en España 82. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico) / JORGE ANGULO

En el famoso y casi olvidado informe que escribió el DT nacional, el brasileño Elba de Padua Lima ‘Tim’, este dejó constancia de su punto de vista de la campaña y del partido de esa mañana del 22 de junio de 1982. Tim’ firmó el documento el 8 de julio de ese año, cuando aún no acababa el mundial; es decir, con los hechos aun frescos.

‘Tim’ señaló que hubo exceso de partidos preparatorios, con los cuales él no estuvo de acuerdo, debido al desgaste físico que generaría. La razón de esos partidos fue netamente económica, anotó, y ello sirvió para financiar la campaña de la selección rumbo al mundial de España.

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Puntualmente sobre el partido del 22 de junio con Polonia, el DT ‘Tim’ indicó que hubo, en un principio, exceso de confianza, pues Perú se sorprendió del cambio de juego polaco: con Italia, Polonia había sido un equipo defensivo, con esporádicos contragolpes (logró empatar con los ‘azzurri’), pero ese día jugaron en todos los sectores. El desconcierto fue evidente entre los peruanos.

Asimismo, el brasileño reconoció que los cambios que hizo durante el choque no fueron acertados, pero también acusó a varios jugadores fundamentales del equipo de no haber estado a la altura de esas circunstancias. La defensa peruana, dijo, cometió terribles errores. El equipo peruano no llegó ni al 50% de su real producción”, sentenció con total sinceridad el experimentado ‘Tim’, quien fallecería dos años después, en 1984.

La Coruña, España, 22 de junio de 1982. En la imagen, una de las pocas llegadas con peligro del equipo nacional al arco polaco. Luego de los cinco goles rivales, llegaría el de honor de Guillermo La Rosa. Solo para la estadística. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico)
La Coruña, España, 22 de junio de 1982. En la imagen, una de las pocas llegadas con peligro del equipo nacional al arco polaco. Luego de los cinco goles rivales, llegaría el de honor de Guillermo La Rosa. Solo para la estadística. (Foto: Jorge Ángulo / GEC Archivo Histórico) / JORGE ANGULO

Dos décadas más tarde, en diciembre del 2003, el poeta peruano Antonio Cisneros recordaría en una nota que publicó en El Comercio lo que sintió y vivió cuando vio ese partido, sentado en un bar de Ámsterdam, en Holanda (Países Bajos): Todo ha sido consumado. Después de la goleada en manos (y pies) de los polacos no hay perro que nos ladre. Al Perú en pleno, con sus camisetas y gorros y banderas y pitos y matracas, lo han sentado a la mala, de trasero. Nada que hacer”.

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Cisneros cerraba su crónica con la anécdota que experimentó tras el gol de La Rosa:Cuando La Rosa convirtió el único gol peruano levanté la cabeza levemente. Ya tenía la frase preparada en el más correcto inglés: todo se ha perdido menos el honor. Pero las paredes -pese a algún adagio- no tienen oídos. Todos me habían abandonado. La repetí, palabra por palabra, para mí mismo con un acento más perfecto cada vez. Afuera llovía. Al primer taxista que encontré, le solté la frase. Mi miró como a un pobre loco y me dijo que estaba ocupado (en holandés)”.

Fue hace 40 años exactamente que aconteció este desafortunado partido, pero los hinchas peruanos de antaño aún lo recuerdan como si todo hubiera sucedido solo ayer. No hay duda: hay cosas que se repiten en el fútbol, aunque los nombres hayan cambiado.

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