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“Un proceso trunco con Vivas”, por Guillermo Oshiro

“Pedirle a su Cristal que jugara por añadidura como los equipos de su mentor Bielsa era un delirio de los dirigentes”

Claudio Vivas

Vivas regresó a Sporting Cristal en febrero del presente año. (Foto: GEC)

Claudio Vivas jamás ha podido quitarse la etiqueta de asistente de Marcelo Bielsa. Ha convivido con ese rótulo desde que decidió salir de su zona de confort para escribir su propia historia como técnico y, aunque ello le ha generado muchos réditos para conseguir trabajo, es ese paralelismo con el ‘Loco’ el que ha insuflado las expectativas depositadas en él. Ser considerado el álter ego de Bielsa es una carga demasiado pesada que desfonda cualquier proceso si los resultados no ayudan. Eso es lo que le ha sucedido a Vivas en Sporting Cristal.

En términos netamente estadísticos, el estratega argentino consiguió una efectividad del 59% de los puntos en juego merced a 19 victorias, 10 empates, 9 derrotas, 67 goles convertidos y 41 recibidos. Su producción no parece tan mala. Pero al contrastarlo con el presente se desnuda la precariedad de su Cristal: eliminado de la Copa Libertadores en fase de grupos, fuera de la Sudamericana en octavos de final ante un rival accesible como el Zulia de Venezuela, segundo del Apertura detrás de Binacional, sin Copa Bicentenario tras caer en cuartos con el Atlético Grau de Segunda División, y se despide sexto en el actual Clausura.

Cuando la directiva cervecera lo contrató, seguramente bajo los parámetros del libro de estilo impuesto hace algunos años, la exigencia apuntalaba a profesar las virtudes del bielsismo, que en palabras de Vivas se resume en “verticalidad, desdoble ofensivo, presión en ataque, alta…”, todo ese compendio de atributos que no lograron conjugarse en la mayoría de los partidos que dirigió. Su Cristal no tuvo la producción ofensiva deseada (promedio de 1,8 goles por juego) ni tampoco la seguridad defensiva requerida (1,1 recibido por partido) para satisfacer el paladar del hincha cervecero que venía de saborear un gran título con el modélico once del chileno Mario Salas.

Habría que ser justos también en aclarar que sin Gabriel Costa ni el lesionado Emanuel Herrera –el tándem goleador de la temporada pasada– el estratega argentino debió configurar prácticamente una nueva estructura de ataque. Sin ese eje no pudo encontrar soluciones prácticas. Y se quedó sin ese golpe de nocaut que sometía a los rivales, y puso al descubierto su mandíbula de cristal a la hora de defender su arco, aunque a su favor jugó la intención y valentía de ser siempre protagonista en todas las canchas.

Pedirle a su Cristal que jugara por añadidura como los equipos de su mentor era un delirio de los dirigentes. “Ser Bielsa es difícil. En mi carrera le debo todo a él, pero queremos imponer nuestra impronta”, prometió Vivas en un principio. Su gran pecado fue que esa impronta prometida no fue eficaz en números ni tampoco tuvo regularidad en el juego.


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