Novak Djokovic quiere seguir prolongando su reinado como número 1 del mundo. (Foto: Agencias).
Novak Djokovic quiere seguir prolongando su reinado como número 1 del mundo. (Foto: Agencias).
Ricardo Montoya

Desde el lunes 31, un Nueva York convaleciente, abre las puertas al US Open. Hay un ánimo opaco, enclenque, en la atmósfera de La Gran Manzana. No es, aunque lleve el mismo nombre, ni la misma metrópoli ni el mismo Abierto de siempre. Entre la pandemia, la violencia racial y la deserción de numerosos tenistas, el fervor acostumbrado de septiembre es mucho menor. Novak Djokovic lo sabe y le importa, pero no se permite perder de vista el objetivo. El hombre está en una misión.

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Sin Federer lesionado y Rafa conservando energías para el Roland Garros de fin de mes, Nole, que ya era favorito con ellos en el cuadro, ahora lo es más todavía. Su trayectoria será incomparable, desde lo estadístico, si supera a Roger en títulos de Grand Slam: está a tres de igualarlo con veinte y parece conservar combustible de lujo en el tanque. Su otra cuenta pendiente es el oro olímpico. En victorias de Masters 1000 y en el frente a frente, ante el maestro suizo y el toro español, las estadísticas le sonríen. Por eso, ya que el público lo relega en sus afectos contra las otras leyendas de su tiempo, le queda, a falta de la misma idolatría, hacerse incontrastable en lo numérico. Ser mejor en el balance final de su carrera, más que un consuelo, le significaría una revancha personal gratificante.

Por estos días La ciudad que nunca duerme tiene razones justificadas para extender su insomnio. A la ausencia de Roger y Rafa se les suman las de Fognini, Kyrgios y Monfils, tres personajes capaces de aderezar el Abierto con talento y excentricidades.

En cuanto a las damas el panorama es desolador: cuatro de las primeras 10 se han bajado del torneo. Barty y Halep, las dos mejores del ranking, prefirieron no subirse al avión. Otra ausencia dolorosa es la de Andreescu, campeona vigente, que decidió no defender su corona por estar lejos de su mejor forma. Así las cosas, Serena Williams tiene la oportunidad dorada de, por fin, alcanzar la marca imposible de Margaret Court con 23 títulos grandes.

Novak Djokovic dio positivo a prueba de COVID-19 en el mes de junio.

En la rama masculina, hay una nueva camada de jugadores dispuestos a contradecir el abrumador favoritismo de Nole. Tsitsipas, el griego de look jesucrístico, a quien el serbio enfrentaría en cuartos de final, ya lo ha derrotado un par de veces y se siente listo para repetir el plato. Un escalón debajo, el elástico Medvedev, también es un escollo difícil de sortear para cualquiera.

Canadá presenta tres ases: Raonic, el devastador, y los virtuosos, pero todavía frágiles de mente, Shapovalov y Auger Alliasime. Desde Austria llega Thiem preparado para el gran salto; Zverev estrena a Ferrer en su banquillo y Andy Murray, campeón el 2012, será, sin duda, el favorito sentimental del público.

Atribulados por la pandemia y dolidos por la inexplicable conducta policial de las últimas semanas, Nueva York espera que el tenis lleve un poco de sol a una ciudad a oscuras.

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