"Salir de la crisis actual y generar la confianza necesaria para que los actores de la economía tomen decisiones toma mucho más que exponer cifras aisladas", señala Del Carpio. (Foto: Presidencia)
"Salir de la crisis actual y generar la confianza necesaria para que los actores de la economía tomen decisiones toma mucho más que exponer cifras aisladas", señala Del Carpio. (Foto: Presidencia)
Paola del Carpio Ponce

Este 28 de julio, el presidente brindó un mensaje que –afortunadamente– no contuvo sorpresas disruptivas. Sin embargo, en materia económica, sí trajo omisiones y uso selectivo de datos. Esto no brinda mayor confianza a los casi siete de cada 10 peruanos que consideran que el país se encuentra en retroceso.

Proyecciones y expectativas de la economía

El presidente mencionó que la economía ha crecido 3,5% en lo que va del año y que en el 2021 fuimos el país que más creció de la región. No menciona que en el 2020 fuimos los que más retrocedimos, y que, aunque el FMI ha recientemente corregido al alza la proyección de crecimiento de la región, el único país con una proyección a la baja fue el Perú (de 3% a 2,8%). Detrás de esto, hay factores que sí tienen que ver con problemas internos, reflejados en la confianza empresarial, mantenida largo tiempo en el tramo pesimista, una inversión privada que en la proyección más optimista crecerá 0%, una inversión pública que retrocede y, del lado externo, precios de exportación a la baja. Así, varios de los motores de la economía tienen muy malas perspectivas.

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Mención especial requiere la minería. Se resaltaron cifras que demuestran la importancia del sector para la economía. A pesar de ello, es en buena parte la inoperancia del Estado la que ha generado que, a pesar de precios históricamente altos de metales como el cobre –que representa un tercio de nuestras exportaciones-, haya retrocedido su producción, haciéndonos perder US$800 millones por menor producción y exportación, y afectando los ingresos de los gobiernos subnacionales. Se espera que la inversión minera retroceda 4,9% este año y 15,8% el siguiente, ante el fin del proyecto Quellaveco. Una absoluta desconexión entre el discurso y las acciones de este primer año.

Se reconoció también que el entorno internacional ya no trae los vientos favorables del 2021. La desaceleración global genera preocupación por la demanda de nuestras exportaciones y menores precios de estas. Un ejemplo claro es el precio del cobre, que tendrá un impacto directo sobre los ingresos del fisco. Esto, sumado al aumento de tasas de interés y la búsqueda de activos refugio, genera salida de capitales y presiones al alza del tipo de cambio que pueden alimentar la inflación a escala local. Es cierto que muchos de los problemas son importados, pero sí es responsabilidad del Gobierno tomar acciones que mitiguen los riesgos que esto conlleva y no pretender buscar culpables cuando no se toman las medidas adecuadas, como se pretendió hacer con el caso de la exoneración del IGV a productos de la canasta básica.

Empleo, pobreza y vulnerabilidad

El impulso de la inversión privada y generación de empleos de calidad estuvieron ausentes. Se resaltó el avance de la población ocupada sin hacer hincapié en la precarización del empleo y sin destacar que la capacidad adquisitiva de los trabajadores se encuentra 12% por debajo del 2019, según cálculos del IPE. Esto se debe a que las personas ganan menos y enfrentan mayores precios.

El retroceso de la inversión privada, precarización del empleo y la inflación generan preocupaciones sobre lo que ocurrirá con la pobreza en este año. Macroconsult estima que podría aumentar a 27,5%. Aunque se buscó resaltar como logro el retroceso de la pobreza en el 2021, estamos lejos de haber recuperado los niveles prepandemia: hoy 20 millones de peruanos viven en condición de pobreza o de vulnerabilidad, y casi cuatro de cada 10 señala que algún adulto de su hogar dejó de comer un día o solo comió una vez al día en los últimos tres meses. No se hizo mención a ninguna estrategia específica para combatir la pobreza, especialmente en el ámbito urbano, donde más se ha incrementado, ni tampoco acciones concretas contra la crisis alimentaria.

No es posible analizar en este espacio todo lo que el mensaje contuvo y omitió en materia económica. Es importante entender también que la economía no funciona en una burbuja. El resquebrajamiento institucional forma parte del ambiente que mantiene las decisiones paralizadas y no vemos compromisos reales para salir de esta.

En suma, salir de la crisis actual y generar la confianza necesaria para que los actores de la economía tomen decisiones toma mucho más que exponer cifras aisladas. Para llegar al país que queremos, necesitamos entender el país que tenemos, y eso no va a darse si solo nos enfocamos en un árbol particular sin pretender ver el bosque. Corregir errores requiere primero identificarlos.

Paola del Carpio Ponce, coordinadora de Investigación de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes)

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