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¿Cómo se mueve la economía del Vaticano?

A propósito de la visita del papa Francisco ponemos la lupa en los 840 católicos que viven en los escasos 0,44 km² de la Ciudad del Vaticano, que hoy vive una reforma económica. ¿De qué viven?

Si bien son 1,28 mil millones de católicos distribuidos en el mundo, solo 840 de ellos viven en los escasos 0,44 km² que mide el territorio de la Ciudad del Vaticano, y que, al día de hoy, están en medio de una reforma económica liderada por el Francisco I desde el 2013.

No hay -todavía- registros oficiales sobre el tamaño de su PBI ni tampoco datos estadísticos sobre sus planes de inversión pública, mucho menos sobre el lugar que ocupa en los rankings de competitividad.

Sin embargo, luego de años de acusaciones por lavado de dinero y corrupción en el Instituto para las Obras de la Religión (IOR), conocido coloquialmente como el Banco Vaticano; este Estado dio a conocer en sus últimos reportes financieros un superávit fiscal de €59,9 millones y ganancias para la entidad bancaria por €36,6 millones, según el reporte anual de cuentas 2015 y el informe financiero del IOR en 2016, respectivamente.

De acuerdo a estos documentos y a especialistas, los pilares de la economía del Estado del Papa serían las donaciones de fieles a la Iglesia, el turismo permanente, el arrendamiento de terrenos pertenecientes al Vaticano y la rentabilidad generada con el patrimonio de clientes del banco.

LOS PILARES

Por el lado de las donaciones, al 2016, estas sumaron €47,1 millones, los cuales según la doctora y abogada constitucionalista y canonista, Milagros Revilla, serán repartidos para las distintas misiones de la Iglesia Católica en todo el mundo.

“Hay países como el Perú donde la Iglesia no se puede financiar con las donaciones locales y recurre a lo que se colecta de otras partes del mundo. Existe un déficit financiero sobre todo al momento de conseguir el dinero para misiones en el interior del país, por ejemplo”, sostuvo Revilla.

Situación contraria surge en cuanto al turismo por actividades culturales, otro de los pilares de la economía del Vaticano. Según el último reporte anual de cuentas, los ingresos de este sector están relacionados particularmente con la venta de entradas para los museos del Vaticano, que han visto una afluencia constante de alrededor de seis millones de visitantes.

Esto, según el director del departamento de historia de la Universidad de La Sabana (Colombia), Hernán Olano, se complementa con la venta de monedas, estampas y postales oficiales. De igual manera, Olano explicó que el arrendamiento de terrenos para edificios e instituciones dentro de la ciudad de Roma también constituye una gran fuente de ingresos para el Vaticano.

“El estado italiano le fue quitando espacios al Vaticano, sin embargo, este se quedó con el título de propiedad. Así, alquilan desde hace muchos años predios y terrenos a comunidades y universidades, tales como el palacio de Apolinar, donde funciona la Pontificia Universidad de la Santa Cruz”, sostuvo el académico.

UN BANCO EN REDENCIÓN

El dolor de cabeza financiero y reputacional para la Santa Sede (lo que vendría a ser como el gobierno central en el Perú) está relacionado directamente con el Banco Vaticano.

Vaticano lira

Hasta el 2002, la moneda oficial del Vaticano era la lira vaticana. Luego el Estado empezó a usar el euro, como el resto del continente en donde se encuentra.

Esta entidad, fundada en 1942, no funciona como un banco normal, ya que no tiene fines de lucro, según explicó el capellán y director del Centro de Asesoría Pastoral Universitaria de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Juan Bytton.

“El IOR se creó para evitar la burocracia de los bancos de otros países. Sin embargo, no es un banco con fines comerciales: no emite préstamos, no emite valores y solo sirve para administrar los activos del Vaticano (depósitos de congregaciones, sueldos, entre otros)”, explicó Bytton.

Sin embargo, el gobierno italiano decidió en el 2010 iniciarle una investigación en contra debido a supuestos de lavados de activos y corrupción.

En este sentido, en su primer año como líder de la Iglesia, Francisco I entregó más poderes a la Autoridad Financiera Vaticana para que supervise al IOR, creó una comisión para que decida el futuro del banco y otra para que evalúe las reformas económicas de la Santa Sede y reorganizó la comisión de cardenales creada por Benedicto XVI para supervisarlo.

Transparencia y reorganización de autoridades de por medio, en el 2016, el Banco Vaticano pudo reportar un incremento de 124% en ganancias netas (€36 millones), una rentabilidad de €39 millones generada con el patrimonio de clientes y activos totales por €3.260 millones, con lo que estructura, hoy en día, una de las bases económicas de la sede del Sumo Pontífice.

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