En la antigua calle de La Rifa destacaba un solar de una planta, con un amplio patio empedrado interior, que era conocido como la Casa del Pino. A este inmueble se mudó El Comercio, en octubre de 1841. Ahí no solo funcionaban la imprenta y las oficinas del diario, sino también había algunas viviendas. Con el correr del tiempo, este espacio fue convirtiéndose en el corazón noticioso de la ciudad, pero también fue vulnerable a actos vandálicos como los sucedidos el 10 de setiembre de 1919, tras la llegada de Augusto Leguía al poder, cuando turbas gobiernistas quemaron las oficinas administrativas.