En el épico grabado que ilustra esta nota, el ejército patriota parece haber arrinconado a los oficiales realistas. Un general ha caído del caballo. Junto con cornetas y fusiles regados en el suelo, los cadáveres se amontonan en triste abrazo. La bandera española golpea los troncos de inverosímiles palmeras, extraña especie para la botánica de la Pampa de la Quinua. Pese a las inexactitudes históricas y el desconocimiento paisajístico, el artista francés Denis Auguste Marie Raffet supo representar, de oídas, el caos y el estruendo de sables y balas. Su “Memorable y decisiva batalla de Ayacucho en el Perú, el 9 de diciembre del año 1824″, grabado en papel de 422 mm × ancho 578 mm, fue realizado dos años después de la gesta.