Al rescate de los waru waru, la técnica ancestral de cultivo que puede ser nuestra tecnología de punta frente a un cambio climático fuerte
Comunidades aimaras recuperan una milenaria técnica de cultivo sobre lagunas: un espectáculo visual y productivo que ha permitido recuperar variedades de papas nativas.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
En Puno, sobre los 3.500 metros de altura, el inmenso altiplano parece un territorio indomable. Las heladas nocturnas, las sequías y el friaje hacen difícil la vida en esta región del país. Sin embargo, en los últimos meses, este panorama aparentemente inhóspito se ha transformado. Ante la vista, aparecen ahora enormes y perfectos paisajes circulares, de más de una hectárea de extensión. En el interior de estas tierras flotantes, rodeadas de canales de agua, crecen robustas papas nativas y productos como la quinua y la cañihua. Y en el exterior, habitan patos y otras aves migratorias, lo que genera un ecosistema de abono orgánico y natural.
Esta técnica de cultivo, conocida como waru waru, fue desarrollada desde épocas antiguas por las comunidades aimaras del altiplano, pero fue paulatinamente abandonada en el transcurso del siglo XX, ante la falta de recursos y mano de obra comunal, debido a la constante migración de las nuevas generaciones hacia las ciudades. Sin embargo, en el 2025, cuatro comunidades del distrito de Acora, con el apoyo de Cultivating Resilience, un programa de World Monuments Fund (WMF), que promueve la conservación de jardines históricos y paisajes culturales en el mundo, han podido recuperar estos cultivos ancestrales, producir las primeras cosechas, y ofrecer soluciones efectivas a los embates del cambio climático.
En estas tierras flotantes, campesinos cosechan diversos productos, desde robustas papas nativas, hasta quinua y cañihua. (Foto: World Monuments Fund)
Campos agrícolas
“La organización, a través del programa Watch, recibe cada dos años postulaciones de sitios culturales de todo el mundo que se encuentran en riesgo de perderse. En el 2025, postularon 200 lugares, y resultaron elegidos 25, entre ellos el proyecto de los waru waru”, cuenta Juan Pablo de la Puente, director ejecutivo de World Monuments Fund Perú. El funcionario precisa que luego el proyecto, bajo el título de “Campos agrícolas waru waru de Acora”, tuvo que participar en otro concurso –Cultivating Resilience–, donde quedó seleccionado para obtener los fondos respectivos, junto con proyectos vinculados a las chinampas de Xochimilco, en México; el Central Park, de Nueva York; el huerto del rey, en el Palacio de Versalles; el foso de la Torre de Londres.
Con este apoyo y financiamiento, las cuatro comunidades, a través de la Asociación Aymara Suma Yapu, se pusieron manos a la obra. A partir de faenas comunales se organizaron para diseñar y construir los waru waru de la misma manera en que lo hacían sus abuelos: elevar la tierra del fondo de las lagunas para formar plataformas elevadas (camellones), fijar los taludes inclinados de soporte, y transformar el altiplano en geométricos campos de cultivo. Esta arquitectura agrícola, rodeada por canales de agua, contribuye a regular la temperatura del suelo, optimizando el uso del recurso hídrico, y reduciendo el impacto de inundaciones o sequías.
Comunidades del distrito de Acora han contado con el apoyo de Cultivating Resilience, un programa de World Monuments Fund. (Foto: World Monuments Fund)
Papas con energía
El primer ciclo de siembra y cosecha desarrollado a partir del proyecto no solo ha sido exitoso –se han cosechado cerca de cuatro toneladas de papas nativas–, sino también ha llenado de orgullo a estas comunidades. “Nosotros como aimaras estamos orgullosos del legado que nos han dejado nuestros abuelos, ellos nos han heredado más de tres mil variedades de papas y cada una tiene un diferente atributo y gusto. Nosotros, como institución, buscamos recuperar esta forma de criar la chacra, con respeto a la madre tierra”, dice Eliana Apaza, directora ejecutiva de la Asociación Aymara Suma Yapu.
Ella define a los waru waru como una tecnología de punta ancestral frente a un cambio climático fuerte, y destaca su función termorreguladora en una región de temperaturas extremas. “Tienen un controlador –explica–, si hay poca lluvia se cierran las compuertas de los canales para que se mantenga la humedad del suelo, y si hay mucha lluvia se abren para que salga el agua. Asimismo, si hay heladas fuertes, el agua de los canales se calienta con los rayos del sol durante el día y en la noche irradia ese calor al suelo para que las plantitas no mueran. Además, en el agua, hay todo un ecosistema, vienen los patitos, vienen las aves migratorias, y eso hace que exista un abono natural, con lo cual se puede cultivar orgánicamente”.
Uno de los retos actuales es lograr la sostenibilidad y permanencia de esta técnica de cultivo. De la Puente destaca la organización de talleres para el registro de este conocimiento, el desarrollo de exposiciones, como la desarrollada en Proyectoamil, en Barranco, y la promoción de las comunidades y de sus productos en la actual feria Fusión por Gloria. “Sabemos que ese es un reto grande, pero el primer paso era generar estos encuentros en Lima, dar a conocer este valor ancestral y cultural, así como su utilidad práctica para enfrentar retos actuales. En ese camino, hemos hecho aliados importantes como el Centro Internacional de la Papa y Mater para estudiar las variedades de tubérculos producidos en los waru waru”, añade.
Además…
A saber
El domingo 6 de septiembre representantes de las comunidades de Acora ofrecerán sus productos en el mercado de la feria Fusión por Gloria, en la explanada Costa Verde, en Magdalena del Mar.