Este año se celebra el Bicentenario del creador de "Las Flores del Mal", el escritor que cambió el rumbo de la poesía moderna. (ilustración: Víctor Aguilar para El Comercio)
Este año se celebra el Bicentenario del creador de "Las Flores del Mal", el escritor que cambió el rumbo de la poesía moderna. (ilustración: Víctor Aguilar para El Comercio)
Por Jorge Paredes Laos

La poesía como la conocemos hoy día no existiría sin Charles Baudelaire, sin su impronta en un siglo que empezaba a ver cómo la moral burguesa se desvanecía en ciudades cada vez más marcadas por lo bueno y lo malo de la Revolución Industrial. Por ese París del segundo imperio —el de Napoleón III— en el que se abrían grandes avenidas y plazas, y surgía el espacio público como símbolo de lo nuevo, de las exposiciones universales, de las boutiques, de los paseos y cafés. Un lugar de lo exquisito, pero también de lo decadente, de la bohemia, de los vagabundos, de los dandis, del flâneur, de la vida en los burdeles. Espacios y seres que Baudelaire inmortalizó en un centenar de poemas —Las flores del mal— que atravesaron como doloroso y certero puñal la moral de la Francia decimonónica y cambiaron para siempre el sentido de lo lírico.

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