Gladys Pereyra Colchado

Tenían apuntados los números de teléfono, direcciones, horarios, nombres de los dueños, de los encargados, de las cuentas bancarias. Las agendas, que eran varias, habían sido llenadas con tal minuciosidad que eran un registro completo de distintos comerciantes, empresarios y negocios. Contaban con los celulares -de alta gama por supuesto- y routers para tener señal de internet. La logística para extorsionar estaba completa para que los delincuentes actúen libremente. Ni siquiera era un obstáculo que se tratara de presos del penal Castro Castro.

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