En enero del año pasado, el mar del Callao fue el epicentro de uno de los desastres ambientales más grandes en la historia del Perú. Por razones que aún no han sido establecidas, 10.397 barriles de petróleo –lo que equivale a 1′652.990 litros del combustible– de la empresa Repsol, que administra la refinería La Pampilla, se derramaron en el agua. Las consecuencias fueron devastadoras: murieron animales, plantas y la costa chalaca y limeña sufrieron una contaminación sin precedentes.

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