En setiembre pasado, miles de vecinos de San Juan de Lurigancho se quedaron sin el servicio de agua potable debido a una nueva falla en las tuberías. Ante un terremoto, este sería el escenario en toda la capital. (Eduardo Cavero / Archivo)
En setiembre pasado, miles de vecinos de San Juan de Lurigancho se quedaron sin el servicio de agua potable debido a una nueva falla en las tuberías. Ante un terremoto, este sería el escenario en toda la capital. (Eduardo Cavero / Archivo)
/ EDUARDO CAVERO
Por Gladys Pereyra Colchado

La última vez que un fenómeno natural dejó sin agua a gran parte de Lima fue en marzo del 2017. La caída de una veintena de huaicos sobre el río Rímac sobrepasó la capacidad de Sedapal. El lodo, palos y basura arrastrado por las lluvias intensas del Fenómeno El Niño provocaron el cierre de la planta de tratamiento Atarjea que abastece al 70% de la capital. Durante varios días, incluso una semana para algunas zonas, el servicio se cortó en 27 distritos. En ese verano atípico con temperaturas más altas de lo normal miles salieron a las calles con baldes para recoger agua de cisternas, otros corrieron a la pileta de la Plaza de Armas para abastecerse. Nadie fue resultó ajeno a la escasez.