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Natalia Majluf y los retos pendientes del MALI

Uno de los rostros más visibles de la gestión cultural en la capital deja la dirección del MALI para viajar a Inglaterra en octubre próximo

Natalia Majluf

Natalia Majluf asumirá la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge, otrora tribuna de Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. (Foto: El Comercio)

Del Palacio de la Exposición a la Universidad de Cambridge. De nuestra añeja construcción de ánimo neorrenacentista a aquella otra edificación aún más temprana, construida al norte de Londres alrededor de 1209. Del diabólico caos vehicular del Paseo Colón a la tierra de la puntualidad suprema. Natalia Majluf dejará la dirección del Museo de Arte de Lima (MALI) en setiembre para asentarse en Cambridge y asumir la Cátedra Simón Bolívar de Estudios Latinoamericanos. El MALI ya ha anunciado que está en la búsqueda de un nuevo director.

Durante su gestión, Majluf realizó un proceso de transformación de la institución desde que ingresara al MALI en 1995, inicialmente como curadora en jefe. Fue bajo su cargo que se llevó a cabo la remodelación integral de la segunda planta del museo y se gestaron las colecciones de artes regionales, fotografía, costumbrismo y arte contemporáneo. Con 50 años cumplidos, Majluf da la vuelta de tuerca nuevamente al cautivante campo de la investigación.

—En tu gestión, el museo amplió sus colecciones en más de 8 mil piezas. ¿Cuáles destacarías como las joyas de las colecciones de tejidos andinos y arte amazónico que están en desarrollo?
Hay estrellas, pero son colecciones en proceso de formación. Puedo pensar en algunos de los tejidos coloniales donados recientemente por Annick Benavides, por ejemplo. O la gran tela de Santiago Yahuarcani sobre la historia del caucho. Pero como ocurre con todas las colecciones, una pieza aislada tiene alcances limitados. Lo importante son los conjuntos. En el caso de los tejidos andinos, en que existen tantas tipologías, o en el de arte amazónico, con la diversidad enorme que tiene esa región, las estrellas no son sino las anclas de conjuntos narrativos más amplios y complejos.

—Has afirmado que el equipo del MALI está compuesto por profesionales que tienen la virtud de la autocrítica. En tu propio caso, ¿qué aspecto crees que te faltó trabajar mejor durante tus dos décadas en el museo?
La educación y nuevos públicos. Si bien hemos empezado ya a hacer avances en este campo, son dos ejes en que falta mucho camino por recorrer.

Natalia Majluf

(Foto: El Comercio)

—¿Y los principales logros de tu gestión?
Esa evaluación corresponde hacerla a otros, pero puedo decir que lo que mayor satisfacción me ha dado es la formación de colecciones. Sobre la base fundamental de la Memoria Prado y otros legados significativos que se suman a cientos de grandes y pequeñas donaciones, se ha consolidado lo que ya es una colección de alcance nacional. Gracias a esa generosa suma de esfuerzos, el público tiene hoy acceso a un conjunto de obras que permite una perspectiva más amplia sobre el pasado. Hay varios ejes, como la fotografía, el dibujo y el diseño historicista del siglo XX que son posibles de explorar en gran profundidad. Y la donación de archivos de artistas como Teresa Burga, Camilo Blas y José Sabogal nos permiten preservar a futuro un legado documental. Las colecciones de acceso público son la base material que hará posible la construcción de nuevas narrativas sobre la historia del país.

—¿Cuáles son los grandes retos pendientes del MALI?
Insertarse en la ciudad, integrarse físicamente a su entorno, pero también ubicarse cada vez más sólidamente en el imaginario colectivo. En resumen, ser parte central de la vida de quienes forman la comunidad inmediata y extendida del museo.

—Se ha mencionado la creación del Fondo del MALI. ¿Cómo está previsto que opere?
Es una iniciativa de muy largo plazo. La idea es crear un instrumento que le permita al museo recibir y administrar legados. El objetivo es darle sostenibilidad y solidez a la institución. El modelo está en los 'endowments' norteamericanos, que han permitido la consolidación de instituciones estables y fuertes. Existen para empezar ya dos ofrecimientos de donación y algunos legados que podrían sumar cerca de dos millones de dólares. Como primer reto queremos lograr que para el 2030 el MALI pueda cubrir cerca del 30% de su presupuesto operativo con los recursos generados por el fondo. Para ello, estimamos que el fondo deberá tener para entonces unos 35 millones de dólares. Es una meta difícil de alcanzar, pero como todo en el MALI, estoy segura de que la suma de esfuerzos ciudadanos lo hará posible.

—Hace poco escribiste en este Diario sobre las necesidades de preservación de nuestro patrimonio. ¿Cuáles señalarías como las principales colecciones artísticas que requieren una intervención urgente para su preservación?
Podría hacer una lista muy extensa, pero lo importante es tener en cuenta que en el Perú hay un enorme déficit de profesionales formados en temas de conservación y gestión de patrimonio; prácticamente no hay fondos dedicados a estos fines y muy poca conciencia de la dimensión del problema. Duele pensar en todo lo que ya hemos perdido y destruido. Debería aumentarse significativamente el presupuesto del Ministerio de Cultura para que se pueda formar profesionales de alto nivel y afrontar el reto de preservar lo que todavía nos queda. Allí el Concytec y el Ministerio de Educación tienen también una parte de responsabilidad. Pero si el presupuesto del sector no se eleva, el Congreso y el Ministerio de Economía y Finanzas tendrían que proponer responsablemente trabajar juntos en una ley de mecenazgo que permita canalizar fondos al estudio, conservación y difusión del patrimonio. Lo que es inadmisible es no hacerse responsables. Lo que hoy tenemos es una gran negligencia.

UN NUEVO TIEMPO
—Luego de 14 años en la dirección del MALI, ¿cuáles son esos grandes planes pendientes de investigación que podrás retomar ahora?
La beca Simón Bolívar me va a permitir trabajar durante un año en el cierre de dos libros que tienen ya muchos años a la espera. El primero y el más antiguo (en realidad es la base de mi tesis doctoral) es un estudio sobre el surgimiento de la imagen del indio en el siglo XIX a través de la obra del pintor Francisco Laso. Es una exploración del discurso indigenista y de su lugar en la construcción visual del imaginario nacional. El segundo es un libro sobre la configuración material del Estado en el tránsito de la Colonia a la República. Si bien se concentra en el caso peruano, intenta revisar el período de la independencia desde una perspectiva más amplia. Argentina y Chile tienen de diversas formas un lugar en este proyecto. Ambos estudios ya están avanzados, pero se requiere de un tiempo largo de concentración para poder cerrarlos.

Natalia Majluf

(Foto: El Comercio)

—Y finalizado el plazo de la cátedra, ¿está en el panorama volver para retomar la gestión cultural?
Por el momento no quiero pensar mucho en el futuro. Me gusta la sensación de tener muchas posibilidades abiertas y pocos compromisos laborales por delante.

—Cuando te entrevisté exactamente un año atrás me dijiste que no pensabas pasar 20 años más en el MALI y que Lima era una ciudad a la que le faltaba calidad de vida. ¿Qué aspecto de esta ciudad es con el que más difícil te resulta convivir?
El caos vehicular, la falta de transporte y espacios públicos de calidad, la desaparición del perfil arquitectónico de la ciudad del siglo XX, la ausencia de veredas y árboles. La lista es larga, pero en gran parte podría resumirse en el absoluto abandono del ciudadano por parte del Estado. Eso es lo que más frustración me genera; es lo que hace que Lima sea por momentos intolerable. Todos los problemas se pueden solucionar, pero enfurece ver que nadie se ocupe, que nadie se preocupe. Quizás sea necesario repensar la estructura de la ciudad, reducir el número de distritos, dar mayor capacidad y presupuesto al alcalde metropolitano. No sé dónde está la solución, pero lo triste es que nadie parece estar buscándola.

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