Mario Amano y su madre Rosa Watanabe. Juntos siguieron el trabajo de Yoshitaro Amano, fundador del museo. (Archivo familiar)
Mario Amano y su madre Rosa Watanabe. Juntos siguieron el trabajo de Yoshitaro Amano, fundador del museo. (Archivo familiar)
Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Cuando Rosa Watanabe y Mario Amano –madre e hijo– recordaban cómo se formó el legado familiar, sus memorias coincidían en la imagen de Yoshitaro Amano (1898-1982). El esposo de Rosa y padre de Mario fue un empresario y filántropo japonés que llegó al Perú por primera vez en 1929 y llevó una vida incansable: recorrió nueve países, estuvo preso durante un año y medio en campos de concentración de EE.UU. y Panamá durante la Segunda Guerra Mundial, fue enviado al África como intercambio de prisioneros, acabó de vuelta en Japón y se embarcó nuevamente hasta regresar al Perú en 1951, esta vez para quedarse.