Paolo Vigo (Trujillo, 1980) egresó de la Escuela de Bellas Artes Macedonio de la Torre. Ahora presenta su muestra "Ángulo de incidencia".
Paolo Vigo (Trujillo, 1980) egresó de la Escuela de Bellas Artes Macedonio de la Torre. Ahora presenta su muestra "Ángulo de incidencia".
/ Diego Moreno
Czar Gutiérrez

Cuando avanza irreductible hasta convertirse en un arma de destrucción masiva —ya tenemos más de 290.000 muertos en el mundo—, tal vez haya llegado la hora de enfrentarla como si hubiesen derramado en el aire un agente biológico venenoso. Tal vez sea la hora de salir a la calle con una máscara de caucho vulcanizado con dos tubos metálicos de filtro y dos piezas oculares de vidrio esférico de policarbonato anti-vaho. Y a manera de mandíbula, un diafragma de látex que vibra al hablar pero que no permite el paso de una micro partícula de oxígeno sin filtrar. Ir de compras vestido como un soldado que acaba de sobrevivir a un ataque nuclear.

Más de un siglo antes de que los alemanes lanzaran gas de cloro para asfixiar a los franceses en la segunda batalla de Ypres (1915), formas tempranas de la máscara de gas ya estaban al servicio de mineros, bomberos, buzos y soldados. Los protectores de grafitero, que ahora proliferan en nuestras calles, son ciertamente más sofisticados que aquellos. Con el adicional de otorgar a quien lo lleva una glamorosa estampa steampunk, mezcla de ciencia ficción especulativa con tecnología de vapor de la época victoriana. Y mejor si decorada con unas flores de metal en la cabeza, como uno de esos ángeles de Giambattista Tiepolo. Como un Arcimboldo sometido a la radiación.

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ÓPTICA PLATÓNICA

O como uno de esos cuadros en mediano formato que Paolo Vigo (Trujillo, 1980) está pintando durante esta cuarentena. En realidad, se trata de una serie conformada por cinco pinturas de técnica mixta sobre lienzo y tres esculturas objeto en forma de cajas de madera conteniendo a un puñado de personajes andróginos en resina y pintura acrílica. Son rostros incompletos conteniendo rictus de diversa naturaleza, todos en silencio grave. Como esperando la resolución de un acontecimiento trascendental, aunque desconocido. La incertidumbre de los tiempos que corren, claro está. Especialmente notable en “Horizontal”, el hombre de la mascarilla cuya mirada parece concentrar ese sentimiento de vacío que con frecuencia azota nuestra reclusión.

La presentación consiste de cinco pinturas de técnica mixta sobre lienzo y tres esculturas en forma de cajas de madera. (Foto: Paolo Vigo)
La presentación consiste de cinco pinturas de técnica mixta sobre lienzo y tres esculturas en forma de cajas de madera. (Foto: Paolo Vigo)

“La idea de esta muestra nace como curiosidad a partir del fenómeno del reflejo sobre el espejo y cómo este puede virtualizar una imagen, duplicándola o clonándola de manera inversa hasta generar una imagen íntegra e ilusoria. En situaciones como esta, es la mente la que se encarga de completar la imagen. Para lograr eso basta darle una pista, que en este caso será una parte de la cabeza. Y que el espectador haga su propia proyección”, dice el artista, desvelando la serie de cajas portadoras del mismo sello simbólico. Hieráticos, como si hubieran aterrizado en este planeta después de atravesar algunos arcanos. Son esculturas de delicada tonalidad que aparecen en la compañía de elementos no menos sugestivos: un revólver, rosas negras, azucenas, mantos de abejas bebiendo el néctar desde un par de labios mustios.

Las esculturas, hechas en resina, muestran personajes andróginos. (Foto: Paolo Vigo)
Las esculturas, hechas en resina, muestran personajes andróginos. (Foto: Paolo Vigo)

Este tránsito entre verdad e ilusión, fabricada con engaños o medias verdades, compromete la fragilidad de la existencia misma. En una estrategia ficcional que remite a la más célebre alegoría de la historia de la filosofía, esa caverna en la que Platón ensaya una explicación metafórica para enlazar el mundo sensible y el mundo inteligible. El primero estaría representado por ese grupo de prisioneros a quienes solo se les permite ver las sombras que proyecta una hoguera. El segundo, en la mirada de uno de los que se ha liberado de las cadenas y ha logrado salir a ver el sol y lo que ilumina. Siendo ambos mundos reales, el inteligible poseería mayor entidad: es el mundo de las ideas. Y de la idea de bien.

Consultado el autor sobre su alegoría personal, esa que gestó “Ángulo de incidencia”, dijo: “Se engancha con esta forma de vivir dentro del mundo de las sombras. El estar pegado a esas distorsiones. Realidades ficticias. Por ejemplo en la tele, este mundo plástico de las telenovelas o el tema de coronavirus, versiones y notas de cómo descubrieron la cura cuando solo es nivel de prueba, me refiero a las ‘fake news’”. Y en ese tránsito entre lo cierto y lo ilusorio, ¿lo suyo no estaría más cerca del puzzle para armar, de esa realidad bifronte que habita en los espejos, en este mundo hecho de engaños y medias verdades? “No, porque en las cajas no tenemos que completar nada, todo está aparentemente completo, la idea platónica”.

Con esta muestra el artista busca explorar el fenómeno del reflejo sobre el espejo y como este puede virtualizar una imagen. (Foto: Paolo Vigo)
Con esta muestra el artista busca explorar el fenómeno del reflejo sobre el espejo y como este puede virtualizar una imagen. (Foto: Paolo Vigo)

Egresado de la Escuela de Bellas Artes Macedonio de la Torre, Vigo confiesa haber despertado al arte mirando los personajes oníricos de Gerardo Chávez. También admirador de René Magritte y del pintor suicida Tetsuya Ishida, cree que el arte también es una trampa óptica. Razón por la cual extiende una invitación a caer en ella. En ese territorio fabricado con representaciones incompletas de cabezas, torsos, rostros en aislamiento, estados de alteración y disolución corporal.

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Fecha: 20 de mayo. Sitio: . Cajas:

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