Por Jorge Paredes Laos

Formado como médico en Argentina, a donde su padre había sido deportado por el gobierno de Leguía, Carlos Alberto Seguín se hizo psiquiatra en la década de 1930 en una etapa de grandes cambios en la práctica médica. En una entrevista reproducida en YouTube, por la Asociación Psiquiátrica Peruana, Seguín cuenta un hecho revelador que le hizo descubrir esta vocación: una vez graduado, ejerció la Medicina a Formosa, un pueblito ubicado en el norte de Argentina, en el límite con Paraguay. Un día llegó a la consulta una persona que estaba convencida de que tenía una enfermedad muy grave al corazón. “Con esa suficiencia del joven recién recibido —narra Seguín— lo examine cuidadosamente y le asegure que no tenia nada, que se fuera tranquilo. El hombre volvió al otro día diciendo que yo estaba tratando de engañarlo y que realmente él estaba enfermo del corazón. Volví a examinarlo y otra vez le dije que no tenía nada y a la tercera vez que vino con estas cosas, le dije ‘oiga si usted no me cree, entonces para qué viene a verme, si no me tiene confianza’. A los pocos días me enteré que este hombre se había suicidado”.