Léa Seydoux, Viggo Mortensen y Kristen Stewart protagonizan "Crímenes del futuro", lo último de David Cronenberg. (MUBI)
Léa Seydoux, Viggo Mortensen y Kristen Stewart protagonizan "Crímenes del futuro", lo último de David Cronenberg. (MUBI)

En “Crímenes del futuro”, cuando se habla de belleza interior no se hace referencia al alma o a alguna cuestión espiritual por el estilo. La belleza interior es la de un intestino contemplado a tajo abierto, una entraña rebosante y sanguinolenta, un tumor moldeado con la misma delicadeza con que se trabaja una escultura en cerámica. La más reciente película de es visceral en el sentido literal del término: la historia de un grupo de fetichistas del cuerpo que se hacen extirpar órganos en eventos públicos elevados a la categoría de performance artística.

Pero a la par de esas puestas en escena quirúrgicas, Cronenberg también inserta una trama criminal, una veta de ‘film noir’ que confiere a la película un efectivo misterio. Entonces todo el relato funciona bajo el influjo morboso de lo oculto y lo prohibido en sus diversas aristas: la erotización de la herida, la mercantilización del arte, la pérdida de sensibilidad y dolor, e incluso cuestiones como la crisis alimentaria y la contaminación sintética. Todo lo dicho como síntomas claros de una patología colectiva, capitalista y contemporánea no tan ajena a nuestra realidad.

En ese sentido, es lógico que una película tan corporal como “Crímenes del futuro” destaque por su sobresaliente presencia actoral. Viggo Mortensen como un artista enfermizo, lívido, contrahecho por sus problemas digestivos y a la vez sugerente en su actitud mesiánica; Léa Seydoux en el fascinante papel de una cirujana del sexo capaz de exhibir una seductora inocencia; y Kristen Stewart, ya hace tiempo reivindicada de los romances adolescentes, en una interpretación marcada por la inseguridad, la introversión y los matices.

Con la precisión de quien manipula un bisturí, Cronenberg disecciona al ser humano de hoy con más habilidad y hondura que muchos artistas académicos y convencionales. Su obsesión por la carne es la vía utilizada para penetrar en los claroscuros de una psiquis que él entiende como nadie. Y nos enseña que ninguna autopsia filmada en primer plano, ninguna secreción súbita o glándula mutilada, podrá llegar a ser tan grotesca como el fondo más turbador de nuestra mente. Es allí donde vive el verdadero horror, el lado B de la mentada belleza interior.

Calificación: 5 de 5.


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