A los extremos, turistas fotografían las estrellas del Paseo de la Fama de Hollywood. Al centro, la nominada al Oscar Scarlett Johansson cuando recibió su estrella. Fotos: AFP.
A los extremos, turistas fotografían las estrellas del Paseo de la Fama de Hollywood. Al centro, la nominada al Oscar Scarlett Johansson cuando recibió su estrella. Fotos: AFP.
Pedro Ortiz Bisso

El Paseo de la Fama huele a fritanga. En la esquina de Highland Avenue y Hollywood Boulevard, el hedor a carne quemada toma por sorpresa al turista ingenuote que llega a esta parte de Los Ángeles en busca de una dosis de glamour. Los vendedores de hot dog se mezclan con los que ofertan refrescos, camisetas y baratijas. Hay sujetos disfrazados de Spiderman y , así como una mujer vestida de Barbie encerrada en una gigantesca caja de muñecas. Y ruido. Mucho ruido en medio de las estrellas de concreto de quienes ganaron, y no ganaron, el premio .

El aroma espeso a comida grasienta se mezcla con el de la marihuana, de consumo permitido en Los Ángeles. Los homeless abundan, mientras los bailarines de hip hop delimitan sus parcelas con conos naranjas de inevitables reminiscencias tubinianas. “Cuando viene gente de afuera les digo que no vale la pena venir aquí”, dice una inmigrante peruana, con más de 15 años en la ciudad. Máscaras inclasificables se venden sobre Telly Savalas, Burt Lancaster y Joanne Woodward. En el lugar más famoso de Hollywood, los ganadores del Oscar están en el piso.

De día o de noche, miles de turistas recorren los cuatro kilómetros de extensión del Paseo de la Fama con la vista pegada en el suelo, tratando de identificar entre las más de 2.500 baldosas negras el nombre de su estrella favorita. La mayoría se concentra en la acera ubicada entre Highland y Sycamore. Ahí es fácil hallar las de Harrison Ford, Muhammad Ali o Anthony Hopkins. , lejos de la muchedumbre, exactamente en el 6445 de Hollywood Boulevard, entre locales de comida y tiendas de segunda categoría.

El comercio ambulatorio en el Paseo de la Fama de Hollywood. Foto: AFP.
El comercio ambulatorio en el Paseo de la Fama de Hollywood. Foto: AFP.

La casa del Oscar

El centro de atención está puesto en el Dolby Theatre, una sala con capacidad para 3.400 butacas donde este domingo, según todas las apuestas, Netflix volverá a ser ignorado y “1917” le birlará el Óscar a mejor película a “El irlandés”. Incrustado en un moderno centro comercial construido en el 2001, es también el símbolo del cambio de una época. Se llamó Teatro Kodak hasta el 2012, pero cuando el fabricante de cámaras y rollos fotográficos entró en bancarrota (en la ceremonia de ese año, Billy Crystal lo bautizó el teatro “Chapter eleven”), cambió de nombre. Se llamará Dolby hasta el 2032. El tour guiado cuesta 25 dólares.

A unos pasos se encuentra el Teatro Chino, la sala de cine más famosa del mundo, sede de la entrega de los premios de la academia en los años cuarenta y de estrenos mundiales como el de “La Guerra de las Galaxias” en 1977. Su principal atractivo son las más de 200 huellas de pies y manos inmortalizadas en su explanada. Con un poco de paciencia, el visitante puede comprobar los pequeños que son los pies de Bruce Willis, posar al lado de las manitos de Emma Stone o imaginar cómo hicieron para que “Trigger”, el caballo de Roy Rogers, pudiera colocar sus cascos sin desbocarse.

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Al otro lado de la calle está El Capitán, el teatro donde Disney suele estrenar sus películas (al costado, Jimmy Kimmel graba su famoso show). Metros más adelante, se halla el Hollywood Roosevelt Hotel, en cuyo salón principal se entregaron por primera vez los Oscar antes de que se llamaran Oscar. El 16 de mayo de 1929, Douglas Fairbanks y Al Jolson repartieron 13 estatuillas en una ceremonia express: duró apenas 15 minutos. El hotel, donde vivió alguna vez Marilyn Monroe, fue remodelado recientemente. Una habitación simple puede costar cerca de 300 dólares.

Adam West, Gene Kelly, Kaley Cuoco, Karl Malden, Patrick Stewart, Cameron Díaz o actrices semiolvidadas como Valerie Bertinelli (¿se acuerdan de “Un día a la vez”?) tienen una estrella en el Paseo de la Fama. Pero lo que les cuesta a las celebridades unos 30.000 dólares (que suelen financiar los grandes estudios cinematográficos), usted puede conseguirlo por unos billetes. Hábiles vendedores callejeros ofrecen colocar el nombre de quien quiera sobre las baldosas vacías y convertirlo en una celebridad por unos minutos, los suficientes para el selfie de rigor. Luego puede ir por su hot dog.

El Paseo de la Fama de Hollywood. Foto: AFP.
El Paseo de la Fama de Hollywood. Foto: AFP.

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