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El último secreto de Chavín de Huántar que podría cambiar lo que sabemos del antiguo Perú
El descubrimiento de una galería de más de 3.000 años de antigüedad podría cambiar nuestro conocimiento sobre Chavín. El arqueólogo John Rick, director del proyecto que investiga este importante centro prehispánico, cuenta detalles del hallazgo.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
A 103 años desde el descubrimiento del complejo arqueológico de Chavín de Huántar, nuevas investigaciones arrojan luces sobre lo que conocemos sobre esta civilización del antiguo Perú. A la izquierda, el cuenco de cóndor, parte vital de los hallazgos; a la derecha, una de las cabezas clavas, íconos de esta cultura. (Crédito: composición con fotos de ANTAMINA)
El suceso se produjo hace 15 días y el arqueólogo John Rick no sale de su asombro. En las profundidades del edificio D, del enorme complejo de Chavín, en Áncash, se descubrió una galería que habría permanecido oculta hace por lo menos 3.000 años. Por su construcción, diferente a todo lo hallado en esta zona, se cree que pertenece a tiempos precerámicos o del formativo medio. Rick, quien es director del Programa de Investigación Arqueológica y Conservación de Chavín de Huántar de la Universidad de Stanford, lo cuenta así: “En 2012, mientras excavábamos en un pasaje, entre los edificios C y D, descubrimos un ducto que recién pudimos investigar a partir de 2019, cuando tuvimos tiempo para extender una cámara en miniatura y filmar lo que había dentro. Hicimos entrar la cámara ocho metros y cuando vimos las imágenes, descubrimos que había una galería oculta en el interior… Este año, tuve el inmenso privilegio de entrar por el ducto, en un espacio demasiado limitado, era como pasar por un tubo, y finalmente entrar a la galería. Era la primera persona que lo hacía en 3.000 años”.
Lo que Rick descubrió, iluminado por una linterna, le está haciendo cambiar su visión de Chavín. Primero, lo antiguo del lugar remite a épocas muy tempranas; y segundo, el hallazgo de un cuenco de piedra con la escultura realista de un cóndor difiere de las representaciones estilizadas de felinos y serpientes, típicas de Chavín. Sobre estos temas conversamos con el investigador estadounidense.
—Su relación con el Perú viene de varios años atrás, ¿cómo se interesó por la arqueología precolombina?
Vine a Perú por primera vez en 1956 con mi padre, quien era genetista botánico de la Universidad de California y estaba intersado en los tomates silvestres, a mí me aburrieron las plantas, pero caminando por paisajes de la costa y de la sierra baja, me llamaron la atención los cementerios huaqueados, ver cráneos, cabellos, huesos, todo eso para un niño de seis años era como de todos los santos, entonces me enamoré del país, pero sobre todo de la arqueología. Esto me marcó para toda la vida y cuando estuve en la universidad y en la escuela de posgrado, mi intención siempre fue trabajar en la arqueología peruana. Por suerte, mi carrera me trajo aquí, primero a trabajar en Junín, en las cuevas tempranas de cazadores, y en los últimos 28 años en Chavín, que es un paraíso para cualquier arqueólogo.
—Por años creíamos que Chavín era el origen de la cultura en el Perú, pero esto cambió con el descubrimiento de Caral y otros sitios, ¿cuál diría que es la importancia de este lugar?
Nosotros, como arqueólogos, muchas veces nos concentramos en el origen, quién tiene el primer templo, quién tiene la primera cerámica, etc., pero olvidamos a veces la evolución de la cultura, el impacto de las transiciones en términos de religión, política, tecnología, manejo de medio ambiente, para mí esta es la importancia de Chavín. Hoy tenemos esta imagen del inca todopoderoso, capaz de decidir la vida y la muerte de cualquier persona, pero sabemos que los cazadores que llegaron aquí eran mayormente igualitarios, ¿cómo se llegó a tener sistemas de poder tan fuertes, tan autocráticos en los Andes? Chavín puede ser la respuesta. Esta entidad política y religiosa duró más o menos 800 años, y al comienzo había muy poco control de ciertos individuos sobre otros, pero al término de este período este poder se había multiplicado, había un liderazgo fuerte. Yo creo que el desarrollo de la religión tuvo mucho que ver con esto; es decir en la transición de creencias orientadas hacia la agricultura o la naturaleza de pueblos pequeños hacia conceptos de poder y trascendencia, con antepasados de felinos u otros animales. Chavín fue decisivo en esa transición.
EL DESCUBRIMIENTO
—¿Qué nos puede revelar del hallazgo de esta galería de 3.000 años de antigüedad?
Esta galería está en un espacio profundo, bajo el edifdicio D, y lo que pasó es que encontramos un pasaje entre los edificios C y D, que al principio pensábamos era un buen lugar para excavar y hallar una secuencia de estas culturas posteriores a Chavín. Pero, después, nos dimos cuenta que era una entrada original para que la gente ingresara hasta el centro de la plaza circular, la plaza mayor, etc. Entonces, excavamos con cuidado y descubrimos dos fachadas, una más temprana que otra, y un ducto en una de las plataformas. Sabíamos que ese ducto nos llevaría a algo... Recién este año, con nuestro equipo peruano, de gente talentosa, ubicamos el lugar en la superficie desde donde podíamos bajar sin dañar el edificio para encontrar las vigas de la galería que, finalmente, levantamos. Tuve el inmenso privilegio de entrar por el ducto, en un espacio demasiado limitado, era como pasar por un tubo, y finalmente entrar a la galería. Era la primera persona que lo hacía en 3.000 años. Vi que era una galería distinta, por los tipos de bloques de piedra, de techado, y el piso mismo que no era plano, sino tenía banquetas a los alrededores, un rasgo del precerámico. Algo que se ve en Caral y en Kotosh, pero nunca se había visto en Chavín. Y, de inmediato, busqué eso que ya había visto en las imágenes borrosas del video, y ahí estaba descansando bocarriba, en el centro del piso de la galería.
El edificio D del complejo arqueológico Chavín de Huantar. (Crédito: ANTAMINA)
—Se refiere al cuenco de piedra que tiene la cabeza de un cóndor.
Sí, ese mismo. Apenas entré a la galería mi linterna alumbraba ese cuenco y vi que era de piedra, bien formado, y estaba lleno de agua por el goteo en la cueva. Me di cuenta que sobresalía un mango de un lado, lo examiné más y me di con la sorpresa que era la escultura realista de un cóndor, con las alas grabadas a los costados del cuerpo del cuenco, entonces yo estaba ya en shock porque no se conocía algo así en Chavín.
—Las esculturas como el Lanzón, las cabezas clavas, la estela de Raymondi son todas estilizadas
Eso, pero esto era realista. Entonces comence a revisar la literatura de otras partes, especialmente de Jaén y otros lugares conocidos, y encontré ciertos parecidos, pero en fechas tempranas, más bien al comienzo de lo que conocemos como Chavín o incluso antes.
—¿Esto quiere decir que en Chavín se pasó de las representaciones realistas a las estilizadas?
Sí, y tiene sentido, porque la estilización es una manera de poner tu sello. Durante todo su desarrollo, Chavín estaba tratando de distinguirse y probablemente sobreponerse a otros centros ceremoniales que estaban emergiendo en esa época. Al comienzo, probablemente, todos eran realistas, todos hacían lo mismo, entonces la estilización fue una manera de separarse de los demás grupos. Todo esto sugiere que estamos hablando de una conexión con el pasado, con sitios más originarios como Caral. Este proceso es el que nos interesa y buscamos entender más allá de saber cuál fue primero.
—El ducto tiene un diámetro de 40 centimetros, ¿cual sería el fin de poner este cuenco ahí?
El ducto se abre a una galería de más o menos 1,5 por casi dos metros de dimensión, con una altura considerable, pues me permitía estar casi parado en ella, y eso que estaba encima de un sedimento y no del piso mismo. Había suficiente espacio para que un grupo muy pequeño se pudiera sentar en las banquetas y es probable que encontremos también un fogón porque en estos templos tempranos hay un culto al fuego. Pero ahí viene el problema, ¿qué se haría con el fuego en una galería con un acceso muy elongado? Esto nos lleva a la hipótesis de que al inicio estos edificios fueron superficiales, pero luego se techaron y se ocultaron, pero con ductos, quizás para tener una chimenea de entrada. Entonces, la galería del Cóndor, como la hemos llamado, fue congelada en el tiempo, no entraron más. Yo estoy poniendo una fecha de 3.000 años, pero creo que estoy siendo conservador, y puede ser más antigua.
Arqueólogo John Rick, encargado del descubrimiento de una galería que habría permanecido oculta hace por lo menos 3.000 años en el complejo Chavín de Huántar. (Crédito: ANTAMINA)
—Cuándo podríamos tener la fecha más cercana
Los fechados toman tiempo, yo creo que por lo menos seis meses… yo, generalmente, hago mis propios fechados, aunque no tengo laboratorio de radiocarbono, hay uno en California que me permite hacer todos los preparartivos para el procedimiento. La última vez que hice fechados, pasé dos semanas trabjando entre quince a veinte horas al día.
—¿Diría que este cuenco es uno de los hallazgos más importantes de su carrera?
Yo creo que sí. Pienso que mis entendimientos sobre Chavín han sido reestructurados por este hallazgo. Esta vasija guarda muchos significados para mí y puedo pasar horas contemplándola, y espero que esté pronto en el Museo Nacional de Chavín para que pueda ser vista por todos y que cuando se abra la entrada original de la galería esta pueda ser visitada también. En 28 años de investigación, he tenido otros hallazgos, los descubrimientos de otras galerías entre 2017 y 2019, que han revelado que estas cumplían diversidad de funciones. En una galería se encontraron veinte pututos, otra tenía, en el piso, tubos de huesos de ala de ave, pulidos en sus puntas, que creemos fueron usados como inhaladores para polvos alucinógenos. Estamos revelando la práctica de la religión en Chavin a través de estos espacios que son cápsulas de tiempo.
Más información
El equipo del Programa de Investigación Arqueológica y Conservación de Chavín de Huántar lleva 28 años de trabajo y está conformado por más de 30 personas, en su mayoría arqueólogos e investigadores peruanos. La minera Antamina viene acompañando este proyecto con financiamiento, aportes editoriales e impulsando muestras museográficas desde hace 15 años.