Clara Elvira Ospina: de los libros a la señal abierta
Juan Carlos Fangacio

Ya era bastante saludable ver un programa de recomendación de libros en la televisión peruana allá por el 2012, cuando la colombiana Clara Elvira Ospina estrenó “Tiempo de leer” en Canal N. Pero bordeaba la hazaña que en el 2015 llevara un formato muy parecido a la señal abierta con “Leer para vivir”, bloque que se abre espacio todos los miércoles en el noticiero nocturno de América Televisión. Este mes dicho segmento está cumpliendo dos años, y Ospina, quien además es directora de prensa en ambos canales, persiste en su pasión lectora a pesar de que la hegemonía de lo audiovisual pareciera no dar tregua alguna. Hablamos con ella del secreto (si lo hay) para mantenerse al aire.

Está claro que un espacio así no se hace por ráting. ¿Por qué fue?
Por testarudez. Porque tenemos obligaciones, convicciones, compromisos. Es verdad que la televisión no tiene como función fundamental educar. Para eso está la televisión pública, por ejemplo. Pero si a toda la pauta informativa de malas noticias o de entretenimiento podemos quitarles dos minutos a la semana para decirle a la gente que leer es una buena alternativa, que leer amuebla el cerebro, pues lo vamos a hacer. Sabemos que es un riesgo porque hay gente que dice: “Ya llegaron los libros, cambio de canal”, pero es un riesgo relativamente calculado: se hace en un momento del noticiero en que la gente ya está cerca de abandonar. Igual no está tan claro que la gente apague el televisor cuando llega el bloque de los libros, así que si logramos que uno solo diga: “Me interesa ese libro, voy a leerlo”, ya cumplimos.

¿Has encontrado reacciones en la calle?
Más que en la calle, me he encontrado con gente en librerías que me dicen que compraron algún libro porque yo lo recomendé. Y sobre todo he encontrado mucha gente que me escribe por Twitter, que me pide otro libro para leer. Eso habla de que sí hay gente necesitada de que les digan qué cosas buenas hay. Porque cuando vas a la librería y lees las contraportadas, pues todos los libros parecen extraordinarios.

La política peruana parece divorciada de los libros, ¿no? ¿Cuántos libros al mes leerá un congresista promedio?
Lo que yo creo es que hace falta escribir la gran novela de la política peruana reciente. Sería apasionante e interesantísima. Hay un escritor griego que escribe novelas policíacas, pero tiene unas ambientadas en la crisis económica de su país. Eso debería hacerse aquí. Pero sí es cierto que cuando escuchas a algunos políticos, te das cuenta de que no han leído un cheque en su vida.

¿Y nunca te ha provocado dejar la cobertura política solo para refugiarte en tu cuarto a leer?
A veces digo que voy a pedir una licencia no remunerada solo para leer. Es agobiante todo lo que pasa en el país, esa fractura en la que cuando algo le gusta a la mitad del país, la otra mitad la odia. Es muy tortuoso, pero de todas maneras la lectura es un oasis. Pongo en silencio el televisor durante media hora y solo veo a los políticos parloteando para ponerme a leer. En ese momento les digo a todos que, salvo que se caiga el mundo, no me llamen.

¿Y la literatura y el periodismo son de verdad tan afines?
Creo que son primos hermanos. Me parece que solo puede escribir bien una persona que ha leído mucho. Construye mejor un texto quien ha leído literatura, porque eso le permite encontrar nuevos recursos para atraer la atención de ese lector. Por supuesto que hay diferencias fundamentales, porque en el periodismo tienes que ser preciso, certero. Como decía Tom Wolfe: si te sale una frase muy buena, hay que borrarla de inmediato porque significa que no estás en el camino del periodismo.

Ospina comenzó con el espacio “Tiempo de leer” cuando aún trabajaba en RCN de Colombia.

(Clara Elvira Ospina considera que el periodismo y la literatura son hermanos)

¿Al lenguaje televisivo no le haría bien nutrirse de un poquito de literatura?
Lo que pasa es que en la televisión se corre mucho el riesgo de pintar manzanas con manzanas. Es decir, repetir en el guion lo que ya está dicho en la imagen o el audio. Se hace muy poco el esfuerzo por darle una vuelta de tuerca. Lo que necesita el texto de televisión es acompañar el relato, no describir lo que el televidente está viendo. Y si tienes más recursos, puedes evitar repetir la misma historia.

¿Cómo haces con los libros malos?
No hago comentarios negativos porque con tan poco tiempo no tiene sentido recomendar no leer un libro. Además, no soy una crítica literaria. Lo que sí me pasa es que abandono muchos libros, no voy a perder mi tiempo. He aprendido que hay tanto para leer que si ya no quiero seguir con una lectura, no sigo. Aunque a veces sí me he comprometido a entrevistar a un autor o presentar su libro antes de leerlo, y luego me ha parecido muy malo. En esos casos me limito a hacer un breve comentario y mejor los dejo que cuenten por qué escribieron lo que escribieron. 

Tengo entendido que has escrito algunos cuentos.
Sí, pero no he publicado. Cuando uno es periodista, siempre está la tentación, uno cree que escribe bien. Por ahí tengo unos textos guardados, pero a veces falta el tiempo para escribir más.

¿Y no te animarías a escribir esa gran novela de la política peruana?
No, no, no [risas]. Acá nunca me perdonarían que con la mirada colombiana haga una descripción literaria del Perú. Pero material hay de sobra. Es fascinante lo que pasa en el país.

Terminemos con preguntas típicas de lector: ¿cómo te llevas con los libros electrónicos?
Yo leo en Kindle lo que no consigo en papel. Pero me frustra que el conteo de páginas sea diferente, los libros parecen interminables. Encima en la pantalla aparece algo así como “te faltan 16 horas para terminar”, eso me causa angustia. Además, no se puede revisar lo subrayado o al menos yo no sé hacerlo. A mí me encanta rayar los libros. 

¿Con lápiz o lapicero?
Lapiceros de colores.

¿Usas separador o doblas las hojas por las esquinas?
Ninguna. Solo me acuerdo de la página donde me quedé. Los separadores los pierdo y doblar la hoja no lo hago de ninguna manera. Es un pecado. 

Si pudieras ser el personaje de un libro, ¿cuál serías?
Mario Conde, el personaje de Leonardo Padura. Un policía en retiro apasionado, enamorado fiel, con pálpito. Creo que también tengo esa especie de pálpito. Vivo enamorada de él.

¿Qué libro le dedicarías al presidente Kuczynski?
Ay, Dios… creo que “La rebelión de las ratas”, de Fernando Soto Aparicio. Es sobre unos mineros oprimidos que terminan levantándose.

¿Y a Keiko Fujimori?
Uno de Santiago Gamboa: “Perder es cuestión de método”.