MexicoSon chistes que cada país siente suyos. Que Dios es connacional. Que nuestro himno es, después de la Marsellesa, el más bello del mundo. Que Kafka, si fuera un autor local, resultaría costumbrista. Lo cierto es que si cada país asocia las pesadillas del escritor checo a la idiosincrasia local, un escenario perfecto para sus historias, es porque cada país tiene algo de surrealista, absurdo y angustioso. Gregorio Samsa convertido en enorme escarabajo, preocupado por llegar temprano al trabajo o el procesado Josef, sin saber cuál es su culpa, bien podrían ser ciudadanos de cualquier parte: en el mundo soñado por el centenario autor se refleja toda realidad grotesca donde nada parece tener sentido y la vida se arruina sin razones aparentes. Bien lo definía en versos el poeta chileno Enrique Lihn: “Soy sensible a este abismo / me enternece de otra manera la lectura de Kafka / pruebo, con frialdad, el gusto de la muerte / que nos hace falta algo / junto a lo cual no somos nada”.





















