Enrique Planas
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Escuchó la historia de Matusalén, abuelo de Noé, hace mucho tiempo. Un fenómeno natural arrancó su casa de cuajo, y sobre los escombros una voz le animaba al patriarca a reconstruir la casa, mientras otra, más grave, le impulsaba a dudar: ¿Para qué levantar una nueva si quizás la vida no le alcance a terminarla? Y mientras titubeaba, vivió a la intemperie durante medio siglo, convertido en la persona más longeva registrada en la Biblia con 969 años lunares (80 en nuestro actual calendario. Pensando en esta tradición popular, la escritora escribe un libro sobre la vejez y la percepción del tiempo, con historias breves protagonizadas por personas que se entregan a proyectos hasta el último día de sus vidas, y otros que no le ven sentido a continuar temiendo no llegar a ver sus esfuerzos en vida. La autora no se inclina por ninguna opción, solo deja constancia de unos y otros.

“Matusalén” (Cocodrilo ediciones) es un libro extraño para un medio local poco dado a escribir sobre la vejez y la construcción del propio pasado. Envejecer como una experiencia aterradora, atentos a lo inevitable, pero también al recuerdo que podemos dejar en los demás. Quizás, como advierte la autora, nuestra literatura se ha enfocado mucho más en el mundo juvenil, siendo el Perú un país de jóvenes. “Quizás el personaje de nuestras letras cuya vejez sea mejor retratada es el Don Rigoberto de Vargas Llosa”, comenta.

Libro de relatos breves de Pollarolo es publicado por Cocodrilo Ediciones
Libro de relatos breves de Pollarolo es publicado por Cocodrilo Ediciones

—¿Es un tabú escribir sobre la vejez?

Puede ser. Implica acercarse al fin, viviendo en una cultura que lo apuesta todo por la juventud y oculta la vejez.

—En tu libro, la historia de Matusalén nos responde qué es la vejez: el momento en que dejamos de interesarnos en nuestros proyectos de vida.

Exacto. En el momento que dices que no tiene sentido hacer algo si no lo vas a ver terminado. Es algo que tiene que ver con nuestro sentido de trascendencia, la necesidad de poder dejar algún legado. Personalmente, en un momento de la escritura, pensé que este libro debería tener hojas en blanco al final para que cada lector escriba sus proyectos, y si piensa realizarlos o no.

—¿Existe la trascendencia en un mundo en que suele olvidar rápidamente a sus muertos?

Yo creo que tendría que pensarse aquello que llamamos “legado”. Para mí, es importante lo que me dejaron mis abuelos y mis padres. Es lo que da un estar en la vida, parte de tu memoria familiar. Yo espero que alguna memoria que les deje a mis hijos les pueda servir de algo.

Libro de Pollarolo se presentará en la Librería La rebelde el viernes 20 de mayo. (Piko Tamashiro)
Libro de Pollarolo se presentará en la Librería La rebelde el viernes 20 de mayo. (Piko Tamashiro)

—¿Cuánto de este libro se nutre de tu propia experiencia, de cómo los demás te miden, te tratan, te discriminan con el amable rótulo de “adulta mayor”?

Es una especie de shock. Es importante reflexionar cómo te ves y cómo te ven. Si no nos damos cuenta de eso, no podemos dialogar. Nos enfocamos en nosotros mismos y nos cerramos al cómo nos ven los otros. Con la pandemia, ha sido más fácil encerrarnos. Vivimos cada vez más en una burbuja.

—En “Matusalén”, abordas la vejez en diferentes escenarios. Uno de los más visibles es en el terreno de la actuación.

Donde vetan a los mayores más rápido, sobre todo a las mujeres. En Hollywood, un actor de cincuenta años, caracterizando a un personaje de treinta, puede ser perfectamente pareja de una chica de 20. Imposible pensar en un caso inverso.

Clint Eastwood, con 91 años, lleva 42 filmes dirigidos. (Foto: Getty Images)
Clint Eastwood, con 91 años, lleva 42 filmes dirigidos. (Foto: Getty Images)

—Hay textos que les dedicas a Clint Eastwood y a Jane Fonda. ¿Cómo en el esplendor de sus carreras puede haber gente que les critique por estar muy mayores para dedicarse a sus carreras?

Tiene que ver con el lugar que tienen hoy los jóvenes. Antes, hasta los años 60, el poder de decisión estaba en manos de los mayores. El escritor mexicano José Agustín decía que hasta antes que aparecieran sus novelas, en América Latina los jóvenes no tenían voz. Si había novelas de jóvenes, eran escritas por autores mayores que recordaban su juventud. Entonces no había tiendas o música para jóvenes, hasta que empezó el fenómeno del rock. Allí se asentaron las bases de un imperio de jóvenes que nos ha llevado a nuestra actual situación, donde incluso los niños tienen voz propia. Agustín decía que ser joven a mitad del siglo XX era un tránsito, no opinaban, no tenían nada. En el Perú, hemos venido repitiendo la frase de González Prada “Los jóvenes a la obra, los viejos a la tumba”, pero era una frase simbólica Hoy, con la generación del bicentenario se hace clarísimo dónde está el poder. Creo que se ha llegado al otro extremo: los mayores estorban, se les margina.

—En gran parte de los relatos, el narrador se refiere a una voz en la cabeza, que no deja d repetirnos que estamos viejos, que sería mejor quedarnos en casa, abandonar cualquier iniciativa. ¿Qué hacemos con esa voz que nos obliga a resignarnos a la vejez?

¡Qué destructiva puede ser! Es una voz que te impide salir de ti mismo, que le tiene miedo al cambio. Siempre está allí, jodiendo. Sin embargo, creo que hay que escucharla para discutirla, pues a veces tiene razón. En el tema de la vejez no hay verdades: nos movemos en un terreno pantanoso, resolviendo la vida casi al día. Lo único que podemos hacer es tener conciencia de eso.

Fotograma de "Caídos del Cielo" (1989), filme de francisco Lombardi con guion de Pollarolo.
Fotograma de "Caídos del Cielo" (1989), filme de francisco Lombardi con guion de Pollarolo.

—Fuiste guionista de la memorable “Caídos del cielo” (1989). ¿La reflexión sobre la vejez es algo que te ha acompañado siempre?

¡Verdad! (ríe). La pareja de Carlos Gassols y Elide Brero buscando recursos para concluir el mausoleo de su hijo. En ese momento, escribía sobre esa pareja con un punto de vista bastante desde afuera. Ahora me siento más cerca de ellos. La gente se muere a cualquier edad, pero a medida que avanzan los años, empiezas a escuchar mucho más sobre enfermedades y muerte, personas obsesionadas con el colesterol y las pastillas que tienen que tomar. Son temas que empiezan a rodearte.

—¿Cuál crees que es la diferencia sobre cómo hombres y mujeres asumimos la vejez?

Hay un discurso que las mujeres estamos poniendo en cuestión, las escritoras jóvenes sobre todo: hablar de la menstruación. ¡Antes era una vergüenza! Desde los tiempos bíblicos, cuando estaba con la regla la mujer era “impura”. ¡Qué tal legado cultural que recibimos las mujeres! Es un paquete de certezas sobre tu propio cuerpo ya determinadas desde antes de nacer, como si estuvieran en nuestro ADN. Cambiar eso es bastante difícil. Como decía Rosa Montero: “Si los hombres hubieran tenido la regla, la literatura nos habría llegado repleta de sangre”. Ciertamente hay diferencias físicas, pero es la cultura dictada por una sociedad patriarcal la que nos ha enseñado a verlas de determinada manera. Antes la menopausia era un tema con el que se hacían bromas sin ningún pudor. Hoy en ciertos sectores ya no se dice “Esta mujer es histérica, está menopáusica”, para menospreciar, para ridiculizar. Creo que hablando de estas cosas se puede dar un paso adelante para cambiar esa mirada.

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Sobre la presentación del libro

Dónde: Librería La rebelde, Jirón Batalla de Junín 260, Barranco.

Cuándo: Viernes 20 de mayo, 7 pm.

Acompañan a la autora las investigadoras Susana Reisz y Martina Vinatea.

Ingreso libre




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