El poeta chileno Pablo Neruda en su visita a Lima para ofrecer un recital en beneficio de las víctimas del terremoto de 1970. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
El poeta chileno Pablo Neruda en su visita a Lima para ofrecer un recital en beneficio de las víctimas del terremoto de 1970. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

En los albores de la Guerra Fría y a causa de sus repercusiones en otros países de mundo, un hombre de 44 años se ve obligado a cruzar clandestinamente la Cordillera de los Andes para salvar su vida. Detiene un momento su andar y mira el horizonte, pensando en la soledad, en el peligro, en el silencio. Pero no puede mirar atrás ni volver sobre sus pasos. No puede más que continuar hacia lo insospechado en su ruta a través de la frontera sur entre Chile y Argentina, en una aventura siempre al límite de la muerte que lo llevaría, a caballo o a pie, a través de ríos, lagunas, gélidos bosques o empinadas montañas, bordeando precipicios, enfrentando las inclemencias del hambre, del frío y de la nieve, en una angustia permanente que ni siquiera la palabra poética que él había consagrado podría ser capaz de narrar entonces, aunque los poemas ya se estuvieran escribiendo con tinta indeleble en su cabeza y en sus sueños. Otro mundo se abrió ante sus ojos tras aquellas experiencias frente a monumentales paisajes milenarios y gracias a los hombres que lo ayudaron o acogieron en el camino sin conocerlo o esperar nada a cambio. Su rostro lucía una barba que no solía usar y sus papeles indicaban que respondía al nombre de Antonio Ruiz Legarreta, ornitólogo de profesión.

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