“Traté de aceptar que en mi novela podía pasar lo que sea"
José Miguel Silva

Antonio, un abogado sin grandes aspiraciones se encuentra, de la noche a la mañana, con un doble que lo suplanta sin que nadie parezca afectado. Este hecho fantástico está presente en “Antonio vuelve a casa” (Alfaguara, 2015), la más reciente novela de .

El protagonista parece tener una nueva vida muy acomodada hasta que empiezan a aparecer personajes estrambóticos y rarísimos. La historia se sostiene en hechos fantasiosos que esconden los dramas personales que podrían tener un hombre o mujer cualquiera.

Conversamos con Iván Thays sobre su novela, ya a la venta en las principales librerías del país.

¿Cómo se originó la historia de “Antonio vuelve a casa”?

Hay un cuento muy conocido llamado “Wakefield”, en el que un hombre abandona su casa, se va a vivir a otra del vecindario y finalmente vuelve tras varios años. Quería reescribir esa historia. Entonces empecé jugando y así surgieron personajes y situaciones. Pero cuando surge la idea de que este protagonista voltea a mirar a su (ex) casa y nota que hay un doble suyo viviendo ahí, entonces la historia tomó forma.

Mario Vargas Llosa menciona siempre el tema de la verosimilitud necesaria en un texto. ¿Cómo tuviste esto en cuenta al momento de escribir tu novela, sabiendo que se ampara en un hecho totalmente fantástico?

La novela es fantástica, no tiene la verosimilitud de una novela realista. Lo que me interesaba era que pareciera un sueño pero sin que los personajes estén soñando. Traté de aceptar que en la novela podía pasar lo que sea, que la verosimilitud era esa, que estaba ante una novela abierta a cosas más increíbles, porque cuando Antonio cruza hacia la casa del vecino se rompe la ‘realidad real’.

Antonio en su nueva casa parecía tener todo a sus pies: comida gratis, una bella mujer y paz. Pero de pronto aparecen personajes rarísimos y complejos. ¿Qué elemento quisiste agregar con la presencia de Orfilia, Titus y los demás?

Cuando empecé a escribir la historia me di cuenta que el protagonista tenía que vivir aventuras que, de alguna manera, lo llevaran a un límite. Introduje a estos personajes porque llevan a un límite: o en el tema de los afectos o en lo desagradable. Me interesó mucho que Antonio sacara de sí la realidad y empezara a vivir en un mundo inverosímil con personajes que lo devolvieran a su dolor.

Y esta cercanía de Antonio con los las peceras y el mundo de los peces [que debe cuidar en la casa a donde llegó a vivir]. ¿Se convierte en una especie de fetiche? ¿Qué simboliza?

Se convierte en una forma de vivir distinta. Antonio era un hombre que no tenía afectos. Amaba a su hijo pero no lo comprendía. Creo que la vivencia con los peces lo hace reflexionar sobre otros temas, sobre su vida. Y así los peces del vecino se vuelven una obsesión para Antonio.

Hablemos de Orfilia, un personaje secundario rarísimo [una mujer inmensamente gorda y con problemas para hablar correctamente]. ¿Cómo logra ella generar esta empatía en Antonio, si al comienzo solo le motivó rechazo?

Al principio, Orfilia es un personaje desagradable para Antonio. Lo que sucede con ella es que se trata de una persona muy dulce de corazón, es muy buena, a pesar de que su aspecto físico es algo repugnante. Y eso es lo que le interesa al narrador, llegar a compenetrarse con este ser extraño, ajeno a él, igual que con los peces. Tratar de entender a esta persona.

Escribiste hace unos años un artículo en el que hablabas, a raíz de la muerte de tu padre, de los nudos que tenías que desatar en tu relación con él. Y en la novela hay dos grandes temas: relación del protagonista con el padre y, por otro lado, la relación con su hijo. Si bien no es una novela autobiográfica, ¿hubo algún retazo de tu experiencia propia?

No con el hijo, porque el hijo de Antonio es mayor al mío, pero sí con el tema del padre. Creo que todas las novelas son de alguna manera autobiográficas, y aquí hay mucho de eso. Cuando leo la novela pienso que, a pesar de ser fantástica, es una autobiografía íntima mía, privada, no de forma directa pero sí de manera muy contundente.

Si bien la edad del hijo de Antonio no coincide con la de tu hijo. ¿Sientes algún temor de que en algún momento, tu relación como padre pueda asemejarse a lo que ocurre en tu novela?

Sí, creo que sí. De alguna manera todo en Antonio, incluso lo rutinario que es, su vida absurda y cansina, todo eso me hace pensar en los temores hacia mi propia vida.

Salvo una pequeña reacción inicial y luego cuando le destroza el carro a su doble, Antonio no busca con mucho ahínco recuperar su lugar. No quiere hacer justicia con sus propias manos. ¿Por qué?

Porque mi intención era que el personaje se entregue a la realidad alterna que vive. Él no hace preguntas, no le consulta a la chica (que duerme a su lado) de dónde aparece. Si bien tiene algunas incursiones intentando volver a su casa, nunca lo completa. Y creo que es parte de mi forma de entender a mis personajes. Me recuerda mucho al personaje de “Un lugar llamado oreja de perro”, que ve cómo ocurren cosas a su alrededor pero no participa. Si bien esa era una novela realista y esta otra es fantástica, ambas tienen en su personaje principal la idea de no participar.

En 2014 anunciaste que buscarías hacer un ‘salto cuántico’ e incluso empezar a firmar tus libros como Iván Daniel Thays. ¿Qué pasó?

Ahí me refería a otro tipo de libros. Estaba, y todavía lo intento, interesado en escribir una literatura distinta, que tenga más que ver con el alma, con la metafísica, con la sabiduría. Pero no es fácil para mí porque siento que tengo mucho que aprender. Pero sí me gustaría escribir literatura ‘no literaria’ .

En una parte de la novela someten a Orfilia a un acto casi pornográfico. ¿Qué cuidados tienes para no caer en excesos al hablar de estos temas?

Es difícil hablar de sexo en literatura, pero no hay que rehuirle a eso. Sí me interesó que lo de Orfilia no sea ‘casi’ sino pornográfico. Que ella participe en un video de este tipo. Me interesa mucho el tema de los videos caseros pornográficos, me llama la atención la manera en cómo el sexo se ha convertido en algo tan trivial que con un clic puedes observar videos caseros que son de muy bajo presupuesto y que son los que finalmente triunfan. La pornografía de gran presupuesto, con actores y grandes locaciones ha ido cayendo. Ahora está el video instantáneo. Es un fenómeno que me llama la atención.

Una vez dijiste que envidiabas el tiempo libre que tienen algunos escritores para hacer sus obras. Si bien antes de “Antonio vuelve a casa” publicaste un libro para niños y otro para adolescentes,  han pasado ya siete años de “Un lugar llamado oreja de perro”. ¿Cómo te encuentras actualmente?

Siempre es difícil para mí encontrar tiempo para escribir, pero lo hago. No puedo decirte lo que vendrá hacia adelante, aunque hay uno que probablemente venga pronto. Pero tampoco quiero dejar de escribir novelas para niños y jóvenes. Es más, hora saldrá un libro  para niños titulado “A Luis le pica la nariz”.

Administras uno de los blogs más importantes sobre literatura en la región. ¿Crees que hemos pasado de los blogs basura a las redes sociales basura con facilidad?

El tema de los blogs está en decadencia. La gente antes creaba muchos blogs y ahora ya no. Creo que las redes sociales están cumpliendo la función que cumplía antes un blog.

Para lo bueno y lo malo…

Así es. Para lo bueno y lo malo. Para las peleas, las discusiones y también para compartir. Creo que Moleskine Literario perdura porque tiene una forma que también funciona en redes sociales: el compartir noticias. Esto es algo que de todas maneras funciona. Si bien no mido las vistas, no creo que el blog tenga los lectores que tenía antes.