Por Sonia del Águila

De pie, en medio del escenario del teatro Canout, el productor Efraín Aguilar observa impotente cómo se desmorona una importante parte de su vida. El espacio que albergó durante dieciséis años sus más ambiciosas creaciones, será demolido. El telón cayó ante sus ojos, irremediablemente, pese a cualquier intento por evitarlo. “Lo más triste es que lo van a demoler y me va a doler tanto como cuando se derrumbó la casa de ‘Al fondo hay sitio’. Ese fue un momento demasiado duro para mí, no pensé que algo así se iba a repetir”, nos dice.

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