Gisella López Lenci

Gestionar una crisis en tiempos de guerra, o de pandemia, es uno de los retos más difíciles para cualquier gobierno. Sobre todo cuando el enemigo es invisible.

Desde que el nuevo se convirtió en nuestra peor pesadilla, diversos países han capeado mejor el temporal que otros. En estos meses ha habido de todo: desde el inicial desdén que el trío Trump-Bolsonaro-Johnson le dio al COVID-19, hasta la planificación milimétrica de los taiwaneses.

Estos son algunos países que han sabido lidiar mejor con una crisis que nadie esperaba:

Taiwán: anticipación y monitoreo

A solo 180 kilómetros de China continental, la isla de Taiwán fue testigo de cerca de la tragedia que empezaba a ocurrir en Wuhan, por eso decidió adelantarse. A mediados de enero, cuando las muertes empezaban a dispararse en esa ciudad, Taiwán decidió hacer chequeos a los pasajeros y tripulantes de los aviones que llegaban desde China. A los que arribaban de Hubei, la provincia donde se encuentra Wuhan, los monitoreaban y hacían seguimiento. Poco tiempo faltó para que cerraran sus fronteras.

(Foto: Sam Yeh / AFP)
(Foto: Sam Yeh / AFP)

El 20 de enero, un día antes de que se confirmara el primer infectado en la isla, ya se había formado un Centro de Comando de Epidemias, listo para activarse apenas se presentara el brote. Al tener monitoreado el primer caso, se pudo ubicar a la mayoría de personas con las que estuvo en contacto para ponerlos en cuarentena. Con el transcurrir de las semanas, también se realizó un monitoreo electrónico de los casos sospechosos. La isla no tuvo que recurrir a confinamientos estrictos ni paralización de sus actividades económicas. A la fecha, suma 429 contagiados y 6 muertes.

Una respuesta coordinada del gobierno con la plena colaboración de su ciudadanía se combinó con el uso de big data y tecnología”, dijo a CNN el profesor asociado de la facultad de medicina de Stanford University, Jason Wang.

Vietnam: oportuno cierre de fronteras

Pese a compartir 1.300 kilómetros de frontera terrestre con China, Vietnam no contabiliza ningún muerto por COVID-19 y apenas 270 casos.

Desde los primeros días de febrero, el país comunista suspendió todos sus vuelos hacia y desde China y cerró sus fronteras. Se cerraron las escuelas y las localidades agrícolas con más de 10 mil habitantes fueron puestos en cuarentena obligatoria cuando solo había una decena de casos confirmados.

A diferencia de otros países donde se han realizado pruebas masivas para detectar a los infectados, en Vietnam los tests de diagnóstico no han sobrepasado los 180 mil para una población de 96 millones de habitantes.

Bajo la custodia del ejército, unas 80 mil personas fueron puestas en confinamiento en campamentos especiales.

Islandia: pruebas para todos

Gracias al liderazgo de la primera ministra Katrín Jakobsdóttir, el gobierno del país nórdico decidió hacer la mayor cantidad de pruebas posibles para poder contener la propagación del virus. Tratándose de un país de apenas 360 mil personas, la tarea no fue titánica y contó además con la colaboración de los islandeses que incluso se realizaban voluntariamente los tests. Las pruebas detectaron a 1.700 infectados de COVID-19. La pequeña isla registra apenas 8 muertos.

Las restricciones de tránsito han sido mínimas, las escuelas y guarderías continúan abiertas y las personas pueden reunirse en grupos de hasta 20 personas.

Portugal: el vecino que se libró de una tragedia mayor

El pequeño país de la península ibérica no ha tenido la trágica suerte de su vecino español. Corriendo contra el reloj para evitar que la ola de contagios lo tumbe, el Gobierno Portugués aprovechó el poco tiempo que tuvieron para poder contener la epidemia. Así, mientras España tenía 120 infectados el 2 de marzo, Portugal recién registraba sus dos primeros enfermos. El 13 de marzo, ya con 112 positivos y ninguna muerte, el primer ministro Antonio Costa decretó el estado de alerta y el cierre de los colegios.

Todos los países aplicamos las mismas medidas, pero nosotros tuvimos más tiempo para prepararlas”, cuenta el neumólogo Filipe Froes al diario “El País”.

Portugal decidió activar una red de cuidados primarios, por lo que la mayoría de pacientes han sido atendidos en sus domicilios y solo los casos graves han pasado a los hospitales. Actualmente, el 82% de los más de 25 mil contagiados se recupera en su casa. Tampoco se establecieron cuarentenas obligatorias, y las empresas y tiendas se han mantenido abiertas, a excepción de bares y restaurantes. A la fecha, los lusos suman 1.007 fallecidos.

Alemania: un inquebrantable sistema sanitario

En Alemania la tasa de letalidad del COVID-19 es muy baja. (Foto: EFE / Ronald  Wittek)
En Alemania la tasa de letalidad del COVID-19 es muy baja. (Foto: EFE / Ronald Wittek)

Apenas los números de contagiados se disparaban en Europa, sobre todo en España e Italia, la canciller Angela Merkel le dijo a sus compatriotas sin rodeos: “Entre el 60% y 70% de la población terminará infectada. Este virus es serio”. De ahí en adelante, Merkel sacó brillo a sus conocimientos científicos –es doctora en Química Cuántica- y ha sido muy didáctica en explicarle a la población lo que puede y no puede hacer.

En Alemania no ha habido cuarentenas estrictas sino un llamado a la prudencia y la responsabilidad. Pero sobre todo, el país se ha apoyado en su fuerte sistema de salud, que sí estaba preparado para una pandemia como esta.

Alemania ha incrementado el número de camas de cuidados intensivos de 28.000 a 40.000, y aún tiene unas 12 mil sin usar, y se está dando el lujo de recibir a enfermos de COVID-19 de otros países europeos. Por eso, pese a que la cifra de contagiados es elevada (más de 163 mil), los fallecidos no superan los 6.600, en un país de 83 millones de habitantes.

El gobierno también se apoyó en los laboratorios privados, los mismos que han realizado cada semana entre 300.000 y 400.000 pruebas.

En medio de esta coyuntura, la aprobación a la gestión de Merkel se ha disparado: un 90% de los alemanes piensa que el Gobierno se ha desempeñado bien en esta crisis y un 83% valora positivamente el trabajo de la canciller.

Costa Rica: los latinoamericanos responsables

La nación latinoamericana que no tiene ejército se ha convertido en un oasis latino. Desde que el 6 de marzo se confirmara el primer paciente positivo en el país apenas han fallecido seis personas y solo mantienen a 16 hospitalizados, ocho de ellos en cuidados intensivos.

Los ticos no viven bajo una cuarentena general y obligatoria, aunque sí algunas actividades han sido suspendidas, como las clases escolares y los eventos masivos. También se mantienen cerradas las fronteras, las playas, parques nacionales, bares, discotecas y casinos.

(Foto: Ezequiel Becerra / AFP)
(Foto: Ezequiel Becerra / AFP)

Según un informe de “América Economía”, los buenos resultados en Costa Rica se atribuyen al sistema de salud amplio y gratuito, a la detección temprana de los casos y al acatamiento de las medidas que ha dado el Gobierno relativas a la higiene y al distanciamiento físico. Por ejemplo, los hospitales y clínicas cuentan con 400 ventiladores mecánicos y ya han adquirido 300 más.

Hay hipótesis que se deben comprobar y se debe ver lo que pasará en las semanas siguientes, pero sí creo que un acierto ha sido el seguimiento estricto a los casos para ver las cadenas de transmisión”, explicó a Reuters la infectóloga María Luisa Ávila, quien fuera ministra de Salud.

Gracias a la buena gestión en esta crisis, el presidente Carlos Alvarado ha alcanzado una aceptación del 65%, el triple de lo registrado en noviembre, donde apenas tenía el 22%.

Nueva Zelanda

El primer caso confirmado de COVID-19 se registró en el país el 28 de febrero. El 14 de marzo había apenas seis contagios, pero la primera ministra Jacinda Ardern decidió tomar cartas en el asunto antes de que las cifras empezaran a dispararse. Así, ordenó que todo viajero que llegara al país, nacional o extranjero, estuviera en cuarentena por 14 días, tuviera o no tuviera síntomas.

Para el 19 de marzo la cifra de contagiados se situó en 28, por eso decidió cerrar todas las fronteras, así como todos los espacios públicos donde pudieran reunirse más de cien personas. Asimismo, debían quedarse en sus casas los adultos mayores y las personas con baja respuesta inmunológica.

Hasta ese momento, las decisiones se fueron tomando paulatinamente. Sin embargo, el 23 de marzo, cuando ya había 102 casos, entró en vigor la llamada “estrategia de eliminación” o el nivel 4: es decir, se impuso la cuarentena obligatoria para los 4,8 millones de neozelandeses. Las excepciones: solo podía salir de sus casas un miembro de la familia y solo para comprar víveres, medicinas o acudir al médico. Asimismo, se cerraron escuelas, industrias y actividades que no fueran consideradas esenciales.

La población respondió y limitó al máximo sus movimientos. A partir del 3 de abril se empezaron a ver resultados: los nuevos casos confirmados se fueron reduciendo cada día hasta llegar a menos de 10 por jornada. El 23 de abril no se registró ningún nuevo contagiado de COVID-19.

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¿Qué es el coronavirus?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden causar diferentes afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV).

El coronavirus descubierto recientemente causa la enfermedad infecciosa por coronavirus COVID-19. Ambos fueron detectados luego del brote que se dio en Wuhan (China) en diciembre de 2019.

El cansancio, la fiebre y la tos seca son los síntomas más comunes de la COVID-19; sin embargo, algunos pacientes pueden presentar congestión nasal, dolores, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.

Aunque la mayoría de los pacientes (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial, alrededor de una de cada seis personas que contraen la COVID-19 desarrolla una afección grave y presenta dificultad para respirar.

Para protegerse y evitar la propagación de la enfermedad, la OMS recomienda lavarse las manos con agua y jabón o utilizando un desinfectante a base de alcohol que mata los virus que pueden haber en las manos. Además, se debe mantener una distancia mínima de un metro frente a cualquier persona que estornude o tose, pues si se está demasiado cerca, se puede respirar las gotículas que albergan el virus de la COVID-19.

¿Cuánto tiempo sobrevive el coronavirus en una superficie?

Aún no se sabe con exactitud cuánto tiempo sobrevive este nuevo virus en una superficie, pero parece comportarse como otros coronavirus.

Estudios indican que pueden subsistir desde unas pocas horas hasta varios días. El tiempo puede variar en función de las condiciones (tipo de superficie, la temperatura o la humedad del ambiente).

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