José Vargas: la historia del indocumentado más privilegiado
José Vargas: la historia del indocumentado más privilegiado
Redacción EC

Escribe Elio Leturia. Desde Chicago

José Antonio Vargas ha pasado la mayor parte de su vida escondido detrás de un secreto: vivir indocumentado en Estados Unidos. Cerca de 12 millones de personas en este país comparten tal secreto bajo el miedo de la deportación. Pero Vargas, quien salió del clóset de los papeles falsos cuando publicó en el 2011 “Mi vida como un inmigrante indocumentado” en “”, continúa en EE.UU. sin haber seguido la suerte de los más de dos millones que han sido deportados –solo durante el gobierno de Obama– por no tener documentos legales.

En junio del 2012, Vargas apareció en la portada de la revista “Time” junto con otros 30 indocumentados (entre ellos una peruana) bajo el titular: “Somos estadounidenses, solo no legalmente”.

“Documentado” es la película que Vargas ha escrito, producido y dirigido que cubre la experiencia de su vida sin documentos desde que llegó a California de su natal el 3 de agosto de 1993, cuando tenía 12 años.

Vargas ha hecho de su situación su razón de vida, para así afectar la manera en que la gente piensa sobre la inmigración.

“Yo vivía una mentira”, dijo Vargas ante una nutrida audiencia que acababa de ver su documental, el cual será televisado por la cadena CNN el 29 de junio próximo.

La película detalla con pasión, detalle, emotividad y humor la travesía de su existencia junto con sus abuelos y familiares, amigos y aliados, e incluso su madre, quien aún vive en Filipinas.

Vargas recién descubrió de su estatus legal a los 16 años, cuando fue a solicitar su permiso de conducir y presentó su ‘’ como prueba de identificación. La empleada que lo atendió vio su documento y le dijo: “Esto es falso; no vuelvas a venir por aquí”.

Su abuelo, quien era un inmigrante legal naturalizado, lo había hecho traer a Estados Unidos con documentos falsos. Desde que descubre la verdad, su vida se tornó en un cúmulo de mentiras a sabiendas, pues Vargas utilizó diferentes artimañas para obtener su licencia de conducir en otro estado (Oregon), postular a prácticas preprofesionales y solicitar empleos sin levantar sospechas.

Vargas se convencía a sí mismo de que si construía una vida ejemplar y productiva en Estados Unidos, su derecho a ser “estadounidense” era justificado.

Pero en realidad no ocurrió así. No bastó que tuviera una vida escolar admirable, o que se graduara de la universidad como periodista o que trabajara en importantes publicaciones como “The San Francisco Chronicle” o “Huffington Post”, o que ganara un premio Pulitzer cuando era reportero en “The Washington Post”.

“El es un papel que dice que gané el premio, pero no tengo papeles que digan que soy de aquí”, añade.

La mentira no desaparecía y el temor de ser descubierto era asfixiante y agotador.

Sus abuelos vivían con la esperanza de que él se casara para arreglar su estatus. Pero Vargas había salido anteriormente del otro clóset cuando confesó en una de sus clases en el colegio que era gay.

“Solo en el 2010, los inmigrantes indocumentados pagaron US$11.200 millones en impuestos al Estado”, dice Vargas.

Un dato que muchos de los que están en contra de la reforma migratoria no parecieran conocer.

“Esta película es un acto artístico de desobediencia civil”, afirma Vargas, quien ha recorrido promoviendo su documental y hablando en cientos de diferentes eventos acerca del tema de la inmigración. “Conozco el país mejor que cualquier estadounidense”, agrega.

Vargas no ha podido ver a su madre desde que llegó al país. Ella ha solicitado visa de turista, la cual ha sido denegada. Desde el 2000 ella ha sido pedida como residente estadounidense y aún continúa en lista de espera. “Yo quiero [tener] lo mismo que tú tienes; la libertad de moverme”, añade Vargas, quien de salir del país corre el riesgo de no poder regresar.

Pero Vargas, quien se autodefine como el inmigrante indocumentado más privilegiado, dice: “Yo he estado corriendo toda mi vida; ahora, finalmente, estoy corriendo hacia mí mismo”.