
¡Buen martes, estimado lector! Decir que a Donald Trump le encanta ser el centro de atención es una verdad de Perogrullo. Es verdad que, salvo en la final, no asomó la cabeza en ningún partido del recién culminado Mundial de fútbol, pero sí fue el protagonista de la polémica llamada al presidente de la FIFA para revertir la tarjeta roja a un jugador de Estados Unidos y terminó saliéndose con la suya.
Ya de cuerpo presente en la coronación de la selección española, Trump estuvo a punto de repetir el último domingo en Nueva Jersey aquella imagen de hace un año, cuando tras la final del Mundial de Clubes entregó la copa a los jugadores del Chelsea inglés y se quedó con ellos en el estrado, con lo cual aseguró pasar a la posteridad en la foto del campeón. Esta vez, entre Gianni Infantino y el capitán español Rodrigo se repartieron la embarazosa misión de hacerlo a un lado.
No sabemos realmente si Trump disfrutó las tres horas de una final cerrada y poco vibrante de un deporte que él mismo reconoció no seguir del todo, tampoco sabemos -aunque sí lo adivinamos- si hubiera preferido que ganara Argentina en vez de España (Milei goza mucho más de sus afectos que Sánchez), ni menos cuán a gusto habrá estado de compartir la tribuna con los líderes de Canadá y México, los otros dos anfitriones de la Copa del Mundo.
Lo que sí sabemos es que el día de la final Trump sostuvo una corta conversación con el primer ministro canadiense, Mark Carney, en la cual le reclamó compensaciones por los incendios forestales que han enviado humo desde Canadá hacia el noreste de EE.UU. “Tengo una buena relación con él (Carney), pero ya saben, tenemos que detener los incendios allá arriba”, matizó el líder republicano.
Y este lunes 20 dejó los modos diplomáticos bajo llave y firmó órdenes para imponer nuevos aranceles del 50% a algunos productos canadienses debido a un supuesto “trato discriminatorio” en las áreas de alcohol, automóviles y productos lácteos. No sabemos si dará marcha atrás, como ha sucedido con otras amenazas arancelarias contra varios países desde el año pasado, pero sí que estas medidas vuelven a tensar las relaciones entre Washington y Ottawa.
A la expectativa queda la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que dijo haber platicado “de manera informal pero amigable” con Trump el domingo de la final, e insistiendo en la necesidad de llegar a un acuerdo sobre comercio (este martes empieza en la capital mexicana la tercera ronda de conversaciones del T-MEC, tratado comercial que también incluye a Canadá) y de abordar asuntos como la migración y la lucha contra el narcotráfico.
Dos días antes de la final de la Copa del Mundo, Trump se despachó ante los medios sobre el éxito del certamen y expresó con tono bromista su deseo de ver a Estados Unidos organizando nuevamente un Mundial junto a China. “Esta vez dejaremos de lado a México y Canadá”, disparó. Y aunque sonrió de medio lado, esto sí pareció tener un trasfondo más serio. ¡Hasta el próximo martes!









